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martes, 08 de noviembre de 2005

Una presunción primera en una democracia electrónica se refiere al acceso a  las  TIC,  que debería ser universal,  pero realmente, permanece como un obstáculo, puesto  que  la  penetración  en  los hogares de Internet,  incluso en los países más avanzados del primer mundo es aún limitada. Naciones Unidas realiza anualmente un estudio sobre el nivel de desarrollo tecnológico de las naciones del mundo, con especial énfasis en los aspectos del gobierno electrónico, basado en los denominados índices de disponibilidad para el e-gobierno y de e-participación.

 

En ellas puede observarse cómo España aún debe de desarrollar muchísimo sus infraestructuras para llegar a alcanzar el nivel de preparación para los procesos de e-gobierno (y e-democracia) alcanzada por otros países. La situación, lógicamente,  es aún más dramática en el tercer  mundo,  donde cientos  de millones de personas ni siquiera  han  hecho  una llamada telefónica en su vida. Es interesante, para concluir esta motivación, analizar en detalle la situación en Estados Unidos, indudablemente un país mucho más avanzado tecnológicamente que el nuestro. Allí, se comprueba que la población blanca tiene acceso en mayor proporción que la población negra o latina y que, además, su acceso es de mayor calidad. De hecho, algunos grupos como el Voting Integrity Project han promovido quejas por el uso de Internet para votar, pues indican que la votación resultaría mucho más complicada para algunos grupos de población.

 


Se  produce  así una brecha  conceptual entre teoría y práctica. Si nos limitamos al voto electrónico, tenemos que, por un  lado, mientras que exista un voto parcial on-line, análogo  al voto postal ya usado en varios ensayos,  el voto universal on-line, a menos que pueda ser llevarse a cabo de un modo justo y equitativo, será irrelevante, en el mejor de  los casos, y peligroso en el peor. En la práctica, los métodos  de votación convencionales tendrán que estar disponibles  durante cierto tiempo, incluso si la mayoría de gente fuese capaz  de hacerlo y quisiese votar on-line.

 

En  consecuencia, en los países europeos deberá pasar cierto tiempo  antes  de  contemplar el voto  on-line  a escala nacional en unas elecciones. Se ha argumentado que algunas de estas deficiencias de infraestructura, pueden superarse,  por ejemplo, utilizando la televisión interactiva,  estableciendo puntos de Internet de acceso público, facilitando el acceso  a la red en bibliotecas y otros edificios públicos e, incluso, a través de teléfonos móviles. En cualquier caso, la  falta  de acceso universal  no debe ser un obstáculo para  promover  un movimiento hacia la democracia electrónica. A pesar de  ello,  la cuestión de la equidad no puede dejarse de lado y nuestras autoridades deberían preocuparse por este tema.

 

En  los últimos años, se ha venido acuñando el término brecha digital para definir tal situación, que separa a la población rica de la pobre, a la joven de la adulta, a la urbana de la rural, en fin, a la educada de la poco educada. La democracia electrónica podría, por tanto, potenciar una nueva desigualdad social.  En este sentido, hay un verdadero peligro de que las TIC, a la vez que realcen y enriquezcan la democracia para algunos, puedan aislar, aún más, a los más vulnerables. De la importancia de esta cuestión nos da una idea el hecho de que Naciones Unidas tenga programas especiales para ayudar a los países subdesarrollados a reducir la brecha digital.

 

No  debemos  olvidar que los dos factores más importantes  que definen la brecha digital son, por un lado, el acceso físico a las comunicaciones y por ende a Internet, que se soluciona con una apuesta  decidida  por parte de las administraciones  por llevar éstas a la puerta de los ciudadanos, para lo  cual  se han puesto en marcha planes ambiciosos en diversas comunidades que  si  bien en  la actualidad no cubren todo  el  territorio nacional,  en pocos  años permitirá la conectividad total  y  la eliminación de esta barrera física. Por otro lado,  un  factor cultural  y de edad abre una brecha que es posible paliar  con una reeducación de la población con escasos conocimientos  de las nuevas tecnologías, que en su mayoría  es  de  edad  media avanzada;  sin embargo, las administraciones  han  de   ser conscientes de que esta brecha sólo desaparecerá en el momento en que las generaciones jóvenes de hoy en día ocupen el papel  que en la actualidad desempeñan sus progenitores, momento para el que las administraciones deben estar preparadas, ya  que  la demanda de soluciones procedimentales  a través  de  medios telemáticos crecerá exponencialmente.

 

8:25 | gestionado por David Ríos Insua | Enviar comentario (2)