Una presunción primera en una democracia electrónica se refiere al acceso a las TIC, que debería ser universal, pero realmente, permanece como un obstáculo, puesto que la penetración en los hogares de Internet, incluso en los países más avanzados del primer mundo es aún limitada. Naciones Unidas realiza anualmente un estudio sobre el nivel de desarrollo tecnológico de las naciones del mundo, con especial énfasis en los aspectos del gobierno electrónico, basado en los denominados índices de disponibilidad para el e-gobierno y de e-participación.
En ellas puede observarse cómo España aún debe de desarrollar muchísimo sus infraestructuras para llegar a alcanzar el nivel de preparación para los procesos de e-gobierno (y e-democracia) alcanzada por otros países. La situación, lógicamente, es aún más dramática en el tercer mundo, donde cientos de millones de personas ni siquiera han hecho una llamada telefónica en su vida. Es interesante, para concluir esta motivación, analizar en detalle la situación en Estados Unidos, indudablemente un país mucho más avanzado tecnológicamente que el nuestro. Allí, se comprueba que la población blanca tiene acceso en mayor proporción que la población negra o latina y que, además, su acceso es de mayor calidad. De hecho, algunos grupos como el Voting Integrity Project han promovido quejas por el uso de Internet para votar, pues indican que la votación resultaría mucho más complicada para algunos grupos de población.
Se produce así una brecha conceptual entre teoría y práctica. Si nos limitamos al voto electrónico, tenemos que, por un lado, mientras que exista un voto parcial on-line, análogo al voto postal ya usado en varios ensayos, el voto universal on-line, a menos que pueda ser llevarse a cabo de un modo justo y equitativo, será irrelevante, en el mejor de los casos, y peligroso en el peor. En la práctica, los métodos de votación convencionales tendrán que estar disponibles durante cierto tiempo, incluso si la mayoría de gente fuese capaz de hacerlo y quisiese votar on-line.
En consecuencia, en los países europeos deberá pasar cierto tiempo antes de contemplar el voto on-line a escala nacional en unas elecciones. Se ha argumentado que algunas de estas deficiencias de infraestructura, pueden superarse, por ejemplo, utilizando la televisión interactiva, estableciendo puntos de Internet de acceso público, facilitando el acceso a la red en bibliotecas y otros edificios públicos e, incluso, a través de teléfonos móviles. En cualquier caso, la falta de acceso universal no debe ser un obstáculo para promover un movimiento hacia la democracia electrónica. A pesar de ello, la cuestión de la equidad no puede dejarse de lado y nuestras autoridades deberían preocuparse por este tema.
En los últimos años, se ha venido acuñando el término brecha digital para definir tal situación, que separa a la población rica de la pobre, a la joven de la adulta, a la urbana de la rural, en fin, a la educada de la poco educada. La democracia electrónica podría, por tanto, potenciar una nueva desigualdad social. En este sentido, hay un verdadero peligro de que las TIC, a la vez que realcen y enriquezcan la democracia para algunos, puedan aislar, aún más, a los más vulnerables. De la importancia de esta cuestión nos da una idea el hecho de que Naciones Unidas tenga programas especiales para ayudar a los países subdesarrollados a reducir la brecha digital.
No debemos olvidar que los dos factores más importantes que definen la brecha digital son, por un lado, el acceso físico a las comunicaciones y por ende a Internet, que se soluciona con una apuesta decidida por parte de las administraciones por llevar éstas a la puerta de los ciudadanos, para lo cual se han puesto en marcha planes ambiciosos en diversas comunidades que si bien en la actualidad no cubren todo el territorio nacional, en pocos años permitirá la conectividad total y la eliminación de esta barrera física. Por otro lado, un factor cultural y de edad abre una brecha que es posible paliar con una reeducación de la población con escasos conocimientos de las nuevas tecnologías, que en su mayoría es de edad media avanzada; sin embargo, las administraciones han de ser conscientes de que esta brecha sólo desaparecerá en el momento en que las generaciones jóvenes de hoy en día ocupen el papel que en la actualidad desempeñan sus progenitores, momento para el que las administraciones deben estar preparadas, ya que la demanda de soluciones procedimentales a través de medios telemáticos crecerá exponencialmente.