Hernán Edgardo Sala y Débora Voiezki
Este texto ha obtenido Mención de honor de la sección Ideas del Concurso Cambio Climático: Ideas y miradas desde Iberoamérica
Juan de Garay en 1580 al fundar la Ciudad de La Santísima Trinidad y
Puerto de Santa María del Buen Ayre, actualmente, la Ciudad de Buenos
Aires, cumplía con los pedidos expresos del Rey Carlos V, que las
calles y caminos más importantes desembocaran en la plaza principal de
la ciudad. Estas y otras instrucciones reales tenían un objetivo
preciso: conservar el aire de la ciudad limpio y libre de enfermedades.
De no haber existido esta consideración inicial hace más de cinco
siglos, la calidad el aire de la ciudad estaría muy por debajo de los
valores actuales.
La Ciudad de Buenos Aires se
ubica en una zona templada húmeda con una estacionalidad bien definida.
Está sujeta a la influencia de los vientos húmedos del Atlántico Sur y
de los vientos locales con diferentes características. Su relieve llano
permite, por ejemplo, la entrada de vientos frescos del suroeste, de
masas de aire polar en época invernal y de masas de aire cálidas
provenientes del norte del país, predominantes en época estival.
Los vientos provenientes del Río de La Plata, fundamentalmente del
sudeste, realizan al menos dos importantes servicios ambientales a la
ciudad: diluyen y dispersan los agentes contaminantes del aire y,
además, refrescan la zona costera urbana durante los veranos. Sin
embargo, cuando estos vientos se intensifican aparece lo que se conoce
como localmente como sudestada. Estos vientos pueden reforzar
el efecto de las mareas e impedir, durante algunas horas, que el Río de
La Plata descargue sus aguas en el océano Atlántico; ocasionando
inundaciones en las áreas bajas de la ciudad y del conurbano
bonaerense. El viento del suroeste o Pampero produce el
efecto contrario: aleja el agua de la costa, ocasionando, a veces,
problemas en las tomas de agua que abastecen la ciudad.
En sus orígenes, el Río de la Plata bañaba las bases de las barrancas
de la ciudad. Con el tiempo, estas zonas bajas pertenecientes a la
planicie de inundación, luego consideradas como áreas “ganadas” al río,
fueron poblándose y urbanizándose de manera intensiva.
La llanura sedimentaria de escasa pendiente en donde se fundó la
ciudad, estaba surcada por pequeños arroyos que desembocaban en el Río
de la Plata. Hoy, casi todos ellos se encuentra entubados y corren por
debajo de las calles de la ciudad. El Riachuelo, que marca el límite
sur de la misma, si bien no ha sido entubado, presenta un alto grado de
contaminación, proveniente en gran medida de curtiembres y frigoríficos
locales.
En cuanto a la vegetación
autóctona, la selva ribereña en la costa y los pastizales en la
llanura, ha desaparecido casi por completo. En un comienzo fue
reemplazada por sistemas agrícola-ganaderos que más tarde fueron
completamente urbanizados. La concomitante impermeabilización de los
suelos fue dificultando la absorción de las precipitaciones, aumentando
cada vez más la escorrentía superficial y acrecentando el riesgo de
inundaciones.
Como tantas otras ciudades
costeras, Buenos Aires es vulnerable al cambio climático. En la escala
regional, por ejemplo, se estima que podría ocurrir una merma del
caudal en la Cuenca Del Plata debido al aumento de la temperatura media
(previsto en 2º C para los próximos 50 años según el IPCC) y un
consecuente aumento en la evaporación en toda la región. Esto
produciría un incremento en la concentración de contaminantes en el
agua, dificultando así la provisión de agua potable. Por otra parte,
significaría una menor disponibilidad de agua para uso industrial y
comercial. De ocurrir estos hechos, habrá una incidencia en el costo de
vida, afectando más seriamente a la población que se encuentra en
situación de pobreza, que en 2005, según cifras oficiales, representaba
el 15% de la población de la ciudad.
Si además
de acrecentarse el efecto invernadero, que hasta el momento es la
hipótesis más aceptada, se sigue dando un crecimiento en la densidad y
la extensión del área urbana, la cual es otra hipótesis que goza de
bastante consenso, es factible que adquieran mayor gravedad las
denominadas islas de calor, como ya sucede en San Pablo,
Brasil. Lo anterior, en consonancia con el predominio del viento norte
en verano posibilitará el desarrollo de olas de calor más intensas y
frecuentes. Esto traerá aparejado golpes de calor, mayor consumo de
agua y electricidad debido a la exposición prolongada a elevadas
temperaturas.
Los sectores sociales medios y
altos podrán ir adaptándose con un costo creciente a las nuevas
condiciones. No obstante, los sectores más humildes, con necesidades
básicas insatisfechas, son y serán los más vulnerables, conjuntamente
con ciertos grupos erarios, tales como niños y ancianos.
El incremento de las temperaturas a nivel regional ya está generando un
impacto sanitario en la ciudad, incluyendo aumentos en las enfermedades
transmitidas por vectores que modifican o extienden su rango
geográfico, como ser malaria, dengue, fiebre amarilla, etc. Por
desgracia, algunas de estas enfermedades van ganando protagonismo
dentro de la propia ciudad año tras año.
Actualmente, las precipitaciones son más intensas, entendiéndose por
ello que precipita mayor cantidad de agua en un determinado intervalo
de tiempo. Esto, sumado al granizo, hace que el sistema de desagües de
la ciudad se sature ocasionando graves inundaciones. Los asentamientos
informales donde existen problemas de hacinamiento y donde los
servicios son precarios o inexistentes, tanto dentro como alrededor de
la ciudad, son los más expuestos a esta problemática. Los mismos exigen
un plan de obras urgente que lleve a niveles de dignidad la calidad de
vida de sus habitantes.
En el barrio de La
Boca se puso en marcha un Plan Hidráulico que desde 1998 ha brindado
buenos resultados para la zona. Sin embargo, aún restan muchos aspectos
y sectores que atender.
Los seguros de la
propiedad son muy sensibles a los eventos extremos provocados por el
cambio climático ya que puede provocar aumentos significativos en las
pólizas o, simplemente, la cancelación de las mismas.
Si tal como afirma el IPCC, continúa aumentando el nivel medio del mar
debido al derretimiento de hielos, que ya ocurre a escala casi global.
Es de esperar que aquellas zonas que históricamente han sufrido
inundaciones alcancen una situación aún más comprometida; en
particular, prácticamente la totalidad de la franja de la ciudad que
linda con el Río de la Plata y el Riachuelo.
Habrá que tomar medidas de prevención y mitigación para enfrentar las
modificaciones climáticas que se están produciendo y vivenciando. Se
deberán considerar variables sociales, ecológicas, económicas y
políticas, algunas en el propio ámbito de la ciudad pero otras en
ámbitos más amplios, ajustando debidamente las decisiones ante los
eventuales emergentes.
La difusión, educación
y concientización acerca de estos problemas sociales y ambientales,
conjuntamente con una mayor participación ciudadana y una planificación
a mediano y largo plazo, harán posible una mejor adaptación al cambio
climático.
http://www.oei.es/ideasymiradas/index.html