Enviado el viernes, 17 de julio de 2009 13:38
Cuando se habla del futuro de China, tendemos a centrarnos en el aspecto económico y dejamos de lado otras realidades que podrían condicionar el rumbo del país e incluso de su economía y por ende, de la economía mundial. En los últimos días, la región de Urumqi, donde habita la minoría étnica y religiosa ligur ha llevado a primer plano estas realidades olvidadas.
Los musulmanes Uigur viven en esta región junto a los Han y en los últimos días, las tensiones entre ambas etnias se han disparado dejando más de 150 muertos, la intervención del ejército apoyando a los Han y proclamas independentistas uigures. Ante este estado de cosas, las autoridades chinas han bloqueado las llamadas telefónicas internacionales, Facebook, los mensajes Twitter y, por momentos, Internet, en un apagón informativo que vuelve a recordarnos el carácter dictatorial del gobierno chino.
El pasado 4 de junio, veinte aniversario de Tiananmen, asistimos a un apagón similar, al igual que ocurrió con los últimos conflictos en el Tibet. Esta es la reacción normal de gobiernos dictatoriales: pensar que si no se dan las noticias, éstas no existen. Pero estas tensiones se están multiplicando con el crecimiento económico del país y seguirán en aumento. Al liberarse de la dependencia económica del estado, los individuos, empresas y organizaciones cada vez son más libres de enfrentarse a éste, lo que lleva a estos conflictos. Seguramente no hayan hecho más que empezar.