Enviado el jueves, 27 de septiembre de 2007 13:34
Fue un príncipe de la lengua de Castilla, para la que forjó nuevas palabras (guerracivilismo), sublimó giros vulgares (lo cual que), hasta acuñó nuevos signos de relación (creemos/pensamos). Además escribió varias novelas bellísimas, hermosos libros memoriales y demostró de nuevo (manes de Azorín y Ruano) que el periodismo no era incompatible con la dignidad del lenguaje y su pureza sin arqueologías. Fue un hombre libre; algunos no se lo perdonaron nunca. Un editorial de un periódico dedicó muchas líneas a un joven futbolista prematura y trágicamente desaparecido por las mismas fechas que Umbral y “consagró” la última línea --solo la última-- al gran escritor, que fue destacado colaborador de ese periódico durante quince años. Una manera como cualquier otra de insultar. Allá el editorialista. Y el periódico.
Miguel García-Posada