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martes, 08 de enero de 2008

En la reciente edición de la poesía de Rubén Darío  (Galaxia Gutenberg) cuenta, en sus palabras preliminares, el escritor José Emilio Pacheco que, muerto el gran poeta, descuartizaron su cuerpo para examinar su cerebro y aprehender la  clave última del genio. El resultado fue un fiasco, como lo fue  también muchos atrás cuando se hizo operación semejante con el cuerpo de lord Byron; solo encontraron  entonces un cerebro algo más envejecido de lo que  por edad le correspondía. La medicina mecanicista y seudo materialista ha dado muchos palos de ciego en este y otros sentidos similares. Buscar el alma era, además de una provocación, una estrategia dilecta de aquellos médicos a los que los dioses seguramente habrán perdonado en razón de su misma ingenuidad.

 

MIGUEL GARCÍA-POSADA

 

 


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