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lunes, 01 de octubre de 2007

No es que uno crea que el Estado deba subvencionar la cultura; lo ideal sería que ésta fuera tan vigorosa que no necesitase de la ayuda estatal, cosa que no ocurre, por desgracia en España. (La ausencia de subvenciones debiera extenderse a las empresas de armamentos, industria farmacéutica, líneas áreas, lo que no siempre sucede, y si no que se lo pregunten al presidente Bush. Estas subvenciones son brutales en contraste con los menguados  dineros que se entregan al discurso cultural. Lo que no justifica, cuando lo hay, el amiguismo.) Descartada la precariedad. do pertinente es que el Estado no subvencione, pero sí que cree las condiciones en que las artes florecen. Esto fue lo que hizo y hasta ahora ha venido  haciendo el Estado francés hasta la llegada de monsieur Sarkoszy, quien muy a lo Hayek, él,  ha dicho que urge romper con la tradicional ayuda francesa a la cultura. (Atenuante para el presidente: en Francia está subvencionado casi todo, hasta el abuso).Cimero caso de apoyo a la cultura: el de los Habsburgo, monarquía de derecho divino pero liberal, que contribuyó de modo decisivo a que Austria fuera el centro de una imponente cultura literaria, plástica, musical, filosófica, matemática, etcétera.

 

Miguel García-Posada


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