Pocos
posts atrás, pedíamos que el gobierno español tomase ejemplo del brasileño en
el tema de la votación electrónica. La situación era propicia ya que las
elecciones europeas podían ser un buen campo de pruebas. Pues bien, para los
comicios del próximo 7 de junio, el Ministro del Interior, Alfredo Pérez
Rubalcaba, ha anunciado la implantación de un nuevo sistema electrónico de
votación en 154 colegios electorales de Lleida, Salamanca y Pontevedra. En
total, impactará sobre 280.520
votantes. Este sistema ha sido bautizado, con poca fortuna en nuestra opinión,
como Colegio Administrado Electrónicamente (CAE).
Para este sistema piloto, se han dotado a los
colegios electorales de ordenadores portátiles, impresoras, lectores ópticos,
memorias USB que llevan encriptadas las listas de electores de las mesas y
papeletas con código de barras, que facilitarán el recuento de votos. En la
rueda de prensa se advirtió que, de funcionar el sistema, se ampliaría a todo
el territorio nacional. Cabría preguntarse las razones por las que no habría de
funcionar si sistemas de votación electrónica desempeñan esta labor
perfectamente en todo el mundo.
Esta
noticia que debía alegrarnos al suponer la entrada de la votación electrónica
en España nos deja con un cierto sinsabor. En primer lugar, porque no es voto
electrónico propiamente dicho, sino el uso de un software que emite papeletas
electorales con códigos de barras, leídas por una terminal similar a las de la
caja de un supermercado. Por tanto, el votante “fabricará” su propia papeleta y
la llevará a un lector óptico que
registra y computa su voto. Más tarde, al acabar la votación, se enviará
el acta de votación en forma
electrónica al Centro de Recogida de Información (CRI). Bien, no es la mejor
opción pero supone un avance.
En segundo lugar, tampoco son muy
aleccionadoras las razones que dio Pérez Rubalcaba en su comparecencia. Aunque
en un primer momento habló de la seguridad y la celeridad del sistema,
inmediatamente pasó a defender este sistema por el ahorro económico (estimado
en 11 millones de euros) y por evitar gastar papel y por tanto no cortar árboles. Más bien,
parecía que se pedía perdón por establecer lo que es normal en casi todo el
mundo.
Quizás
se puede aducir que las razones del ministro son buenas pero hubiésemos
preferido que Pérez Rubalcaba hubiese defendido el sistema por sí mismo, por la
necesidad de innovar y de colocarnos a la par de otros países del mundo que
utilizan este tipo de sistemas. Si el problema era ahorrar papel, podrían
fabricar papeletas de papel reciclado. O mejor, utilizar urnas electrónicas en
las que no es necesario el uso del papel.
Una
vez más, la situación sería para hartarse a reír si no fuera porque nos está
pasando a nosotros. Parece increíble que a estas alturas, tengamos que andar
con paños calientes (por no decir otra cosa) a la hora de mejorar. Desde luego
parece que tenemos como lema aquel desafortunado “Que inventen ellos”.
Nos
sigue doliendo España como dijo Ortega.