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jueves, 14 de agosto de 2008

El modelo democrático representativo de origen liberal ha tenido críticas durante casi todo el siglo XX. Desde las más interesadas, provenientes de modelos totalitarios, en especial el socialista, hasta críticas constructivas, más preocupadas en ahondar en el carácter de participación de todos los ciudadanos, para que su papel no se limitase al de simples votantes.

 

En estas últimas críticas, es donde se coloca la democracia participativa. No como alternativa a la democracia representativa sino complemento y mejora  a esta. ¿Cómo hacerlo? Primero a través de un acercamiento a las instituciones y a otros ciudadanos a través de las participaciones en reuniones (si lo hacemos a partir de asambleas con presencia física) o foros (si entramos en el terreno de las TIC, donde sobresale el uso potencial de Internet como medio de comunicación).  En este acercamiento y a través de las múltiples herramientas de participación ciudadana que existen en la actualidad. Segundo, es muy interesante la posibilidad de participación a través de discusiones en las que intervienen expertos en los temas propuestos. Esta participación de expertos tiene tres caminos:

  • El experto (o los expertos) proponen un tema que debe ser discutido en asamblea o foro por los ciudadanos.
  • Los expertos son los que discuten sobre un tema o materia propuesto anteriormente ya sea por las instituciones o los ciudadanos.
  • El experto se convierte en árbitro o mediador de una discusión abierta entre ciudadanos.

 

En tercer lugar, no hay que perder de vista a las instituciones. Su labor, completamente endógena hasta este momento, se abre a la participación de los ciudadanos que las eligen. Ya no propondrán, discutirán internamente, decidirán y ejecutarán las decisiones y planes, sino que todas estas fases podrán tener la participación y el consentimiento de los ciudadanos. Cuando Rousseau demandaba una democracia participativa, se encontraba con demasiados problemas para que los ciudadanos pudiesen ejercer en su totalidad los derechos.

 

Pero esto no significa que los actuales mecanismos de representación deban ser suprimidos. Los partidos políticos y los parlamentos deben ser reforzados con estas técnicas participativas. Una de las críticas más finas (y más acertadas) a la democracia participativa es el temor a que el poder ejecutivo utilice estos mecanismos en solitario y en exclusividad, estableciendo un canal único entre el aparato – gobierno que pueda obviar al poder legislativo. Es decir, un uso perverso de ciertos mecanismos participativos por parte del poder ejecutivo puede llevar a un recorte en las instituciones democráticas. Y precisamente, esto es lo que se intenta evitar desde la participación ciudadana. Por tanto, los partidos políticos y las asambleas y parlamentos legislativos deben añadir estudios y mecanismos de participación ciudadana directa a sus estrategias. Esta aspiración debe ser real lo antes posible. En las últimas elecciones generales en España, varios candidatos pertenecientes a casi todo el espectro político han utilizado diversas formas de acercamiento a los votantes a través de recursos en la web como las páginas de “My Facebook” o blogs en el que los políticos recibían mensajes de posibles votantes, donde se reflejaban los comentarios o críticas.

 

Pero desde luego, no es suficiente. Sería interesante que los partidos políticos en sus congresos, por ejemplo, dejasen participar a los internautas en congresos virtuales, proponiendo ideas o discutiendo programas. Así, los congresos de los partidos dejarían de tener esa apariencia de refrendo a situaciones ya concebidas.

 

Estas ideas y algunas más que se irán desgranando parecen buenas razones para esgrimir el argumento de que la participación ciudadana, en especial a través de las TIC, puede mejorar el actual sistema democrático, potenciando sus mejores virtudes.

 

Lavín de la Cavada


7:02 | gestionado por David Ríos Insua | Enviar comentario (1)