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lunes, 25 de junio de 2007

Tal vez fue en el entusiasmo de los mítines electorales, pero Nicolas Sarkoszy produjo durante su campaña algún pensamiento particularmente inquietante. Vino a decir que el Estado no tenía por qué gastarse el dinero en las Humanidades, que con lo que había ya era suficiente, y que debía invertir en las cosas prácticas: ingenierías, laboratorios, investigación...  Cuando habla así Sarkoszy le da la razón a quienes le niegan la condición de francés genuino y lo ven más como un inmigrante, pues, desde luego, lo que ha dicho, lo que dijo “Le Monde” “dixit” es un torpedo lanzado contra la misma línea de flotación del barco de la  gran cultura francesa, sustentada desde el siglo XVII  en sus brillantísimos y muy abundantes escritores. Sin Rousseau (y antes de él los grandes del clasicismo), Voltaire y los enciclopedistas, Hugo y los románticos, Baudelaire y Stendhal, Balzac y Flaubert, por citar solo unos  pocos nombres, Francia no habría tenido esa cultura que ha deslumbrado al universo entero y ha dado su propia y profunda identidad. Es tan evidente que parece mentira que el flamante presidente haya dicho esto.

 

Miguel García-Posada

 


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