Margarita Eggers Lan es Directora Plan LECTURA del
Ministerio de Educación de la Nación de
ArgentinaMuchas veces nos hemos formulado la pregunta acerca
de si lo "obligatorio" atenta contra la "libertad
de elección".
¿Se puede obligar a leer? ¿Es necesario
prescribir que los docentes les lean todos los días
a sus alumnos? Estas preguntas, que pueden sonar a tiempos
pasados, no se cuestionan en el caso de, por ejemplo,
la enseñanza de las matemáticas.
Supongamos que un docente dice: "Les enseño
las tablas de multiplicar del 1 al 7, porque la del
8 no la voy a enseñar. Ese día murió
mi papá, y me resulta traumático hacerlo".
A nadie se le ocurriría que esto pueda pasar.
in embargo, con la lectura sucede lo contrario. Está
siempre librada a la buena voluntad, a la predisposición,
a la búsqueda interna de las voces que nos leyeron
en la infancia...
La lectura perdió un espacio curricular en la
escuela hace muchos años, y recuperarlo puede
resultar una ardua tarea. Daniel Pennac empieza su decálogo
de los derechos del lector por "El derecho a no
leer". Sin embargo, en ese artículo Pennac
dice: "El deber de educar, por su parte,
consiste en el fondo en enseñar a leer a los
niños, en iniciarlos en la literatura, en darles
los medios para juzgar si sienten o no la "necesidad
de los libros". Puesto que si bien se puede
admitir sin problema que un particular rechace la lectura,
es intolerable que sea -o que se crea- rechazado por
ella." 1
Cuando desde el Plan de Lectura del Ministerio de Educación
Argentino solicitamos a los docentes que lean todos
los días un texto en voz alta, no estamos pidiéndoles
que ejerzan un rol para el cual no están preparados.
El docente es un orador natural y realiza su práctica
diaria frente/ con alumnos. En el mismo sentido que
el ejemplo de las matemáticas, tomo la cita de
la escritora y pedagoga Graciela Bialet: "¿puede
ir un accidentado a la sala de emergencias y decirle
el médico: -no lo puedo atender porque me impresiona
la sangre-?"2
Llegar a ser lector es un proceso complejo, es un aprendizaje
modelado cultural, SOCIAL y afectivamente por
otro, por el contacto con otros lectores y signado por
el acceso directo a los textos. Esa posibilidad de compartir
lo que puede ofrecer un texto cuando es leído
por alguien que lo hace poniendo en juego sus emociones,
entregando ese momento a los demás con cariño
y disposición, es, como dice Mempo Giardinelli3,
el mejor camino para formar lectores.
Todos los chicos deben tener las mismas oportunidades,
los que nacieron entre libros y padres que les leyeron
y aquellos que no pudieron compartir ese momento íntimo
y trascendente. Por eso no podemos decir que sólo
deben leer quienes quieran leer, cuando tantos chicos
no han conocido jamás la posibilidad de que un
texto les sea revelado, les resuene y los envuelva.
A leer se aprende leyendo, como decía María
Luisa Cresta de Leguizamón: "La lectura,
y aún el aprendizaje de un idioma, se aprende
leyendo"; no existe otra manera.
Leer en voz alta a los estudiantes, a los niños,
es un acto modelar e iniciático. Un gesto lector.
Una voz prestada al imaginario de otros. Una oreja que
lee conjuntamente con esa voz que enciende los sentidos.
En la historia de cada lector hubo otro que le narró,
le leyó, le acercó un texto, lo indujo
al mundo de los libros.
En su libro "El arte de la lectura en tiempos
de crisis" Michéle Petit4, refieriéndose
a algunos países de Latinoamérica, expresa:
"...el acceso a la cultura escrita, al saber,
a la información, constituye un derecho escamoteado
con demasiada frecuencia. Al igual que la apropiación
de la literatura. Y es por varios motivos que ésta
les parece deseable, como veremos: el hecho de tener
acceso a ella les permitirá ser más hábiles
en el uso de la lengua, tener una inteligencia más
sutil, más crítica; y ser capaces de explorar
la experiencia humana, de darle sentido y valor poético"
Debemos crear la necesidad, el hambre de leer, para
que luego pueda ser demandada. Nadie puede demandar
lo que no conoce, lo que no ha reconocido como necesario.
Y para que esto suceda, el Estado debe encontrar las
herramientas necesarias para generar la igualdad de
oportunidades, para redistribuir la riqueza de las palabras
generosamente, aunque esa herramienta se llame prescripción.
1 Daniel Pennac, Como una novela, Editorial Norma.
2 Graciela Bialet, Encuentro de referentes provinciales
de lectura, Ministerio de Educación, octubre
2008.
3 Mempo Giardinelli, Volver a leer, Edhasa.
4 Michele Petit, El arte de la lectura en tiempos de
crisis, Océano.