Elena Castro, Ingenio (UPV- CSIC)
El
conocimiento siempre ha sido un ingrediente básico del crecimiento
económico y de la mejora del bienestar social; esa capacidad que ha
tenido el hombre para inventar, para hacer las cosas de otra forma,
para producir cosas nuevas siempre ha estado en la base del desarrollo
de la sociedad humana, pero ha sido recientemente cuando se ha
comenzado a hablar de la “economía” y de la “sociedad del
conocimiento”. ¿Cuál ha sido la razón para que sea ahora cuando el
conocimiento ocupa este lugar central?
La razón es que el conocimiento está demostrando ser una de las
fuentes principales de riqueza y bienestar en estos momentos. Durante
la denominada “era agrícola” (Gorey et al., 1996), las principales
fuentes de creación de riqueza eran la tierra y el trabajo, por tanto
la producción, transporte y almacenamiento de productos agrícolas
representaba la actividad principal. Cuando tuvo lugar la revolución
industrial, debido a las necesidades crecientes de inversión en
maquinarias, la tierra pierde protagonismo y en su lugar cobra
importancia el factor capital, dando inicio de esta forma al segundo
estadio, denominado por el autor como “era industrial”. Actualmente, la
sociedad se encuentra en un nuevo período en el que los factores
tradicionalmente reconocidos -tierra, capital, trabajo- se muestran
cada vez más insuficientes para dar cuenta de los procesos de
crecimiento, mientras que el conocimiento se convierte en elemento
central de la economía; este es el tercer estadio denominado “Era del
conocimiento”, porque se está produciendo una aceleración sin
precedentes del ritmo de creación, acumulación y, a la vez, de
depreciación del conocimiento (David y Foray, 2002). Ello se debe,
entre otras razones, a que ha tenido lugar una revolución tecnológica
trascendental para la difusión social de la información: la irrupción
de la era digital (informática, bases de datos, internet,…), que afecta
a la producción y distribución de la información y del conocimiento, al
poner al alcance de la gente, en un instante, cantidades de información
que hace sólo 30 años hubiera costado meses recopilar, procesar e
interpretar.
Pero esta nueva
situación no afecta por igual a todos los países y regiones ni a todos
los sectores de actividad, porque esta sociedad del conocimiento
requiere la disponibilidad de infraestructuras y el acceso a las
fuentes de información (es decir, supone un coste), pero además, exige
en los actores de los procesos de innovación económica y social nuevas
competencias, como por ejemplo, la capacidad para utilizar las nuevas
tecnologías, para aprender cosas nuevas, para trabajar en equipo, para
seleccionar lo importante, capacidad de aplicar los conocimientos en la
práctica, capacidad de análisis y síntesis, capacidad para adaptarse a
las nuevas situaciones, habilidades interpersonales, creatividad,
comunicación oral y escrita, capacidad crítica y autocrítica,
habilidades básicas de manejo de ordenadores, capacidad de trabajar en
equipos interdisciplinares, compromiso ético (valores), apreciación de
la diversidad y multiculturalidad, habilidades de investigación,…
(Teichler, 2004); nuestros sistemas educativos deben tener en cuenta
estas nuevas competencias a la hora de diseñar los programas educativos
en todos los niveles de la enseñanza
También plantea nuevas dificultades y desafíos que hasta ahora no se
percibían: ¿de quién es el conocimiento? ¿Qué confianza se puede tener
en esos conocimientos tan accesibles? ¿Qué se ha de conservar cuando
hay un aumento tan desmedido de nuevos conocimientos? ¿Quién puede
integrar tantos conocimientos cada vez más especializados y
fragmentados? ¿Cómo se puede favorecer la creación de redes de actores
diversos que se involucren en el desarrollo de nuevos productos y
servicios? ¿Cómo se gestionan las relaciones entre los diversos actores
que intercambian o crean conjuntamente conocimientos?
Sin duda esta Era del Conocimiento plantea retos a los gobiernos, a las
instituciones educativas y científicas, a las empresas y a todos los
que formamos parte esta sociedad vertiginosa, pues se requieren ideas
creativas para solucionar los problemas en este nuevo contexto, pero
también es fuente de oportunidades que no se deben desaprovechar. Nunca
antes hubo tantas posibilidades de compartir información, conocimientos
y experiencias y este es, precisamente, uno de los objetivos del
Espacio Iberoamericano del Conocimiento sobre el que se discute en este
foro. Es la hora de trabajar sobre la declaración de Lisboa y sobre los
diferentes programas que se están proponiendo en este marco, con el fin
de concretar iniciativas que ayuden a los países iberoamericanos a
participar activamente en nuestra Era, la del Conocimiento.
Bibliografía
David, P.A., Foray, D. [2002]: “Una introducción a la economía y a la
sociedad del saber”. International Social Science Journal, nº 171.
UNESCO.
Gorey, R.M., Dobat, D.R. [1996]: "Managing in the knowledge
era", The Systems Thinker, Vol. 7 No.8, pp.1-5.
Teichler, U. [ed.] [2004]: “Comparative Perspectives on Higher
Education and Graduate Employment and Work – Experiences from Twelve
Countries”. http://www.uni-kassel.de/wz1/tseregs.htm
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