La contaminación, esa palabra cuyo significado encierra una acepción fuera del diccionario (léase peligro de muerte), está produciendo efectos de ciencia ficción. Los científicos acaban de descubrir que la Nucella Lapillus, caracola abundante en las rías gallegas, siendo ejemplar hembra ha desarollado un pene minúsculo. Y ello por efecto mágico de la contaminación. ¡Ya veo a más de uno contaminándose!
El equipo del catedrático de Ecología de la Universidad de A Coruña, Rodolfo Barreiro, alerta de las mutaciones que produce la contaminación. Después de un extraordinario trabajo han llegado a la conclusión de que grandes poblaciones marinas están afectadas. Los cambios son, más allá de la broma intencionada del texto anterior, tan preocupantes que llegan a dejar estériles a algunas de las especies. A la citada caracola Nucella les aparece un pene y en las ostras también han observado efectos extraños... Y en el Ebro las carpas macho han desarrollado ovarios. Es evidente el impacto de la contaminación química en la salud humana y ahora los científicos nos advierten de extrañas mutaciones.
Muchas noches, cuando regreso por la carretera de Valencia en fin de semana y veo una chimena que lanza hacia nuestro cielo azul (oscuro a las horas de madrugada) una columna de humo grisáceo que forma una nube densa llena de partículas, me pregunto que habrá en el interior de la fábrica silenciosa donde apenas se adivinan unas luces. Y cuando subo por la Gran Vía madrileña y veo los chorros de humo negro y caliente que desprenden los autobuses trato de escaparme hacia un lado de la calle, inconsciente de que mis pulmones están ya repletos de cenizas.
La contaminación es el mal del siglo XXI, lo fue del XX y volvimos la cara hacia otro lado. Hace unos días el Ministerio de Sanidad, en una decisión acertada, intervino en el asunto de los anisaquis, esos bichitos que anidan en el pescado y que podemos contemplar a simple vista en la merluza, la pescadilla o los boquerones. El mar está esquilmado, el aire es irrespirable, las hortalizas y frutas crecen gracias a pesticidas mortales... Para qué seguir.
¿Llegarán a influir estas mutaciones en los humanos?
¿Cómo sabremos que podemos comer las ostras, los salmonetes o las carpas?
No lo preguntaremos, igual que ahora abriremos la boca y dejaremos que el destino trabaje.
Lo mismo tenemos suerte y nos pasa lo que a la caracola o a la carpa, claro que nosotros somos "algo" diferentes a esos animalitos y por supuesto lo que siempre se nos olvida o no queremos entender: ¡Somos los responsables del desastre, con ovarios y con pene!