El novelista portugués ha declarado que Portugal debe convertirse en una comunidad autónoma de España, tras de lo cual el país resultante se llamaría Iberia. Estas declaraciones no son nuevas; de hecho, hace ya algunos años, publicó Saramago su novela “La balsa de piedra”, que describía, en fábula muy divertida, la conversión de la península en un prodigioso territorio desgajado del mundo, una balsa de piedra, que ponía de manifiesto la profunda unión de las dos naciones de la Península. Ahora Saramago ha vuelto sobre el tema haciéndose eco de una corriente de opinión que empieza a ganar adeptos en su país en contra de las tendencias antiespañolistas de tanta tradición y cierta tendencia del nacionalismo español de absorción de Portugal. Los portugueses siempre han sido más atentos con España que los españoles; basta con darse cuenta de lo muy extendido que está el uso de nuestra lengua en Portugal; por contra ¿cuántos españoles saben portugués? Pero el iberismo de Saramago cuenta con antecedentes ilustres en la península: se dejó sentir en los siglos XIX y XX. Iberista fue Unamuno e iberista fueron también, por ejemplo, entre la “intelligentsia” portuguesa, el poeta Teixeira de Pascoaes y el novelista Miguel Torga. No es el iberismo, pues, una aspiración gratuita ni carece de argumento -aunque debe liberarse de su antieuropeísmo-, pero harán falta muchos cambios para que pueda adquirir alguna realidad.
MIGUEL GARCÍA-POSADA