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domingo, 24 de diciembre de 2006

Por Francisca Castillo Martín

Málaga


Universo de luces, patria serena,
capitana de mi barco, alma marinera,
en el centro de todo luces como una candela.

Orillada calma, címbalo de plata, copla posadera,
malagueña sonrisa, océano de arena,
en el centro de todo luces como una candela.

Farola de viento, huracanada quimera,
reino de mi sueño, peplo de rosa y seda,
en el centro de todo luces como una candela.

En tu puerto mi sombra cobijo encuentra,
mi ser primero, viajero inagotable, a su cuna regresa.
En el centro de todo luces como una candela.
Ronda mi corazón, espiga soleada, tu raíz aérea,
su primer llanto, su primer dolor de amor, su primera entrega.
En el centro de todo luces como una candela.
Y mi postrer aliento (donde morir quisiera),
que sea en tu seno, madre de piedra predilecta,
en el centro de todo luciendo como una candela.


Llevad mi cuerpo al mar
Llevad mi cuerpo al mar,
a donde pertenece, su primer hogar,
donde el agua sonora inquieta amanece.
Llevad mi pobre cuerpo lacerado
en hombros a pie de puerto
liviana carga, dolor pesado,
sabor de espiga y olor a huerto.

De mi sino en su sino descansa,
por fin, mi cuerpo sin vida,
azul mar hasta donde la vista alcanza,
azul cielo y azul lágrima conmovida.

Llevad mi cuerpo al mar, que mi alma ya mora
en su habitáculo salino y profundo,
desde aquella primera hora
en que mi madre me trajo al mundo.

Llevad mi cuerpo al mar, morada marina,
que agitando su pañuelo índigo y turbulento
en clave sonora entona el réquiem de despedida.

De “Poemas del alma”.
Copyright 2006. Reservados todos los derechos.

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Como cada día, se deslizó suavemente hacia el lugar donde los dos amantes habían compartido palabras, gestos y besos, pero la alcoba seguía tan fría como desde el momento en que el amante exhaló el último suspiro, el último canto de amor hacia la amada, el último adiós a quien había sido todo en su vida.

Por Francisca Castillo Martín
Ella no quiso cerrar la puerta tras sus pasos; esperaba, celosa hasta del viento, que el alma de su amado quedara prendida en el cuarto donde habían sido tan felices, pero la evidencia de que el tiempo pasaba y no quedaba ni un fuego fatuo, ni si quiera una tibia llamarada de lo que había sido su amor desvanecía todas sus esperanzas de encontrar el espíritu del amado entre las sombras de las cobijas y de las mantas que habían contenido su aliento postrero. Allí no quedaban sino cenizas y polvo de estrellas, y un recuerdo que poco a poco, a medida que transcurrieran los meses y los años inmisericordes, se iría deshaciendo como el hielo del norte en los barcos transoceánicos.

La amada, aunque incapaz de olvidar el dolor provocado por la ausencia de su amado, se dio cuenta  por primera vez en semanas de que su Fez era la ciudad más hermosa del mundo: sus altas torres y sus minaretes, sus plácidas plazas y sus calles atiborradas de gentes de todas las nacionalidades y condiciones entraban diariamente en el balcón de la muchacha, que se retorcía los dedos para contener las ganas de unirse a la fiesta: era una viuda joven, entrada apenas en la treintena, de rostro diminuto y ojos de almendra, cabellera oscura como el silencio y labios turbadores que, cuando sonreían, mostraban una hilera de encantadores dientecillos que resplandecían al sol como astros diminutos. Desde la balconada contemplaba a los peregrinos hacer sus abluciones antes de entrar en la mezquita, y se descalzaba y ronroneaba y saltaba impulsándose como un gato sabio al compás de aquellos desconocidos que la miraban atónitos, y se preguntaban de qué cielo había salido aquella diosa que arrastraba sus pecadores corazones directamente hasta el infierno.

Salió de la casa envuelta en su sari tornasol, la faz oculta tras el grueso velo y, por última vez en su vida, encaminó sus pasos hacia el puerto. Llevaba en las manos un ramo de rosas rojas, y con pequeños pasos cubrió su ruta sin emitir un suspiro ni un reproche hacia el hombre que la había amado tanto. Allí quedó anclada en la dársena unos instantes, y sin esperar a que subieran todos los pasajeros del barco que guardaban cola desde hacía rato se abrió paso entre la gente sin tener que recurrir al plebeyo acto de los empujones y de los codazos, privilegio de la clase alta cuyas maneras y refinamiento eran reconocidas enseguida por los seres corrientes, que se inclinaron inmediatamente al reconocer la dignidad de tan alta señora. Una vez cómodamente instalada en la proa del velero, deslizó su delicada carga floral por el casco, y el chasquido de los pétalos de rosa contra la espuma de las olas provocó en la bella un leve mareo, un feliz estremecimiento, al sentir que la presencia del amado la protegía en el único lugar que el hombre que la había desposado había reconocido que había sido dichoso: el mar. Mientras las olas se tragaban los últimos restos de las rosas, y una lágrima provocaba en ella el último remordimiento de quien ya no ama con la intensidad del pasado, un último recuerdo llegó a su mente, consolándola y confortándola por cuatro meses de soledad y de espera.

El amado había llegado del mar desde la lejana tierra de los antepasados de la joven, los califas de Córdoba. Era enjuto y cetrino, de cuerpo fibroso, de movimientos precisos, refinados y aristocráticos. El cabello oscuro se rizaba en una madeja imposible de peinar, pero ella decidió domesticar la fiera de su pelo desde el primer día acariciando los bucles azules con sus largos dedos mientras el marinero le contaba viejas leyendas de príncipes Omeyas y de fuentes milagrosas de los patios de la Alhambra. Una de aquellas noches de pasión y furtivos besos, el marinero de allende el horizonte le contó que era Abu Abdalah, a quien todos llamaban Boabdil, “el chico”, el último descendiente de la dinastía de los nazaríes de Granada, y que venía huyendo de sus obligaciones palaciegas y de un absurdo matrimonio con una joven cuyo único encanto residía en que sabía tocar la cítara y cantar jarchas en las zambras interminables de las noches del verano de la lejana Al-Andalus. Intercambióse la identidad  con su hermano gemelo, Abdel-Asís, y caminó solo y encorvado como un viejo, arropado por una pesada manta de arriero, vacías las alforjas y lleno el espíritu del candor y de la esperanza que sólo poseen los que no tienen nada más que su cuerpo en propiedad y por techo el firmamento, y se enroló en un mercante que cubría la ruta hacia el norte de África, henchido de sueños, al abrigo por fin de sus propios medios y de sus propias fantasías para caminar por el mundo como un hijo del destino y no como el heredero de un hombre perezoso y rico cuya dinastía estaba quebrándose en pedazos. Contaba el amado que le preguntaron su nombre y su patria al montar en el barco, y él contestó, con una breve sonrisa, que se llamaba Yusuf y que venía de Damasco. Desde el momento en que la mentira quedó impresa en el papiro del embarco, Abu se sintió un hombre libre y nuevo, y ni siquiera derramó una lágrima al contemplar las luces del puerto dispuestas en hilera como un pelotón de luciérnagas dispuestas a cegarle la vista y con ello el último recuerdo de esa tierra oscura que se tragaba el mar con rítmicos lengüetazos.

El agua todo lo devora, hasta el amor que un día parecía eterno. La joven amada, revuelto el sari por el viento, ajado el rostro por un llanto inoportuno, contempló cómo el agua verde deglutía, inmisericorde, las últimas y más bellas rosas del ramo que con sus propias manos había preparado, igual que hiciera con el cuerpo de su amado cuando éste devolvió a la tierra los últimos ecos de su triste vida. Con el gesto contrito, pero con más firmeza que nunca, se dijo a sí misma que su marinero había definitivamente alcanzado la paz que no había logrado en vida, y rezó la última plegaria de amor en honor de quien había sido su más leal compañero. Cuando la proa del barco alcanzó la otra orilla, ella descendió lentamente la pasarela, sin ayuda del capitán, y en cuanto sus delicados pies tocaron tierra regresó a su palacete envuelto en bruma, último refugio de amor de dos corazones solitarios.

El recuerdo del amante volvió, como un fantasma alado, a languidecer tímida y dulcemente en los sueños de la hermosa, para contarle lo que un día en la balconada se atrevió por primera y última vez en su vida el amado a confesar a ser humano alguno: allá lejos, en el rojizo y pálido palacio andalusí, había conocido los deleites y los pesares del amor.  Se llamaba Soraya, y era gitana, tan bella como el rocío y de piel tan pálida como las llanuras de la llorada Castilla. Vendía pan recién hecho en la puerta del alcázar, y el  príncipe Abu Abdalah se prendó de ella una mañana en que salía a hacer sus ejercicios a caballo junto al maestro de equitación. El joven, turbado y enojado consigo mismo por su timidez, se acercó al puestecillo de frescas viandas y la joven, tras hacerle la reverencia de rigor, le ofreció un pastel de carne hecho con sus primorosas manos. El pupilo sólo tuvo tiempo para decirle: “Esta noche, en el pasadizo. A la salida de la luna. Te espero”. No pudo concentrarse en todo el día en sus pesados ejercicios, y respondía a los lances de su maestro con suma pericia pero con desdén y angustiosa intranquilidad a medida que se acercaba el precioso momento de soledad con la gitana.

Su primera noche de amor, amor puro,  hecho de bocas y de cálidos alientos perdidos y encontrados, de cuerpos enlazados en la sombra y de dulces promesas nunca cumplidas pero jamás olvidadas. Tras la tibieza de los abrazos y los goces deleitosamente compartidos, Soraya la gitana cogió una de las manos del joven príncipe y le anunció, triste y lacónicamente, que encontraría el verdadero amor allende los mares, que sería terriblemente feliz e inmensamente desgraciado en su vida, y que no viviría más  allá de los treinta. Vaticinio que se cumplió, como todas las verdades reveladas por quien ama a aquel cuyo corazón pertenece a otra persona.

De regreso al palacio, la joven amada se dejó mecer por la brisa de la mañana, y notó cómo el bulto hinchado de su vientre se agitaba con pequeños movimientos rítmicos. Era el fruto de la pasión de dos desconocidos que durante tantas lunas habían sido uno solo. Era el último descendiente de la dinastía nazarita, que reclamaba para sí la vida que le faltaba a su padre.

La guerra con los cristianos del norte no cesaba, y aquellos ejercicios a caballo fueron el preludio a una batalla crucial para el destino de las tierras altas de los musulmanes. El joven caudillo formaba escuadra junto con sus hermanos mayores y su tío Yusuf. El rey, incapacitado por la gota y los ataques de erotismo senil, quedó en el palacio copulando ruidosamente con las mujeres del harén, quienes, aunque en el fondo le despreciaban, no tenían más remedio que someterse a los abyectos deseos de su esposo, un hombre fondón cuya autoridad se desvanecía a medida que los vapores del alcohol iban haciendo mella en su antes envidiable anatomía. Su hermano Yusuf, que aspiraba al trono, se hizo cargo del funcionamiento del palacio mientras el rey se dedicaba a sus profanos deleites. Abu Abdalah, hijo mayor del rey, adoraba a su tío y odiaba su padre a partes iguales, y cuando la guerra se hizo inminente corrió al lado del gran Yusuf y con sus hombres apoyó logísticamente a su tío, cortando la retirada a los cristianos, que se replegaron hacia la Meseta tras un brutal encuentro a orillas del Wadi Al-Quivir, el río cuyas aguas ensangrentadas se convirtieron en temible frontera entre unos y otros.

Soraya había acompañado a Abu Abdalah y a su tropa como soldadera, pues conocía muchas canciones y era divertida y alegraba sus corazones. Nunca permitió que la tocase otro que no fuera el joven príncipe Abu Abdalah, y se ganaba la vida contando historias de amores y desencuentros y leyendo las líneas de la mano a los incrédulos soldados que, más por lástima que por otra cosa, pagaban a la gitana con algún que otro maravedí procedente de la bolsa de algún cristiano caído en el campo de batalla.

 La tierra de África tiene poder curativo, o eso es lo que dicen quienes a ella caminan en sueños. El alma que se dirige hacia el alma amada tiene la mitad del trayecto recorrido, y el joven Abu sentía que en la patria de sus primeros ancestros le esperaba el amor prometido por Soraya entre lágrimas de celos, celos que se volvieron de hielo e hiel cuando Abu le contó que estaba prometido con su prima Moraima, venida de Túnez para conocer a su familia nazarita y que se casaría con ella cuando cambiara la luna. La joven gitana suplicó, lloró, gritó, pero de nada sirvieron sus airadas protestas: Abu, como su tío Yusuf, era un hombre de ley, y por tanto, la palabra que había dado estaba por encima del amor que sentía por la panadera, por encima de la carne y de la sangre, y por encima  incluso de sí mismo.  Pero cuando Abu vio el rostro de Moraima, en la intimidad de una zambra vespertina, comprendió que no era ella la dueña de su corazón. A pesar de los esfuerzos de la muchacha por llamar su atención a golpes de canto y cítara, Abu se retiró a sus habitaciones, desde las que podía contemplar los últimos resplandores de las cenizas de la guerra, y lloró amargamente sobre el pecho de Soraya. La gitana tomó el rostro de Abu en sus manos, y le dijo serenamente: “No es ella, ciertamente. Has de caminar tú hacia la amada, y dejarme aquí con mi amargura y mis reproches. Vete al puerto a través del pasadizo, y huye. Sus brazos te esperan al otro lado del océano”.

Abu tomó consigo su cimitarra y el libro de versos que le regalara su tío Yusuf, y desapareció tras el pasadizo con los labios aún conservando el calor del último beso de Soraya. Vestido como un campesino pasó inadvertido ante la guardia real, y se fundió  con la vociferante multitud noctámbula del puerto de Granada.

Cuando llegó a Fez, Abu no se sentía ni más triste ni más feliz que al principio de su viaje. Sólo quería llegar hacia ella, encontrar a aquella que le había hecho huir de su lugar en la Historia, de su puesto en la dinastía nazarita, de su responsabilidad como guerrero y como hombre, y morir entre sus brazos, como así estaba escrito en las estrellas desde el principio de los tiempos, antes de los hombres y  del destino que los separa y los junta. Y, de repente, junto a la dársena en la que chocaba el agua plomiza que le había traído hasta lejanas tierras, la vio. Envuelta en un sari blanco, la cabellera abultada bajo el tupido velo, los ojos echando chispas incandescentes, era una aparición espectral que le partió el corazón en pedazos…Era ella, la deseada, la ansiada, la soñada, del esposo esposa, del amante amada, la señora de sus pensamientos. La mujer miraba al mar como si esperara la llegada de alguien muy querido, con melancolía teñida de nostalgia. Pero cuando sus ojos se encontraron con los del príncipe, la sangre batió sus venas y saltó hacia su corazón como un caballo desbocado, y un tenue desvanecimiento la hizo caer al suelo. Abu la tomó en sus brazos y la llevó bajo la sombra de una palmera. Apenas tuvo tiempo de darle de beber agua de coco y miel, porque en los ojos de la hermosa pudo leer las palabras mágicas que la gitana había pronosticado: “Soy tuya”.

El camino hacia el palacete se hizo eterno. Abu sólo quería estar con ella, contemplarla, hacerla feliz el tiempo que dura un beso, conocer su historia. Ella le dijo que era una princesa abasí, y que había pasado toda su infancia en Egipto, al cuidado de sus tíos. Sus padres, los sultanes de Fez, habían muerto, y cuando la joven cumplió los quince regresó a la ciudad a estudiar en la Madrasa para convertirse en digna sucesora de sus progenitores y poder desposarse algún día con algún noble caballero. Era rica, independiente y bella, no se debía a nadie y sólo daba cuentas a Alá y a su conciencia, así que uno a uno fue despreciando a todos los potentados que pretendían hacerla señora de su harén. Ella esperaba a su propio príncipe, al que reconocería por llevar en sus ojos la marca del amor verdadero, y no le importaba que su amado apareciese con la forma externa de un pobre diablo. “Soy mendigo de tu amor”, le dijo Abu Abdalah a la joven mientras la desnudaba lentamente y le besaba los hombros. Así comenzó el rosario de sus noches, que empezaban con dos cuerpos desnudos y turgentes abrazados al unísono y terminaban con la aurora repleta de historias con las que ambos fueron conociéndose mutuamente y reconociéndose uno en otro como dos ríos paralelos que finalmente confluyen en el mar de la vida, del amor…y la muerte.

Casi a ciegas, la amada se deslizó escaleras arriba y volvió a la alcoba con la mano sobre el vientre, anegado el vestido por la premura con la que su primogénito había decidido venir al mundo. Con una voz enérgica llamó a sus sirvientas, que la desposeyeron del empapado sari y la metieron en la cama. Fuera, tras las balconadas donde los dos amantes habían contemplado los rayos lunares vestir sus cuerpos desnudos, los ángeles jugueteaban alegremente, y sus alas rozaban por un leve segundo los visillos en las ventanas, levantando regueros de polvo de estrellas y corrientes de aire fresco. La niña nació sin lágrimas, pues ya su madre había derramado un torrente de ellas y  no quedaba ni siquiera un resto para que pudiera llorar la pequeña. “Última rama de las dinastías abasí y nazarita, hija sin padre, bienvenida al dolor y al sufrimiento de la vida, a la que sin embargo te aferrarás y amarás más que a ti misma”, susurró la joven a su hijita, la hija de Abu Abdalah, descendiente del noble tronco de los musulmanes de Hispania, y que fue bautizada con el nombre de Azahara, en honor a las frondosas huertas de fragantes limoneros y naranjos crecidos en la tierra de su padre y de sus ancestros de allende el horizonte.

El amado murió entre sus brazos al conocer el triste sino de su estirpe. Una carta de su hermano Abdel-Asís le contaba que la guerra había asolado lo poco que quedaba de Al-Andalus, pereciendo en el oprobio y la vergüenza los restos de lo que había sido el esplendoroso califato de Córdoba. Ni Yusuf ni sus valientes guerreros habían podido frenar el incontenible avance de los cristianos, a quienes hubo que entregar Granada y con ella el pasado y el futuro de las gentes que en Hispania adoraban a Alá y no tenían otro hogar ni otro destino que el inminente destierro. Eso, o la conversión a unas creencias de las que renegaban y a las que aborrecían con toda su alma de viejos musulmanes. Contaba el hermano que la huida de “Abdel-Asís” había consternado a la madre del muchacho, que había maldecido al hijo que se había quedado en Granada para gobernarla en medio del caos, de la degradación moral del rey y del desánimo de Yusuf y de sus hombres. Rendida Granada, entregada por un puñado de cláusulas engañosas, condenadas las gentes sencillas a morir en tierra extranjera o a vivir en tierra propia adorando a un Dios que no era el suyo, a la familia real no le quedó otra alternativa que marchar junto a sus súbditos a algún lugar perdido donde su nombre y su semilla fuera borrada para siempre. El día antes de partir, ante los restos carbonizados del campo de batalla, la reina había dicho al falso Boabdil: “Eres la vergüenza de mi familia y contigo muere el alma de Al-Andalus. Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre”. Y el falso príncipe heredero lloró, durante días, sin que ningún consuelo viniese en su ayuda. Sólo la idea de la muerte era tentadora, la única salida digna. Pero Abdel Asís recordó que, allende el mar,  en algún lugar de África, su hermano, el verdadero Boabdil, vivía su amor junto a una muchacha, ajeno a los problemas de palacio, tal y como le había contado en una carta secreta, sellada en Fez sin fecha y dirigida al último vástago de la dinastía nazarita.

La amada no pudo contener la reacción de su amado al leer la carta de su hermano en Hispania y conocer la noticia de que su reino tan amado ya no existía. La noticia le congeló el pecho y su corazón, débil como un pajarillo desde que el joven era un niño, comenzó a latir cada vez más lentamente, al tiempo que la angustia y la culpa le carcomían las fuerzas.  Formó con sus manos un haz, cubrió con ellas su rostro, y a sus manos las cubrió con su llanto, irrefrenable, desbocado, entregándose a la pena y al desconsuelo. Las palabras terribles de su madre se habían cumplido a pesar de la distancia.

 El amado murió una mañana de octubre, a pesar de los cuidados de la joven, quien, segura de su pericia para calmar el dolor del alma, nada pudo hacer por restaurar los añicos de la de su amado, amante y amigo, que se fue del mundo de los vivos sin saber que había dejado una estela de esperanza en el vientre de su esposa. No fue sino después de enterrar a su amado cuando la joven pudo comprobar que estaba encinta. El dolor del amor se calmó con la futura llegada de un nuevo ser a su palacio ahora tan frío y solitario, y en cuanto tuvo fuerzas, volvió a abrir los balcones, a dejar entrever su rostro a los transeúntes, a demorarse en los pequeños detalles que le hacían la vida más gustosa. Por eso al sentir los dolores del parto, decidió asomarse a la calle para darse cuenta por primera vez en días de que su Fez era la ciudad más hermosa del mundo, y de que la promesa de vida era el principio del alivio de su luto, tan recatado y tan manso como el de un corderillo enfermo. Y así vestida, con su sari tornasol, salió a las calles fragantes, ocultando en el seno hermosamente hinchado de vida un gran ramo de rosas, y caminó hacia el puerto a depositar en el vientre del mar un último regalo para su amado, que sólo había sido feliz en el corto trayecto en barco que le había llevado a su amada, imaginando cómo sería su larga vida juntos, pensando en los nombres que daría a sus hijos, elucubrando el futuro de ambos lleno de dicha, sueños que su corazón grande y bueno, cansado y roto por el dolor, había truncado dejando de latir como el eco de una caracola herida. El rostro de Azahara, que era el rostro de Abu Abdalah en diminuto, confirmaba, por fin, que la muerte no era la terminación de la vida, sino que la vida comenzaba tras la muerte, que el hijo desafortunado del destino había plantado la semilla de su propia creación hermosa, que al fin había dejado tras sus pasos unos pasos, incipientes, balbucientes, llenos de ingenua inocencia, los de una niña, Azahara, hija del hombre que vino del mar a coronar con sus besos y caricias los designios del amor primero que una reina cristiana disfrazada de gitana celosa había pronosticado, sin importarle que con sus malas artes provocaría la caída de un reino entero. Abu Abdalah sería de la mujer ultramarina, pero ¡ah Granada!… Granada no sería de nadie más que de ella, la artera, la fría, la arpía Isabel Primera de Castilla.

Cuentan las crónicas que Azahara creció tan hermosa y galana como una flor heráldica, y que al cumplir los dieciocho, bajo las intrigas de su madre, que la hizo pasar por una princesa cristiana, fue presa en Orán por el rey de Portugal, Sebastiaô, quien prendado de la joven la desposó y la llevó consigo a la península. Del fruto de sus amores nació una niña, a la que su madre, ironías del destino, puso por nombre Isabel. La bella Isabel, rubia como el viento de Fez, de ojos azules como su padre y piel tostada como su madre, le robó el corazón al nieto de la reina de España, un emperador alemán nacido en Gante, en el reino de Holanda, Carlos, quien nunca llegó a saber que los nazaríes habían vuelto a recuperar Granada, y con ella España y la mitad del mundo conocido.

La amada siguió viviendo por y para el recuerdo del amado, hasta que un buen día notó que las alas de los ángeles llenaban su estancia de polvo de estrellas y aire fresco, y se entregó al sueño eterno para caminar con el amado por las sombras del mundo de los muertos. Cuando llegaron las sirvientas a la estancia de la señora de la casa, sobre la cama sólo quedaba un ramo de rosas y las huellas de una lágrima reciente, mientras el mar traía el antiguo eco de unos amores que habían trastornado al universo entero.

De “Te cuento mi universo, 1994-2006.”
Copyright 2006. Reservados todos los derechos.

9:29 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (37)

En tu nueva habitación del hospital Valle de Hebrón, luchas por seguir viviendo. Te llamas Alba y eres hermosa como la mañana, como la aurora, como la luz del amanecer, como todo aquello que esté relacionado con tu nombre. No he visto tu rostro, pero sé que eres bonita, bella en tu inocencia indefensa, como una flor cuyos pétalos despuntan al sol acariciados por el céfiro suave en los airosos parterres. Yo te quiero, y no te conozco, te necesito, y nunca te he visto.


Por Francisca Castillo Martín

He llorado por ti, y quizás contigo en tus malas noches, y no sé cómo serán tus ojos. La rabia me corroe cuando imagino tu piel infantil surcada de cardenales como huellas terribles de las manos enemigas que te pegan. Reviento de dolor al pensar en tus ojeras, en el color pálido de tu tez sin vida, en tus cabellos cortados a navaja, en tus múltiples heridas. Casi enloquezco con tu pesadilla constante, no ésa de los monstruos en el fondo de tu armario, sino las que tienen lugar de día, en la cocina, en el salón, a todas horas y por cualquier motivo, ésas en las que no hay duendes, ni fantasmas, ni alimañas, sino personas de carne y hueso, de vísceras y sangre, pero que parecen no tener corazón…Un rumor sordo y cruel en mis ojos, en mis oídos, en toda la extensión de mi ser te acompaña al hospital en medio de los gritos de perversa y fingida aflicción de tus asesinos y del ulular de la ambulancia que te conduce, rayito de luz de amanecer, al hospital, cuando tus ojos –que nunca he visto y cuyo sufrimiento me ha hecho derramar amargas lágrimas- deberían haber estado iluminando el rincón del patio escolar donde solías, niña solitaria, jugar a esconderte de los mayores…

Alba, hace unas semanas que has salido de la Unidad de Cuidados Intensivo. Tú que eres luz, tú que eres esperanza, pedazo del alma del universo infinito, has abierto de nuevo tus preciosos ojos. A la vida. A la amistad. Al amor. Porque de repente todo el mundo te mima y te quiere y te abraza y te besa. Todos, menos esa persona con apariencia humana que te dio tu última paliza. De la que te quedarán graves secuelas. De la que casi mueres. A la que vas dejando atrás encerrada en la vieja maleta de tus recuerdos tristes. Deseo con todas mis fuerzas que tu última paliza sea la última que se le da a alguien en el mundo, no importa su edad o su sexo; el maltrato es la peor de las formas de dominio del poderoso sobre el más débil, y la historia está llena de ejemplos. Tiranías, esclavitud, persecuciones xenófobas y matanzas raciales tienen su base en esa violencia injustificada e injustificable de la que tú, pequeña Alba, tomabas a diario a grandes dosis.

Alba, me duelen tus golpes, cuánto te habrán dolido a ti entonces. Me duelen tus silencios, cuánto habrás guardado para tus adentros. Me duelen tus lágrimas, cuántas habrás derramado…Me duelen tus sonrisas forzadas, cuántas, cuántas…Me duele tu dolor, me dueles, como me duele el dolor de cada ser que sufre. Quizás puedan servirte de alivio mis palabras, mi único tesoro, lo único que tengo. Tú, que eres luz, iluminas mi camino en sombras, mi futuro incierto. Sin tú saberlo, me has hecho más humana, pero también más vulnerable, porque me has hecho recordar mi propio sufrimiento, más sutil, de otra naturaleza, pero dolor al fin y al cabo.

Así que, mientras abres los ojos y haces una mueca que se parece a una sonrisa –quizás la primera sincera de tu vida- , me veo en la obligación de prometerte, de jurarte, que haré todo lo que esté en mis manos para que la tuya sea la última paliza.

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A veces ser dios es una carga terrible. Veo todo lo que hacen los hombres y llego a la conclusión de que el Paraíso que les otorgué se ha convertido en un infierno de odios y rencores, de luchas y rencillas. Hace unas semanas mi corazón explotó de dolor al comprobar lo que ocurría en las fronteras de Ceuta y Melilla con Marruecos.

Por Francisca Castillo Martín

Ya sabía yo que esto iba a pasar: los  inmigrantes soportan una situación miserable que explica que noche tras noche arriesguen su existencia en la valla maldita: cada día tengo la mirada puesta en las chozas estrechas, sucias y oscuras de sus países de origen. En ellas, la única luz que reina es el destello intermitente de la televisión, adelanto barato que muestra como pocos la perfidia de vuestro mundo globalizado y que ofrece imágenes de una Europa rica y derrochadora completamente despreocupada por lo que precisamente les falta a ellos: la expectativa de una vida mejor. Porque para ellos, mantenerse vivo es la principal de las metas. Sobrevivir.

     Yo les he visto. He visto sus grandes ojazos negros, sus ojos asustados, impacientes, esperanzados, mirando la valla que les separa de Europa, de esa Europa con la que aprendieron a soñar desde pequeños, cuando sus dedos encallecidos, que debían haber estado trazando sus primeras letras en el pizarrón de la escuela, revolvían entre la basura algún alimento que llevarse  a la boca. Sobrevivir. En medio de la guerra que ellos no inventaron y de la que se convirtieron en tiernos reclutas, niños de pecho empuñando un fusil. En medio del hambre cuyas imágenes disparan de vez en cuando vuestras occidentales conciencias. En medio de la sistemática violación de los más básicos derechos humanos, cuyas consecuencias de tortura y esclavitud los países ricos conocen pero no hacen nada para remediar y por los que cientos de miles de personas, sobre todo niños, viven encadenados a su destino de reos de por vida de un sistema profundamente injusto del que todos somos parte. No, no miréis para otro lado, la culpa comienza y termina en cada uno de vosotros. ¿Sabéis, aunque suene a tópico, que en esos países dejados de la mano de los hombres existen enormes contrastes entre ricos y pobres y que en términos globales en algunos de ellos su renta per cápita es del uno por ciento de la de los Estados Unidos?

     Veo a esos hombres y mujeres viviendo un peligroso periplo para llegar a su ansiado destino. Salen un día de sus tristes chozas, se enfundan sus zapatos raquíticos y recorren miles de kilómetros. Les veo caminando por estrechos senderos, en el desierto, bajo un sol de justicia o soportando como pueden un aguacero colosal. Veo a algunos de ellos en los rebordes del camino, tirados como perros. Morirán, si nadie lo remedia.

     A los más “afortunados” les veo llegar al monte Gurugú, a dos kilómetros de la frontera con Melilla. Ahora, en verano, hay unos mil, agrupados por comunidades de origen. Comen lo que encuentran, carecen de agua potable, de medicamentos, y viven acechados por las enfermedades, a las que hacen frente con rudimentarios botiquines que alguna ONG, solidaria y esporádicamente, ha hecho llegar a sus manos.  A pesar de su situación precaria, prefieren estar aquí en el monte que en sus países sin futuro, porque no quieren correr la misma suerte que sus hermanos mayores, que por no tener no tienen ni presente. Nunca renegarán de su país, pero son jóvenes y tienen esperanza. Aman la música, el deporte, la vida. Esperan tener éxito en Europa, aunque entrar en Europa sea ya todo un éxito.

     Veo, con profundo dolor, que es noche de asalto a la valla. Los inmigrantes, embozados, sostienen sus endebles escaleras, que parecen esqueletos de sueños rotos. Al atravesar espesuras y sembrados, puedo ver sus ojos brillantes como estrellas mirando la ciudad de Melilla, iluminada e invitadora como un animal agazapado. Los centinelas de uno y otro lado pasan por delante de la valla. La calma es tensa. Un perro aúlla. Se inicia el asalto. Un centinela dice, blandiendo la porra amenazadoramente: “Negro, negrito, tira p’ atrás o te pego con esto en la cabeza”. Ya del lado de Melilla, los más intrépidos caen al suelo y al ser capturados, los guardias les golpean salvajemente con la porra. En el clímax del desorden, el caos, la confusión y el miedo, se oyen sonidos de disparos. Suenan silbatos. “Señor, por favor”, imploran cuando los guardias empiezan a darles patadas en el cuerpo.

     Veo a los capturados de vuelta en el Gurugú. Están destrozados física y anímicamente. Las contusiones, la conmoción y el dolor han sido su única recompensa. Además, los “Alis”, como ellos llaman a la policía marroquí, les han perseguido para pegarles. Oigo frases demoledoras: “Mi corazón está llorando”, dice uno. “No somos animales, somos humanos”, dice otro. Doloridos, pero valientes, se reafirman en que saltarán la valla una y otra vez. No les importa morir en el intento.

     Les veo unos días después, cerca de Ceuta, preparándose para una nueva y terrible intentona. Unos quinientos inician el asalto, pero sólo 170 pasan. Veo a cinco de ellos falleciendo en el suelo de una patria que ya nunca será la suya. Impactos de bala, barbarie civilizada. Veo dolor, desolación, muerte. Mi alma clama; yo no creé el mundo para esto.

      Tanto en Ceuta como en Melilla, los que han logrado entrar se ocultan como forajidos de las batidas de la Guardia Civil. Ahora deberán ir a la Policía Nacional, donde se les abrirá un expediente de expulsión, que paradójicamente se convierte en un pasaje para Europa por tiempo indefinido, ya que no hay acuerdo de repatriación con los países subsaharianos. Les veo con el papel en la mano de camino al centro de acogida de turno. Un rayo de esperanza se abre paso a través de la oscuridad del cielo y me hace creer de nuevo en los hombres: los ciudadanos de a pie colapsan las centrales telefónicas de los diversos refugios ofreciendo lo que tienen: mantas, medicamentos, comida...la solidaridad de los melillenses de a pie no tiene límites.

     A partir de estos momentos comienza la aventura más grande e incierta de las vidas de estos africanos valerosos. Yo soy la fortaleza de muchos, a diario me rezan con una sonrisa, como dando las gracias por seguir vivos, lo que desde luego no es pedir mucho. Yo también les sonrío, pero mi pecho llora de compasión hacia ellos. Me sentiría mucho mejor si cayeran las vallas, verdadero muro de la vergüenza del siglo veintiuno, y se cambiaran las patadas y los insultos vejatorios por abrazos fraternales y la desidia de los gobiernos del mundo por auténtica cooperación internacional pero, conociendo al hombre, al que hice a mi imagen y semejanza pero con muchas más limitaciones, creo que esto ya es pedir demasiado. ¿Es que ya nadie recuerda el mandamiento aquel:

Amaos los unos a los otros
como yo os he amado
Y amad a vuestro prójimo
como a vosotros mismos?

9:13 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (0)

Fernando Sáenz, de Calambur Editorial S.L. me envía al correo electrónico una crítica de un libro que habla sobre los libros y que como saben los lectores de este blog, son siempre bienvenidos aquellos que por el hecho de serlo merecerían mucho más que unas letras aquí escritas. A quienes lo lean y comenten entenderán mejor que un libro es el mejor amigo y el mejor regalo durante todo el año; no sólo en estas fiestas.

El libro, artefacto complejo. Desde luego, pero quizá no sospechamos hasta qué punto lo es, y lo ha sido. Para averiguar el grado de complejidad de su maquinaria y para saber (mucho) más acerca de la oficina de su ser mismo, híbrido de tecnologías y de ideologías –producto, al cabo, de artes mecánicas cuanto liberales también-, es preciso ahora consultar este gran meta-libro de quien es uno de sus más consumados maestroarmeros, Víctor Infantes, quien ha reunido en un volumen compacto el resultado de sus trabajos y de sus días en el mundo del papel, en la grafosfera.

Arquitectura impresa

El trabajo de este superespecialista corona, desde luego, el cada vez más sólido edificio de la bibliografía material española, pues arranca de sus cimientos mismos, es decir: de la producción impresa peninsular en el cenit – Siglo de Oro- de su poder político-imperial.

No cabe simplificar, y menos resumir este esfuerzo de la minerva particular de un entendido sobre una época esplendente. La verdad es que la erudición aquí mostrada rebasa con mucho los límites acostumbrados y deviene por momentos total, enciclopédica, debido sobre todo a que debe acercarse al continente de todos los contenidos conocidos. La misma profundidad de los abismos técnicos que envuelven la producción de este sumo fetiche cultural al que obstinadamente seguimos llamando libro, nos daría vértigo, si no fuera que nos asomamos a ella de la mano de un, a veces irónico, siempre cáustico e inteligente, en todo caso: moderno Virgilio.

La lógica (y la logística) del impreso áureo es particular; lo que parece aleatorio y caprichoso en esos viejos volúmenes cuando se consultan al acaso, es reducido por el trabajo comparatista a una orden, casi a una estructura, que se parece en mucho a aquellas que Lévi-Strauss pudo definir en los conglomerados primitivos de vida social humana.

Del libro áureo introduce sistema donde parecía albergarse el caos universal profetizado por Borges. Hay orden después de todo en este universo, que es menos un laberinto que un edificio inteligente. Los libros, al cabo, no se reivindican de una Babel (o Babelia), sino que más bien son los productos más legítimos de aquella otra república armoniosa que diseñó Platón.

Este metágrafo o meta libro del libro áureo da cuenta de los títulos, como también lo hace de las letras capitulares, de los formatos y de las ilustraciones y los inventarios, además de contener fuentes apologéticas del alcance del imprimir y de la imprenta en su edad de oro hispana. Las variantes infinitas de tales productos estrella en las industrias de la cultura se pliegan en este universo de las letras a las invariantes, ellas mismas también infinitas e inflexibles, y de unas y de otras se da razón razón gráfica suficiente, lo cual ayudará a serenar los ánimos de quienes se dispongan en estos momentos a entregar sus horas a los estudios arqueológicos, que encontraran aquí un vademécum fiel para su particular tour por el pasado.

Publicado en: ABC de Las Artes y las Letras de la semana del 25 de noviembre al 1 de diciembre de 2006.

8:28 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (0)

Es sabido que algunas empresas están buscando constantemente como sorprender a los consumidores. Cada vez tenemos menos fe en la publicidad, hartos de tantos mensajes poco claros. En esa búsqueda han pensado en los blogs para ir colocando publicidad "sin que se note". En breve, los alumnos analziaran los nuevos formatos de publicidad, por tanto tendremos que añadir esta situación que se produce con los blogs. Para ello, les propongo este texto de agencias, citado por Clarin Digital.

La publicidad encubierta y los falsos blogs, que elogian productos sin aclarar que lo hacen a cambio de una remuneración, son una tendencia cada vez mayor, sobre todo en Estados Unidos. En este país se trata de una actividad ilegal, según un dictamen de la Comisión Federal de la Competencia (FTC, por su sigla en inglés), y pronto podría ser objeto de procesos penales.

  

Un blog llevaba como título: "Todo lo que quiero para Navidad es una Playstation". Supuestamente lo hacía "Charlie", un fanático del hip hop que expresaba lo mucho que le gustaba usar esa consola de videojuegos. Pero cuando comenzaron a multiplicarse los comentarios irónicos en la Web, la verdad no tardó en conocerse: la semana pasada, Sony pidió disculpas y reconoció ser la verdadera responsable del blog.

En su aclaración, Sony pidió disculpas por haber "intentado ser demasiado lista", y afirmó que desde ahora se limitará a hablar de hechos sobre la consola.

También la cadena de hipermercados Wal-Mart debió admitir, hace dos meses, que era la responsable de un blog falso. Allí una pareja relataba un viaje por Estados Unidos con paradas en las sucursales del mercado, e incluían supuestos comentarios de los empleados, que expresaban que les gustaba mucho trabajar para esa empresa. Lo que el blog no revelaba era que el viaje era auspiciado por la cadena, tal como reveló la revista Business Week a principios de octubre.

En una carta publicada en su sitio a comienzos de este mes, la FTC indicó que ocultar que los comentarios de un blog son pagos es equivalente a engañar al consumidor, y mencionaba la posibilidad de juicios penales contra quienes lo hagan. PayPerPost, una de las tantas empresas que ofrecen dinero a los bloggers a cambio de hablar de determinados productos, recomendó esta semana que sus bloggers remunerados indiquen su condición en sus sitios, con el objetivo de evitar problemas.

6:06 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (1)

Una investigación, dirigida por la Secretaría de la Mujer de la Unión Sindical de Madrid Región, reflexiona sobre los estereotipos sexistas a través de las imágenes gráficas utilizadas en la publicidad. A raíz de una noticia que publiqué en las noticias de Publidocnet me di cuenta de que en clase con cierta frecuencia sale este tema a debate: la imagen que tiene la mujer en la publicidad, con campañas muy poco afortunadas y con estudios que nos hacen reflexionar ya que las personas están por encima de la publicidad. Les propongo un estudio, análisis, reflexión, taller y ejemplos de publicidad que afecta a la mujer, a sus derechos y a su propia intimidad. Pero antes lean varias posturas y diferentes organismos: Ministerio, Instituto de la Mujer, Facua...


Por Pilar Morales
Revista Trabajadora
 
Una de las discriminaciones directas más evidentes a que se ven sometidas las mujeres es sin duda la esclavitud de la imagen que según el modelo de sociedad imperante debe tener y los procesos a los que tiene que someterse para ajustarse al prototipo que se le asigna.

Las mujeres deben permanecer jóvenes, delgadísimas, etéreas, sumisas, los mensajes repiten, a veces sutiles pero casi siempre claros y directos, que sus puestos en la sociedad, en el hogar y en la empresa están condicionados por la calidad de su pelo, por lo bien que huele o por lo eficaz que es comprando un detergente u otro, sin que se oigan protestas al respecto, salvo en casos muy sangrantes, de ningún sector social.

La educación de las personas no se hace solamente en la escuela, esto es una obviedad, pero hay que pararse a pensar un instante en cuáles son los mensajes, imágenes y modelos que se les plantean a la infancia y a la adolescencia, en cómo se utiliza el lenguaje verbal y no verbal o simplemente como están colocados los maniquís en los escaparates de las tiendas de ropa, se ve el bombardeo al que están sometidos, un bombardeo constante que dirige sus deseos y sus metas hacía la perpetuación de los estereotipos.

La Secretaría de la Mujer de la Unión Sindical Madrid Región (USMR) plantea con el estudio La imagen de la mujer en la publicidad, elaborado por la doctora en Filosofía y experta en género Elvira S. Llopis, que la responsabilidad de cómo es la sociedad se encuentra en las personas que se dedican a la publicidad. Se abre el debate además de cómo considera esta sociedad a las mujeres, ya que los hombres no tienen este mismo tratamiento.

Quienes controlan el mundo de la tecnología y de la imagen saben exactamente qué mensajes emiten para conseguir un determinado resultado. Incluso para anunciar un mismo producto no se tratan las imágenes de las mujeres con los mismos cánones que las de los hombres. Y eso comienza en el diseño de los pañales, de los juguetes, de los libros de texto y de los anuncios publicitarios en todos los soportes que se utilizan para vender un producto.

Las niñas y los niños tienen derecho a recibir una formación de la sociedad que erradique los estereotipos que han conducido sobre todo a las jóvenes a vivir corriendo siempre tras unas medidas, un peso y unas actitudes que les dividen en dos mundos paralelos que será muy difícil conciliar en la edad adulta cuando se les pida que sean tolerantes, solidarios y que valoren a las personas por algo más que por si tienen un coche deportivo y desde luego que no esperen que lleve una mujer dentro como trofeo. Este estudio es una herramienta más para transformar una sociedad que dista mucho todavía de ser igualitaria.

Diferencia de género
En los dos últimos años, se asiste a la formulación de leyes para favorecer la igualdad entre mujeres y hombres, tanto en el ámbito estatal como en el autonómico, que suponen un avance considerable para corregir las situaciones de discriminación directa o indirecta a que todavía se ven sometidas las mujeres. Estos avances legislativos han sido recibidos por las organizaciones de mujeres y por las sindicales con interés, rigor en las aportaciones (cuando se ha podido participar) y con el compromiso de estar pendientes de su desarrollo y dotación presupuestaría para poder llevarlas a la práctica.

Pero cuando se habla de cómo se utiliza la imagen de las mujeres en diferentes ámbitos se topa con una realidad bien distinta a lo que dice la legislación, e incluso a lo que dice la Constitución Española o la Declaración Universal de los Derechos Humanos, porque las mujeres se presentan ante la sociedad como objetos estereotipados, diferenciándose el tratamiento de su imagen de la de los varones.

Los hombres se representan habitualmente ligados a la ciencia y a la empresa, poseedores de los bienes iconográficos de nuestro tiempo tales como coches espectaculares, mansiones inmensas o despachos de alta dirección; a las mujeres se las suele presentar unidas a la maternidad, la cocina o el sexo directo o velado. Si en alguna ocasión aparece una mujer trabajando se la presenta adoptando vestimenta o actitudes que se asocian con “lo masculino”.

Las mujeres han avanzado de forma importante si se lanza la mirada atrás, solamente cuarenta años, en que incluso trabajar fuera del hogar se consideraba incorrecto, prueba de ello es el reconocimiento en lo formal del “derecho a ser iguales”, pero eso no se traduce en un trato igualitario para ambos géneros en el mundo de la publicidad y por tanto de su consideración como generadores de riqueza o como objetos de consumo.

Este tratamiento diferenciado no excluye a ninguna de las etapas de la vida del ser humano, ya desde el nacimiento se diferencian las actitudes, las formas de recibir a la niña o al niño, incluso se diseñan pañales diferentes, mostrando a los niños como activos, fuertes, emprendedores, guerreros y a las niñas como muñecas de frágil porcelana vestidas de rosa y necesitadas de protección.

Se nace niño o niña, diferenciándose en el sexo, pero que la diferencia de género la construye la sociedad que sigue siendo masculina y patriarcal.

Este estudio pretende continuar con el debate sobre las diferencias que existen en nuestra sociedad entre mujeres y hombres y seguir caminando no sólo hacia la eliminación de los estereotipos, sino a aprender a cuestionarlos y no temer reinterpretarlos desde una nueva mirada igualitaria.
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Ministerio de Asuntos Sociales

El Instituto de la Mujer cuneta con un espacio dedicado a la Publicidad, en el que destaca su Observatorio de la Publicidad Sexista, en el que se publican desde eel 2002 diferentes informes. Ver el último 2004 (59 páginas) publicado en .pdf
Históricos de campañas publicitarias que han de ver los alumnos para hacer los comentarios oportunos.

Campañas de Publicidad: ver y luego comentaremos en CLASE.

Además cuenta con un Formulario de denuncia de la publicidad sexista

Ver más información en Ministerio de Asuntos Sociales e Instituto de la Mujer
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La mujer en la publicidad

"Eres un cuerpo. Lo demás poco importa. No se trata en la publicidad de plasmar una persona femenina en todo su integridad y sus "deseos" reales. Sólo importa su Cuerpo, ese cuerpo de mujer pasivo e insinuante, melancólico, cariñoso o seductor. Ese cuerpo, despiezado la mayoría de las veces, que sirve como reclamo de cualquier tipo de producto. No ella, sino su cuerpo es el soporte de tornillos -piernas- , bebidas, -labios-, bujías -senos-, viajes -traseros-, etc., que no encuentran otro aliciente en sus productos publicitarios que estar asociados a cualquier parte del cuerpo femenino.
Cuanto más erótica sea la zona elegida mejor, más vendible será el objeto en cuestión. Un respingón trasero juvenil para anunciar un tabaco, una mujer a medio vestir para publicitar un video, otra tomando sol en una playa para una cerveza"
¿Somos su bebida, su tabaco, su mejor licor que entra suave?
¿O somos otra cosa?

Datos sobre las autoras

El texto anterior pertenece a una publicación del Instituto Nacional de la Mujer. El instituto de la Mujer es un Organismo de la Administración del Estado que depende del Ministerio de Asuntos Sociales. Fue creado en 1983 con el fin de promover la igualdad de oportunidades de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social.
Uno de los cometidos es profundizar en el conocimiento de la situación social de las mujeres y difundir los datos relativos a la misma.

Vocabulario
Aliciente: estímulo
Despiezado: con las piezas separadas. Troceado. Fragmentado.

Propuestas de trabajo (taller)

     1. ¿Que diferencia existe entre "ser un cuerpo" y "ser una persona"?
   2. Describe cinco anuncios en los que las mujeres aparecen como un cuerpo pasivo, insinuante, melancólico, cariñoso y seductor?
   3. ¿Recuerdas anuncios sexistas que han sido denunciados por grupos de mujeres?
   4. La actual Ley de la Publicidad contiene párrafos en los que se pretender defender la dignidad de las mujeres. ¿Crees que se cumple esta ley?
   5. Las mujeres podrían rechazar la compra de productos que se anuncian con una publicidad ofensiva para las mujeres. ¿Se te ocurren otras maneras de cambiar la publicidad?
      6. Escenifica en clase un anuncio sexista en que los hombres jueguen el papel asignado a las mujeres y comenta la expresión que produce.

Actividades complementarias
    "Según lo que vemos en la publicidad, los hombres y las mujeres desean cosas distintas y también esperan, ellos de ellas y ellas de ellos, cosas muy diferentes. Los hombres atléticos y triunfadores casi siempre, tal vez tengan una familia, pero no dejan de soñar con emociones, camaradería y hermosas mujeres que se rinden a su atractivo sólo por el tiempo que dure su deseo. Las mujeres, bellas y dulces siempre, desean familia, hogar y un amor que no sucumba ante un atractivo ajeno o ante el decaer del propio."

Instituto de la Mujer:
La mujer en la publicidad.

   1. ¿Estás de acuerdo con la publicidad que ves? ¿Coincide la imagen de las mujeres con tu imagen y la de las mujeres que conoces?
   2. Si estáis trabajando en grupo, podeís elegir un anuncio que os parezca especialmente ofensivo y escribir una carta de protesta a la prensa con el fin de que la prensa anunciante lo retire de su campaña publicitaria.

Bibliografía
Instituto de la Mujer: La mujer en la publicidad. Madrid, 1998
Peña Marín, Cristina: "La bella y la publicidad", en Desde el feminismo, No. 1. Madrid, Otoño 1986
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LA MUJER, MALTRATADA POR LA PUBLICIDAD | 1
Cuando el reclamo del sexo se convierte en un mensaje denigrante

Una mulata que invita a disfrutar de sus pechos a quien pruebe su vaso de ron; una provocativa azafata con una cortísima minifalda utilizada como reclamo para promocionar una compañía aérea; un vientre con una flecha tatuada señalando el camino hacia el sexo para anunciar una marca de whisky... El sexo vende. Y los anunciantes no dudan en utilizarlo aunque en muchos casos sea a costa de denigrar al sexo femenino.

¿Puede un anunciante sugerir la idea de que emborrachando a una chica podremos disfrutar de sus favores? ¿o mostrar a una mujer desnuda y encadenada como premio por la compra de un producto? ¿Acaso no toman medidas las Administraciones competentes contra los empresarios que maltratan a las mujeres en sus anuncios, presentándolas como meros trofeos para quienes compren sus productos? En la publicidad, la frontera entre el sexo y el sexismo es muy estrecha. Y son muchos los que la cruzan a sabiendas de que no hay nadie que se lo impida.

"Seguramente, ésta es la única ocasión en que desearás que acaben con tu botella de White Label". El anuncio al que pertenece esta frase muestra un vaso con whisky y hielo en cuyo borde se ven las marcas de carmín que han dejado unos labios. El mensaje está claro. Utiliza el alcohol para conseguir a la chica. Al elaborar sus mensajes, la industria publicitaria no suele pararse a pensar si éstos provocarán algo más que la atracción de sus clientes potenciales.

En 1999, el Sindicato Independiente de Tripulantes de Cabina de Pasajeros exigió la retirada de un anuncio de Iberia para la promoción de su nueva clase Business Intercontinental. El anuncio, difundido en prensa, mostraba la imagen de una azafata con la falda acortada "por encima de lo reglamentario, en una actitud provocativa".

Además, la azafata lucía unos patines "que nos hacen recordar a la tristemente famosa 'chica Martini'", denunciaba el sindicato, que no entiende por qué Iberia "siempre recurre a la mujer para sus mensajes publicitarios, y en este caso, utilizándola como un mero reclamo sexual, atentando contra todas las mujeres trabajadoras", lo que además contribuye a "fomentar el comportamiento inadecuado y machista durante el vuelo de muchos pasajeros".

Desde 1998, FACUA otorga unos premios a Los Peores Anuncios del Año. Una de las empresas que tienen el dudoso honor de haber recibido uno de estos galardones es Allied Domecq, por un anuncio de su whisky Ballantine´s que recibió el premio a la Publicidad Denigrante. El anuncio presenta una botella con la forma de una bolsa, con unos palos de golf por contenido, mientras que una bandera tatuada en el vientre de una mujer desnuda de cintura para arriba y con la cremallera de los pantalones semiabierta señala el último hoyo del campo, el objetivo final.

La Ley General de Publicidad de 1988 prohíbe todo anuncio "que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los valores o derechos reconocidos en la Constitución, especialmente en lo que se refiere a la infancia, la juventud y la mujer". Sin embargo, y a la vista de los datos ofrecidos por el Instituto de la Mujer y las numerosas denuncias presentadas cada año por asociaciones de mujeres, de consumidores y sindicatos, los anunciantes no se toman la ley demasiado en serio.

La rubia de la oficina
En 2001, el Premio a la Publicidad denigrante ha sido para la empresa Montaña Azul. En un anuncio de refrigeradores de oficina para contenedores de agua, mostraba a una atractiva rubia que sostiene un vaso y apoya su brazo sobre el depósito de agua objeto de la campaña, mientras que a pie de foto puede leerse el texto: "¿No echa en falta algo en su oficina?", jugando con el doble sentido de la frase.
Lógicamente, dentro de la publicidad discriminatoria hay escalas. Si hay anuncios que reducen a la mujer, de forma más o menos clara e intencionada, al papel de sumiso objeto sexual, el caso de la empresa Majorica es quizás el más lamentable.

En un anuncio de esta firma de joyas y perlas, que ha recibido el premio FACUA al Peor Anuncio del año 2000, se presenta a una mujer desnuda maniatada por la espalda con un collar de perlas. El anuncio utiliza el reclamo de que, obsequiándola con joyas de la marca, la mujer, reducida al papel de esclava sexual, aceptará sumisa los deseos del hombre.

Ofertas de empleo
"Televisión busca presentadora con pechos grandes". Este anuncio de una cadena local del municipio malagueño de Fuengirola, denunciado en 1999 por la Secretaría de la Mujer del sindicato CC.OO., es un ejemplo extremo del machismo implícito en las ofertas de trabajo que pueden leerse en los periódicos.

"Hace dos años denunciamos un anuncio de un hotel que buscaba cuatro hombres, un jefe de cocina, un jefe de bar, un maitre y un jefe de servicio técnico, y una mujer, para la limpieza de habitaciones", explica Inmaculada García Rodríguez, jefa de Comunicación del Instituto Canario de la Mujer. "Con los supermercados pasa lo mismo, piden hombres para puestos de responsabilidad y mujeres para trabajar como cajeras".

En 1999, Citizen Watch España retiró a raíz de sendas denuncias de FACUA y la Federación de Mujeres Progresistas un anuncio de su reloj Citizen Promaster, realizado por la agencia publicitaria Studio Più, en el que aparecía una mano acariciando las nalgas de una mujer, y el eslogan:  "Sólo para grandes exploradores". Pero los casos en que los anunciantes rectifican o retiran sus campañas son excepcionales.

Tras otra denuncia de FACUA, el Instituto Catalán de la Mujer instó a la empresa Intersa a la retirada de un anuncio de los relojes IWC que comienza con el siguiente texto en grandes caracteres: "Las mujeres fuman nuestros Cohiba. Pilotan nuestras Harley. Beben nuestros Lagavulin. ¡Que nos dejen por lo menos nuestros IWC!", y continúa con frases como "Su tamaño sólo admite muñecas poderosas" e "IWC. Desde 1868. Y mientras siga habiendo hombres". La empresa no sólo no retiró el anuncio, sino que continuó con anuncios similares, como uno con el siguiente texto: "Este IWC de titanio es duro. Especialmente con las mujeres. Sólo existe para hombres".

En 2000, FACUA denunció un anuncio de prensa del champán Moët & Chandon, de la empresa Moët Hennessy, que aludía implícitamente en sus imágenes a la sumisión de la mujer respecto del deseo del hombre al presentarla con la cabeza agachada y acariciando una botella del champán anunciado en un ambiente cálido. Igualmente, dos imágenes de menor tamaño refuerzan el sentido de la principal al establecer una similitud entre el interior de la botella y el interior de la falda de la mujer, ocultando aquello que el hombre desea y presentando a la mujer como objeto de deseo alcanzable mediante el consumo de la bebida y al champán como metáfora de éxito sexual.

"Nos gustan demasiado las piernas de las mujeres como para obligarlas a doblarse y retorcerse", rezaba un anuncio gráfico de Air France en el que se mostraban en primer plano las piernas de una mujer flaqueadas por una minifalda y tacones de aguja. De las 112 campañas publicitarias denunciadas por el Instituto de la Mujer en 1998, sólo seis, ésta entre ellas, fueron retiradas por sus responsables.

Anorexia
La publicidad impone a hombres y mujeres un canon de belleza difícil de seguir, lo cual puede convertirse en un mensaje discriminatorio para aquellas personas que no se ajusten al mismo cuando se presenta como un requisito necesario para triunfar en lo social o lo sexual.

En ciertos casos, la imagen de la esbeltez se presenta totalmente distorsionada, llegando al extremo de mostrar mujeres muy delgadas quejándose de un supuesto exceso de peso o talla. Es el caso de un anuncio difundido el año pasado por la marca de agua mineral Fontvella, en el que una joven con una falsa necesidad de perder peso, consultaba a su amiga cómo había logrado adelgazar, a lo que ésta le revelaba que su secreto consistía en beber agua de la marca.

Otro anuncio, de las braguitas Princesa Esbelt, mostraba a una chica muy delgada que encogía su vientre en un ascensor cuando un joven entraba.

La campaña desarrollada en 2001 por Danone para la promoción de sus desnatados Vitalinea también ha utilizado este peligroso recurso, que puede ayudar a aumentar el número de jóvenes anoréxicas. En uno de sus anuncios, la top model  Valeria Mazza se queja de que la cremallera de su pantalón  "no cierra", y la también modelo  Cindy Crawford le recomienda el producto para reducir la talla.

Pasividad de las administraciones
Las competencias para retirar campañas publicitarias corresponden a las comunidades autónomas donde tienen su sede social los anunciantes. En el caso de la publicidad emitida a través de cadenas de televisión de ámbito nacional, es competencia del Ministerio de Ciencia y tecnología.

Lamentablemente, las administraciones competentes no suelen sancionar este tipo de prácticas ni instar a los anunciantes a que retiren sus anuncios.

Además de no actuar de oficio ante la existencia de este tipo de prácticas, cuando reciben reclamaciones de particulares o asociaciones, en la mayoría de los casos hacen dejación de sus funciones limitándose a derivar los expedientes a las instituciones públicas dedicadas a la protección de la mujer, que carecen de competencias sancionadoras en la materia.

Nuevas competencias
Para FACUA, resulta necesario que las Comunidades Autónomas doten de competencias sancionadoras en materia de publicidad discriminatoria a las instituciones públicas que trabajan en defensa de la igualdad de sexos.

La experiencia demuestra que sus técnicos están suficientemente preparados, y de sobra concienciados, para trabajar en el ámbito del control de la publicidad, por lo que si tuviesen el poder de sancionar a quienes incumplen la legislación vigente, posiblemente se produciría un cambio en la actitud de numerosos anunciantes, que comenzarían a concienciarse sobre la necesidad de respetar la dignidad de la mujer y dejar de presentarla como un simple trofeo para el comprador de un producto.

LA MUJER, MALTRATADA POR LA PUBLICIDAD | 2

El sexo como premio

Frecuentemente, la publicidad ofrece el sexo como premio por la compra del producto. Este mensaje está implícito en muchísimos anuncios, aunque hay quien no se anda con rodeos.

Un anuncio de los años 80 para la promoción de la ginebra Seagram mostraba a una mujer tumbada sobre un hombre, apretando la cabeza de él sobre su pecho. El texto que acompañaba a la imagen no podía ser más explícito: "Ellos dicen que es la ginebra número uno de América... Dicen también que puede transformar un 'tal vez' en un... 'otra vez'".

Según un informe elaborado por el Instituto de la Mujer del Ministerio de Asuntos Sociales, en la publicidad, "la utilización de la imagen de la mujer responde generalmente a los dos arquetipos clásicos: la mujer como objeto sexual o reclamo consumista y la mujer en su rol de esposa, madre y ama de casa". Por contra, "la imagen del hombre representa la autoridad, la sabiduría y la experiencia. Las grandes realizaciones y profesiones les corresponden a ellos".

"De hecho", continúa el informe, "en más del 90% de los anuncios la voz en 'off' que invita a la compra y conoce las bondades del producto es masculina". El Instituto de la Mujer cuenta desde 1994 con un Observatorio de la Publicidad entre cuyos cometidos está el de recoger las denuncias de particulares y colectivos contra anuncios sexistas con el fin de mediar con los anunciantes para su modificación o retirada.

Consumo = sexo
En un spot del licor de guindas Miura emitido hace unos años en televisión, un joven vampiro ofrece la bebida a una chica, para después morderle el cuello. Satisfecha, la chica vuelve a pedir "otro Miura" cuando se le acerca un nuevo joven.

En un anuncio de las bombillas Dulux, de Osram, cuya retirada fue solicitada por el Instituto de la Mujer en 2000  tras una denuncia de FACUA, se recrea un paisaje nocturno de playa en el que dos sirenas de figura insinuante aparecen sentadas sobre una roca. Una bombilla de la marca anunciada ilumina la escena y sobre la imagen aparece el reclamo "una de estas tres bellezas puede ser tuya".

Un estudio sobre publicidad en prensa realizado por la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid en 1998 puso de manifiesto cómo en el 23'9% de los casos la recompensa que se ofrece al consumidor del producto anunciado es la satisfacción sexual (seguida de lejos por el prestigio social, en el 13%, y la amistad, en el 4'3%). En el 40% de los anuncios, la mujer se presenta como objeto sexual. Y es en la publicidad de alcohol donde en mayor proporción la mujer se ofrece como un simple objeto de consumo.

Las compañías tabaqueras también utilizan el éxito sexual como reclamo para atraer a los jóvenes. En un anuncio de los puritos Vegafina, de Altadis, se mostraba la imagen de una mujer con un amplio escote, y encima de la foto, la palabra provocación en grandes caracteres. Bajo el nombre de la marca podían leerse las palabras "Sabor suave. Placer intenso".
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La publicidad sigue mostrando modelos de mujer que rebajan su condición social (nuevo texto)

El 85 por ciento de las mujeres andaluzas reconoce que no se identifican con la imagen que la publicidad da de ellas. Critican que se mantienen los esterotipos de belleza "10" y los roles tradicionales en relación con el trabajo y las tareas domésticas.

Son datos que ha recogido el Instituto Andaluz de la Mujer a través del Observatorio Andaluz de la Publicidad No Sexista. Este anuncio, en el que un hombre azota el trasero de una mujer se utilizaba para mostrar la carta de menú de un restaurante de Sevilla. Ya ha sido retirado.

Fue una de las más de 300 quejas que el Observatorio Andaluz de la Violencia No Sexista recibió el año pasado. La mayoría de ellas las han presentado mujeres. Se quejan de los esterotipos de belleza y los roles que aún mantienen los anuncios de publicidad. Roles que se transmiten también a través de la publicidad de juguetes.

Hasta un 77 por ciento de los anuncios infantiles que vemos transmiten valores inadecuados, relacionados con la violencia, el consumo incontrolado o comportamientos sexistas. El Observatorio Andaluz de la Publicidad No Sexista cuenta con un teléfono de atención al ciudadano, el 900 200 999.

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NOTA: como en el primer cuatrimestre estuvimos analizando productos de belleza y colonias y descubrimos que la imagen de la mujer era utilizada como elemento de atracción para la compra, les propongo además que se descarguen este .pdf de la Asociación de Usuarios  de la Comunicación (12 páginas) titulado: La imagen de la mujer en las revistas y en las páginas web femeninas.

Fuente:
http://www.comfia.info/noticias/31258.html
http://lectura.dgme.sep.gob.mx/galeria/mujerpubl.html
http://www.canalsur.es/Informativos/-ArchivoNoticias/2007/enero/09/090107-am-004-SOC.htm
http://www.facua.org/facuaanuncios/mujerypublicidad/sexocomopremio.htm
http://www.facua.org/facuaanuncios/mujerypublicidad/mujerypublicidad.htm

4:48 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (18)

Estas fechas tan propicias al recuerdo nos sirven para estar juntos, en familia y contar viejas historias en este mundo moderno en el que las felicitaciones de Pascua, como decía un amigo mío, vienen ya por Internet y apenas nadie se atreve a usar las viejas tecnologías. En nuestro caso, queremos recordar aquellas vivencias y proponemos un cuento de Navidad que nos manda nuestro amigo mexicano Federico para que todos puedan leer y contar cuando estén rodeados de amigos.

Un Regalo para la Humanidad

En los albores del Siglo XXI, los Tres Reyes Magos quisieron darle un regalo muy especial a la humanidad:

Baltasar le otorgó la libertad, una igualdad que aún hasta nuestros días no es una realidad; la ofrendó para que los seres humanos comprendieran al fin que el color de la piel no hace ninguna diferencia, que la verdad está en el espíritu humano, el cual no se distingue por tinte alguno, siendo el don de la libertad un derecho que hasta Dios respeta.

Melchor