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miércoles, 11 de julio de 2007

Los días 2 y 3 de febrero repican las campanas con alegría y
llega la fiesta en honor de San Blas y de La Candelaria,
patrones de Valdemorillo


Celebramos nuestra Fiesta entre nieve y un aire claro de la sierra.
El pueblo cambia totalmente y se iluminan las calles. A los mozos les hierve la sangre
y vivimos con entusiasmo esos días.
A las nueve de la mañana cabezudos y chrangas despiertan al pueblo,
calle arriba y calle abajo, y los niños se unen a ellos.
Llegan las diez y Valdemorillo se engalana para celebrar la misa
de San Blas y  de  La Candelaria. La cigüeña, que ya ha vuelto, observa desde su nido
el ambiente festivo que toma el pueblo en esas fechas.



Por la tarde procesión y el tradicional baile del pueblo, "El Rondón,
en el que las serranas lucen refajo y enaguas. Y tras todo el día llega la noche
con baile pra todo el mundo.
El resto de la semana suenan tres cohetes temprano y salen seis toros.
Los chavales estan listos para correr el encierro que llega hasta la plaza de toros,
una plaza que ha evolucionado con los años y que poco a poco
pasó de carros y talanqueras a portátil, hasta contemplarla fija, ubicada
en las afueras del pueblo y bautizada como La Candelaria.
El pueblo arde en fiesta, llegan las cuatro y media y suena el clarín.



Salta el astado a la arena que han pisado los diestros más famosos y consagrados,
y otros que esperan una oportunidad para triunfar en el arte de Cúchares.
Valdemorillo es la primera feria taurina del año y por ello conocida en el mundo entero.
Los mayores recuerdan las grandes nevadas en las que momentos antes de la corrida
los mozos tenían que retirar la nieve para poder celebrar el espectáculo.
De ayer a hoy todo ha cambiado, pero Valdemorillo conserva sus fiestas,
las fiestas que abren la temporada del planeta taurino.

Paloma Aguilar

18:21 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (8)

Leer o no leer. No hay tal dilema, solo se trata de disfrutar

Hablaba yo esta mañana con un amigo de la infancia y me decía que cada vez le cuesta más leer,
y no por falta de ganas sino de tiempo. Y me ponía un ejemplo contundente.
Cuando le preguntan a un político cual es su libro de cabecera (de la cama, se entiende...),
siempre responde con un título que asusta.
Y mi amigo se preguntaba como hacen los políticos para leer en la cama
con lo agotador que resulta estar pendiente de resolver la cantidad de problemas
que genera esta sociedad de  locos.
-Mienten- Le contesté-
Con tantos problemas en la cabeza no pueden centrarse en la lectura,
y por lo tanto no pueden disfrutar.
Entonces mi amigo me ha confesado que no es capaz de leer novelas de más de cien páginas,
sea el autor que sea...
y que si un escritor no es capaz de contarnos una historia en esas páginas
es que no escribe sino que martiriza.
Dejo a mi amigo y cuento mi experiencia. Si el libro me interesa por la trama (caso de una novela)
quiero llegar cuanto antes al nudo y al desenlace... así que me sobran muchas páginas. pero si trata de
un poemario... entonces... ¡ah, entonces!
Disfruto pasando las páginas hacia delante y hacia detrás. Disfruto rozando el papel,
repasando las palabras. Leer o no leer no es el dilema.
El asunto es disfrutar.
Este verano he hecho propósito de enmienda; es decir, que leeré lo que no leído en el invierno.
Me engaño solo... No leeré casi nada.
Sin embargo, lea lo que lea lo haré para difrutar...
Una advertencia: quienes abran las páginas de El ruiseñor y la rosa de Oscar Wilde
no podrán cerrar el libro.

Juan Miguel Sánchez Vigil

17:06 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (1)