Aporte de Elena Martín (Universidad Autónoma de
Madrid)
Los Ministros de Educación de América
Latina han aprobado el proyecto de Metas 2021 que ha
impulsado la OEI. Ya sólo este hecho tiene un
enorme valor. Todos sabemos lo difícil que resulta
acordar intenciones entre un grupo tan numeroso de países
y aunar políticas en realidades que difieren
notablemente entre sí. Colocar la agenda educativa
como prioridad de los gobiernos es un paso esencial.
Ahora hay que acertar en las actuaciones concretas y
ello supone reflexionar cuidadosamente acerca del sentido
de cada iniciativa dentro de un marco teórico
global fundamentado con rigor. Estas líneas pretenden
contribuir, aunque sea de forma muy somera, a esta reflexión.
La evaluación no aparece en el proyecto identificada
como una meta específica, pero está presente
en varias de ellas. La necesidad de impulsar medidas
de evaluación aparece así en un doble
plano. Por una parte, en iniciativas concretas que se
considera necesario instaurar o mejorar y, por otra,
como un elemento esencial del propio proyecto de Metas
en la medida en que su realización depende precisamente
de que seamos capaces de establecer un buen sistema
de evaluación que nos permita ir comprobando
el grado de consecución de los objetivos propuestos.
En el primer caso, la Meta específica 12 establece
la necesidad de extender la evaluación integral
de los centros escolares, fijando un nivel de logro
por el que " Al menos entre el 10% y el 50% de
los centros escolares participan en programas de evaluación
en 2015 y al menos entre el 40% y el 80% de las escuelas
lo hacen en 2021". Compartimos el hecho de que
se haya dado prioridad a la evaluación de los
centros escolares, frente al resto de los niveles y
ámbitos de la evaluación.
¿Por qué? Porque partimos del supuesto
de que la unidad de mejora de la calidad es el establecimiento
escolar, las escuelas y colegios en los que toma forma
la práctica educativa. Un sistema educativo es
de calidad en la medida en que sus centros funcionan
adecuadamente. Son los equipos docentes de los centros
los que finalmente concretan las intenciones educativas
y las llevan a la práctica. Son ellos los únicos
que pueden hacer ese trabajo clave de ajustar la enseñanza
a las características y necesidades específicas
de sus estudiantes sin renunciar por ello a lo que todo
ciudadano necesita para formar parte activa de su grupo
social. De ellos depende por tanto lograr el difícil
equilibrio entre excelencia y equidad, que exige una
educación de calidad.
Los otros niveles de evaluación -internacional,
nacional, evaluación del docente, evaluación
del aprendizaje del estudiante- son sin duda necesarios,
pero el nivel de logro que se produzca en cada uno de
ellos dependerá precisamente del funcionamiento
del conjunto del centro escolar. Apostar por la evaluación
de las escuelas demuestra entender que el enfoque de
la eficacia y la mejora escolar está precisamente
basado en procesos de evaluación de la práctica
escolar con el fin de guiar proyectos de mejora. Esta
es la meta esencial e irrenunciable de la evaluación:
entender mejor la práctica, desentrañarla,
para mejorarla. La función acreditativa de la
evaluación cumple sin duda un papel, pero no
está exento de riesgos precisamente porque se
basa en la comparación. Sin embargo, cuando la
evaluación se utiliza para regular, es decir,
para decidir cuál es el siguiente paso que debemos
dar teniendo en cuenta lo que sabemos de nuestra situación,
estamos colocando la evaluación precisamente
en su papel de mejora.
La evaluación aparece también en el proyecto
de Metas en el indicador 31, de la meta 22, donde se
indica que se pretende aumentar el nº de titulaciones
de formación inicial docente que hayan sido acreditadas.
La capacidad de esta iniciativa de generar mejora en
el sistema sería igualmente muy grande, al incidir
en uno de los problemas que arrastran varios países
de América Latina: la proliferación de
instituciones que forman a futuros docentes sin ninguna
garantía de calidad.
Todo el mundo entiende que no es posible incluir todas
las dimensiones de la mejora de la educación
en un proyecto realista de metas. Puede justificarse
por lo tanto la ausencia en el proyecto de otros aspectos
centrales de la evaluación. No obstante, me parece
importante recordar en estas líneas dos ideas
que no deberían, a mi entender, perderse de vista
y que estarán con toda seguridad presentes en
muchas nacionales aunque no se hayan citado explícitamente
en el proyecto.
La primera se refiere a la necesidad de coordinar las
políticas de evaluación y las curriculares.
Es imprescindible que ambas estén alineadas.
El curriculum es el proyecto social en el que se seleccionan
los aprendizajes básicos imprescindibles. No
todos ellos pueden evaluarse de forma estandarizada
por razones metodológicas, pero eso no significa
que no sean irrenunciables. La evaluación refuerza
el mensaje del curriculum, pero no lo suple.
La segunda remite a la importancia de avanzar en los
sistemas de evaluación de la tarea docente. Es
un campo poco desarrollado siendo sin embargo nuclear.
Algunos países han puesto en marcha interesantes
iniciativas, pero en muchas de ellas se aprecian importantes
riesgos: evaluar al docente para acreditarle y no tanto
para ayudar a su mejora a través de la formación;
vincular la evaluación exclusivamente al rendimiento
de sus estudiantes cuando el aprendizaje se construye
a lo largo de una historia escolar y los alumnos son
muy diferentes entre sí, por citar sólo
algunos de ellos. Es fundamental avanzar en este campo
ofreciendo modelos adecuados y viables.
Finalmente, por lo que respecta a los procedimientos
de evaluación que se van a poner en macha para
hacer el seguimiento de las metas, sólo un comentario.
Sería muy deseable que este esfuerzo se realizara
incardinado en las iniciativas que ya están en
marcha de mejora de los sistemas de indicadores educativos.
Es cierto que va a ser necesario desarrollar indicadores
específicos para las Metas, pero este proceso
puede hacerse reforzando las estructuras con las que
los países ya cuentan para la evaluación:
unidades estadísticas, institutos de evaluación.
Es esencial que América Latina cuente con un
potente y consolidado sistema de indicadores que permita
guiar las políticas educativas de los gobiernos
en una agenda compartida. Las estructuras y el conocimiento
que se genere en la evaluación de las Metas puede
ser un "pretexto" muy potente para impulsar
esté ámbito de la evaluación.
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