JMSV

Definir los años 70 en imágenes es una utopía. Definir la vida cotidiana un imposible, porque lo cotidiano no existe. Me explico. Podemos hacer referencia a la historia y admitir los estereotipos, pero mi padre siempre me dijo que su guerra civil jamás sería como la de los demás. Lo cotidiano es una formar de entender la vida, el conjunto de todas las vidas. La frase de Borges seleccionada para el catálogo lo evidencia: “Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo”.
La selección de autores es ejemplar, en el sentido de ejemplo; podría haber sido cualquier otra, pero están los grandes, los que han dejado huella con su mirada. El recorrido comienza con la serie de Eugene Richards titulada Días de Rochester y finaliza con Victor Burgin y sus propuestas de una vida diferente.
Habría que seleccionar fotos concretas, pero nos llevaría horas. No me resisto a sacar del contexto la imagen en la que unas manos muestran la foto de boda en el álbum de familia dentro de una cocina destartalada mientras los niños juegan al fondo. Es como el paraíso nunca soñado. La serie es tan rica, tan moderna, tan llena e mensajes, tan a propósito para denunciar que no era este el futuro deseado…
A partir de entonces los nombres de los mágicos aparecen con una docena de fotos de media para cada uno: David Goldblatt, William Eggleston, Ed van der Elsken, Anders Petersen, Gabriele y Helmuth Nothhelfer, García Alix, Cindy Sherman, Laurie Anderson, Sophie Calle, Hans Peter Feldmann, Fina Miralles, Carlos Pazos, Sekula, Knorr, Ojeikere, Bolstanski, Yoshiyuki, Ana Mendieta, Víctor Kolar, Burgin y Claudia Andujar.
Goldblatt repite porque le dedican dos espacios. En el primero investiga sobre el apartheid, en el segundo se centra en las manos para mostrarnos rostros sin verlos. De la selección me interesó la foto de noviembre de 1972 en la que un hombre descuartiza a un caballo con un martillo para conseguir carne.
Todas y cada una de las imágenes tienen una historia “cotidiana”. De Alan Sekula se muestra la salida de los obreros de una fábrica en 1951, un retrato de la monotonía y de la simpleza de la vida. Otros temas rompen radicalmente con estas propuestas para trazar las costumbres sociales, como los peinados del nigeriano Ojeikere; o para manifestar la indiferencia social ante los problemas de los demás, como la serie de personas mirando la sangre que sale bajo la puerta de una casa, de Ana Mendieta…
Esta exposición tiene tantas miradas de lo cotidiano como fotografías. No hay más remedio que volver.
PHotoEspaña
Centro Cultural Fernán Gómez