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lunes, 16 de marzo de 2009

Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 34

Una de las dificultades a la que hemos de hacer frente muchos ciudadanos y ciudadanas, incluidos los educadores, cuando intentamos entender problemas como el cambio climático, es que,  frecuentemente, nos encontramos con informaciones muy contradictorias.

Por una parte se hacen públicos informes como, por ejemplo, los elaborados por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), organismo científico de Naciones Unidas, que llaman la atención sobre un preocupante incremento de los gases de efecto invernadero que amenaza con provocar un cambio climático de graves consecuencias. Pero cualquiera que siga la prensa diaria o “navegue” por la red se encontrará también con abundantes documentos que se refieren a “las mentiras del cambio climático”, al “catastrofismo de los ecologistas” o al “alarmismo climático” e incluso con contundentes tomas de posición de conocidos responsables políticos que se oponen a que, en épocas de crisis como la actual, se financien causas “científicamente cuestionables” como el cambio climático. ¿A quién hacer caso? No es de extrañar que la conclusión de muchos ciudadanos sea que la cuestión no está clara. Así, un reciente estudio señala que más del 60% de los estadounidenses piensa que el cambio climático es una cuestión científicamente controvertida. En consecuencia, buena parte de la ciudadanía –incluyendo, insistimos, muchos educadores- sigue sin ver necesaria su implicación en la resolución de esta problemática.

Ante esta situación, es preciso dejar claro que el consenso científico es total. Podemos referirnos, por ejemplo, al estudio realizado por la investigadora Naomi Orestes, con cerca de un millar de artículos científicos analizados (http://www.sciencemag.org/cgi/content/full/306/5702/1686) ni uno solo de los cuales ponía en duda la realidad del actual cambio climático, ni su origen, asociado, entre otros, a la quema de combustibles fósiles. Por contra, más del 50% de los artículos publicados en la prensa diaria durante el mismo periodo expresaban dudas acerca del cambio climático. Esta confusión constituye un serio obstáculo al que es preciso hacer frente, dejando claro que las posturas “negacionistas” no tienen ningún apoyo científico.

Una situación similar se vivió en los años 70 con el uso de los compuestos fluorcarbonados (CFC), utilizados en sistemas de refrigeración, pulverizadores, etc., y el hallazgo de que provocaban un peligroso adelgazamiento de la capa de ozono que nos protege de las radiaciones ultravioleta: gracias a los trabajos de científicos como Crutzen, Rowland y Molina y al apoyo del movimiento ecologista, que contribuyó a dar realce social a sus investigaciones, se logró en 1987 prohibir su uso en el Protocolo de Montreal, a tiempo de evitar una catástrofe. Pero no debemos olvidar que la primera reacción, sobre todo del mundo empresarial, fue poner en duda estos resultados acusando a los científicos de catastrofistas. Por ejemplo, el presidente de “Dupont”, líder mundial en producción de CFC, calificó los estudios de “relatos de ciencia ficción” y “montón de basura”. Crutzen, Rowland y Molina acabaron obteniendo el Premio Nobel de Química en 1995, pero en Internet podemos seguir encontrando “documentos” (¡incluso del año 2008!) acerca del “mito” y del “fraude” del agujero de Ozono (http://www.mitosyfraudes.org/Ozono.html); documentos tan escasamente fiables, por supuesto, como los que se refieren a “las mentiras del cambio climático”.

No es, pues, haciéndonos eco de quienes tildan hoy de catastrofistas a los científicos del IPCC (como se hizo antes con Crutzen, Rowland y Molina, por no mencionar otros ejemplos como el de Rachel Carson y su denuncia de las graves consecuencias del uso del DDT) como lograremos avanzar en la compresión de los problemas, sus causas y medidas que es necesario adoptar. Nuestra obligación como ciudadanos y educadores es manejar información contrastada, procedente de auténticas fuentes científicas, y no dejarnos confundir por opiniones peregrinas y a menudo interesadas (es decir, literalmente pagadas por compañías petrolíferas, mineras, etc., como se ha documentado también fehacientemente) aparecidas en unos media más atentos a la “noticia” con capacidad de llamar la atención que al rigor científico.

Este rechazo del “negacionismo” no supone, en modo alguno, adoptar las posturas catastrofistas de quienes afirman que los problemas no tienen solución y que, por tanto, no ven posible ni necesario hacer nada… lo que  les condena a la misma pasividad de quienes sostienen que no hay problema. La forma de no ser catastrofistas es reconocer los problemas y trabajar por su solución. En efecto, el estudio científico de los problemas tiene como finalidad conocer su origen y poner a punto las posibles soluciones. Y debemos insistir en que esas soluciones existen y que estamos a tiempo de adoptar las medidas necesarias. Baste recordar que en el IV informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, 2007) destaca el espacio concedido a las medidas mitigadoras y la fundamentada conclusión de que todavía estamos a tiempo… pero que es urgente actuar.

 

 

  Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 34, 15 de marzo de 2009
http://www.oei.es/decada/boletin034.htm

 

18:30 | gestionado por Juan Carlos Toscano | Enviar comentario (0)

Por César Coll - Cátedratico de la Universitat de Barcelona

Con la alfabetización digital sucede en buena medida lo mismo que sucede con la alfabetización letrada. Por una parte, delimita un ámbito curricular de aprendizajes específicos, vinculado fundamentalmente al conocimiento y dominio de las TIC y a la comprensión, producción y difusión de documentos multimedia e hipermedia. Por otra parte, atraviesa prácticamente todas las otras áreas o ámbitos de aprendizaje del currículo escolar. En efecto, cada vez es más evidente que el hecho de haber alcanzado un buen nivel de alfabetización digital es un elemento de suma importancia para que el aprendizaje en otros ámbitos pueda seguir progresando con facilidad. Sin duda, estamos aún lejos de que la alfabetización digital desempeñe en el currículo y en la educación escolar un papel semejante al de la alfabetización letrada, pero no es en absoluto arriesgado pensar que ello pueda suceder en un futuro próximo. La importancia decisiva de las TIC como vía de acceso al conocimiento en la Sociedad de la Información (SI) avala la hipótesis de que la alfabetización digital puede acabar desempeñando a corto plazo un papel similar al que ha desempeñado tradicionalmente la alfabetización letrada --sin llegar no obstante a substituirla-, convirtiéndose como ella en una llave decisiva para el aprendizaje escolar y no escolar, inicial y a lo largo de la vida.



La ubicuidad de las TIC y su capacidad para penetrar e incidir en prácticamente todos los ámbitos de la actividad de las personas están transformando o dando lugar a nuevas formas de pensar, de actuar, de sentir, de trabajar, de relacionarse, de divertirse, de aprender, de conocer, etc. Las TIC no son un ingrediente más de la SI. Con las TIC y la SI lo que está cambiando son las prácticas sociales y culturales que constituyen el referente fundamental para la educación escolar. En el momento actual, el reto más importante de la educación escolar es cómo hacer frente a este cambio cultural que comporta la SI y que está propiciado por las tecnologías digitales, es decir, cómo educar en el marco de una cultura digital.

Educar en el marco de una cultura digital incluye la alfabetización digital, pero va más allá: supone enseñar y aprender a participar eficazmente en las prácticas sociales y culturales mediadas de una u otra manera por las tecnologías digitales. Desde el punto del currículo escolar, esto significa aceptar con todas sus consecuencias que, con ser importante, no basta con introducir las competencias contenidos y capacidades relacionadas con la alfabetización digital para hacer frente al desafío; es el conjunto del currículo el que debe ser revisado a partir del referente que proporcionan las prácticas sociales y culturales propias de la Sociedad de la Información, la lectura ética e ideológica que se haga de ellas y las necesidades formativas de las personas en este nuevo escenario.

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18:28 | gestionado por Juan Carlos Toscano | Enviar comentario (0)