Nuestra más ferviente colaboradora, la escritora, periodista y poeta, Francisca Castillo nos regala un poema más. Tiene como origen los clásicos, un campo en el que seguro que nos ofrecerá más poemas. Seguro que, como en otras de sus poesías, recibirá varios elogios por sus publicaciones. Pasen y lean. Pasen y disfruten
Francisca Castillo Martín
Lupanar en el puerto,
cerúleas miradas
buscando el alimento
de las sombras.
Se encienden las
luces, las bellas cánidas
cuentan los óbolos
con pericia codiciosa.
El reparto del botín
es tensa espera,
rameras cimbreantes
coronan en prendas
el alma cansada del
recién llegado.
Grecia atisba los
furtivos besos
de las lobas a sus
amantes apátridas,
lenguas confundidas
hablando enjambres de idiomas.
La luna rompe su proa
de alpaca
sobre el templo de
Venus Afrodita,
mientras las lobas
recogen con mustio gesto
las dadivosas
limosnas en sus vestidos de gasa.
Unos ojos encendidos
juran odio eterno a Roma
mientras cubren el
vientre de la hetera escogida
con púrpuras de Tiro
y mirra del Líbano.
“Fenicia es mi cuna,
y nieto soy de Dido”, susurra el extraño,
señalando al lejano
horizonte con la gruesa curva
de sus pestañas de
antiguo esclavo.
Puerto del Pireo,
nacen pasiones prohibidas
al calor de las salas
hipóstilas de los palacios,
y en las piscinas
lustrales las sacerdotisas
contemplan marea de
cuerpos en tempestad rodando.
“El Pireo es mi
casa”, susurra la loba,
señalando con el arco
de sus hermosas cejas
la puerta del lupanar
entornada que espera al próximo amante.
Baal en el thophet
renueva en su fuego sacrificios en altares
donde la loba se
consagra suplicando
entregar su vida a
cambio de otra noche con el de Fenicia.
Un aullido fúnebre
rompe en la orilla
con metálico crujido
a las lobas llamando.
“Es nuestra madre”,
susurra la esfinge
abotonando en el
pecho de su amado
cuentas de nácar,
variscita y alabastro.
Lágrimas ruedan por
sus mejillas encendidas
por el último roce de
los labios del esclavo.
“A Byblos te llevaría
por esposa
envuelta en un manto
de nardo y clavo
y de noche en la
ciudad entrarías
como reina y señora
de mi casa de humilde artesano.
Garum de Gades y vino
de Massalia
transportados en
grandes ánforas
correrían en la noche
de bodas
para celebrar los
extraños designios
de los oscuros dioses
de los templos paganos.
“Adiós”, gime la loba, murmurando desde el muelle
la plegaria que de
niña le enseñara la pitia en el oráculo,
mientras las velas
henchidas ponen rumbo a Cartago.
Puerto del Pireo,
presagio incierto, tumba submarina,
trasiego de espectros
que en la noche aullando
lamentan el final
triste de un amor contrariado.
© 2007
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alma”, todos los derechos reservados.