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miércoles, 21 de febrero de 2007

Las palabras son una fuente de creación verbal y una forma del conocimiento. Sentado esto, conviene, en ciertos ámbitos conceptuales, rehuir en la medida de lo posible las acepciones metafóricas y utilizar las palabras en su recto sentido como manera de racionalizar los debates. Decir que más obsceno que el porno son los gobiernos vendiendo armas o los niños muertos de hambre o los viejos sin asistencia social, por ejemplo, eso, al pie de la letra, no es obsceno sino una vergüenza,  una gravísima falta, que conculca los derechos humanos y habla mal, muy mal de nuestra conciencia y de nuestra ética.

No es estrictamente necesario emplear el término obsceno so pena de caer en la demagogia, que diluye el perfil de las cosas y desemboca consigue en la dilución de los temas: se consigue así que no hablemos del porno ni de nada y tendamos un espesor de sombras sobre el hecho, sin duda mucho menos importante que los anteriormente descritos, pero impresentable, de que la Generalidad de Cataluña subvencione el porno si está en catalán. Y por decir esto no se incurre en delito de lesa patria --contra Cataluña-- ni se exalta la llamada lengua del imperio, que no lo fue nunca sino de pobres (José María Valverde "dixit"), ni se defiende a los comerciantes de armas. Razonar no es siempre fácil, razonar, en sentido estricto, claro.

 

MIGUEL GARCÍA-POSADA

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