Enviado el viernes, 23 de marzo de 2007 14:07
Así se expresaba Pedro Crespo, el alcalde de Zalamea, ante el capitán chulapón, mujeriego y donjuanesco. Lo llevaría a la muerte “con muchísimo respeto”, le dice, le decía, si no restituía el honor de su hija ofendida. Con muchísimo respeto también acogemos nosotros la decisión del juez francés que no considera delictivas las caricaturas de Mahoma pues son una manifestación del derecho a la libertad de expresión, que no puede ser conculcado bajo ningún concepto; pero no podemos estar de acuerdo, lo decimos sin ambages.
La libertad de expresión no nació para atacar los sentimientos de la gente, y los sentimientos son más dignos de consideración que las ideas, pues afectan a todo el individuo, a toda su realidad existencial. Ni las caricaturas de Mahoma eran de recibo ni lo son las fotos artísticas --es un decir-- y blasfemas de Extremadura. En las tabernas antiguas se leía a menudo esta inscripción:”Prohibida la blasfemia”. Es decir, prohibidos el mal gusto, la procacidad, la insensibilidad, la falta de cultura, el analfabetismo, en fin (y la borrachera, que todo venía junto). No era la jerarquía eclesiástica la que alentaba la prohibición de marras; era el dictum popular quien las enunciaba.
MIGUEL GARCIA-POSADA