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lunes, 29 de octubre de 2007

El lector nos  excusará la nula elegancia de la imagen con que abrimos este comentario. Pero la revocación de la orden de excarcelación del borracho impresentable del metro de Barcelona huele a eso. No se pueden conculcar los derechos de los delincuentes, aunque ellos sí puedan pone en riesgo la vida de una muchachita ecuatoriana con una paliza brutal. El alcalde  de Zalamea solicitaba mucho respeto para el seductor de su hija, pero terminó ahorcándolo. Aquí no solo no se ahorca a nadie, lo cual está muy bien, sino que se  le trata con amor, con mucho amor, no  sea que el canalla  (oh. presunto, presunto) sufra, el pobre. No es bueno que sufra nadie, menos un canalla, han debido decirse las autoridades que han decretado nada de prisión para esta criatura  espontánea, sólo eso. Las <<faltas>> se pagan en los hoteles, no en las cárceles. Un casi asesinato es una <<falta>>. Todo sea por la corrección jurídica.

 

Miguel García-Posada

 


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