A estas horas de la noche, cuando escribo estas líneas puede verse a lo lejos a miles de poetas dedicados al noble arte del sentimiento. Es posible que haya un momento para escribir poesía, pero hay muchos para leerla. Sin poesía, la vida tendría un único color, el gris, pero una de nuestras poetas y colaboradoras del blog nos permite verla de diferentes formas y maneras. El lector encontrará tres poemas de "Poemas del alma". Pasen y lean...
ALMA DE PÁJARO
Francisca Castillo Martín
Sé que tus días y mis días serán
desoladores,
que nuestras lágrimas, acuáticas y
lóbregas,
marcarán nuestros caminos
cenicientos,
y que de aquellos lodos de los que
una vez vinimos
volverán a construirnos sobre cimientos
de barro,
soplando el dios del pequeño
universo
para que puedan respirar tu mundo y
el mío.
Entonces te reclamaré, te pediré
que vengas
al jardín escondido donde jugábamos
entonces,
y sólo las sombras nos servirán de
guía
de aquellos días que parecieron tan
felices.
Y la nada, eterna enemiga de mi
corazón
te llevará de la mano a nuestro
encuentro
proclamando que fue verdad que nos
amamos.
En mi vergel no hay luz, es cierto,
pero siempre un rincón quedará para
tu recuerdo,
tu noble y alta frente besarán mis
labios
una y mil veces, cadenciosa y
eternamente.
Quedarás separado de mi presencia,
quizás escondido como un buen amigo
que espera agazapado para compartir
su dicha.
Pero vendrás, así mi loco
entendimiento siente,
volveré a estar contigo en la otra vida,
a escuchar tu voz de humilde fuente
donde antaño se aliviaban mis
muchos males.
Tus manos como espigas están
yertas,
ya no hay en tí brío ni lates como
solías,
tu pulso y el mío marcando al
unísono
caminos que entremezclados se
abrazaban.
Surcaré tierras inhóspitas en tu
busca,
marinero, por si acaso tu rastro
deja
alguna huella que mi desesperación
oriente.
Alma soñadora, tierna como un
abismo
insólita, lunática, tan pequeña
como yo misma.
Te sigo en la distancia y en el
olvido,
como nostálgica inocencia de un
reino lejano,
el que cobijaste con tus alas de
pájaro herido.
OH, PADRE, TU NOMBRE
Francisca Castillo Martín
Oh, padre, tu nombre,
tu gesto, tu rictus, tus manos,
todo en tí es para mí bello.
Te recuerdo a través de mi tristeza
como el buen hombre que siempre
fuiste,
honrado y fiel, cuidadoso y
honesto.
Tus consejos serán mi más valiosa herencia,
tus palabras como el rayo grabarán
en mi conciencia
el camino que he de seguir en este
mundo
que abandonaste, tan pronto, como
el viento.
No he de reprocharte nada en
absoluto,
ni siquiera preguntarte el por qué
de algunas cosas.
Tus secretos se fueron contigo a la
tumba,
y yo, liberada de ellos, aguardo el
momento
de reunirme contigo en los Elíseos
campos
donde tu alma pasta, regocijada y
esplendente,
ajena a los sufrimientos que te
alejaron de mi lado.
Oh, padre, tu risa,
tu voz, tu mirada,
todo en ti para mí es sincero.
Sí en mi destino está encontrarte
en la otra vida,
suéñame, piénsame, siénteme
como yo te sueño, te pienso y te
siento
abrazándome muy fuerte como hacías
cuando de chica tenía miedo.
Dichoso aquel que tiene un padre
como el que yo perdí hace un
momento.
PUEBLO
Francisca Castillo Martín
Isla oceánica, escogida pradera
donde mi ser de nuevo a nacer
comienza,
eres como una perla madre en la
roca viva,
recóndito encanto tienen tus
esquinas viejas.
Arropados en el recuerdo de tu
vetusta silueta,
duermen mis ancestros, mi sangre
primera,
mis primeras canciones, mis
primeras quimeras,
aquí donde yace el alféizar que mi
quietud cobija,
la solitaria fuente que mi llanto
aleja,
y alimenta escondidos mirtos en la
ribera.
De la sombra de tu sierra mi risa
vuela
al campo perfumado por sus
murmurantes acequias,
donde reverberan tus fraguas de
lumbre y yesca,
tus zócalos de plata y tus gentes
sinceras
bendecidas por el brillo de alguna
orgullosa estrella.