La Generalidad de Cataluña parece dispuesta a subvencionar el porno si está hablado en catalán. Para la Generalidad son la misma cosa, el mismo idioma, los dichos torturados e inefables de Ausiàs March que las obscenidades más duras dichas por un fulano; no hay, pues, diferencia entre Raimon Llull y el último cachas fraudulento del sexo: el porno es una interpretación, conste, no alcanza a ser un "reality show". Con tal que se hable en catalán, todo vale. El honorable Montilla no sabe cómo recoger votos. Ahora los pretende de los rincones y personajes oscuros del Barrio Chino de Barcelona y territorios de esta guisa. Todo sea por el poder, aunque de cuando en cuando se hundan las casas en una exhibición del mejor porno. No "mi reino por un caballo" ("Ricardo II", Shakespeare); mi poltrona por un porno, mi autonomía por un porno, mi palacio de Sant Jordi (nadie diga Jorge, que será un felón) por un porno. ¿No habíamos quedado en que el porno era una cuestión privada, su consumo, queremos decir? La Generalidad de Cataluña cree que se debe pagar con fondos públicos, aunque las casas del Carmel y equivalentes queden un poco más desasistidas. Deslumbrante Montilla, padre del nuevo liberalismo social-intervencionista. Y hedonista (malo).
MIGUEL GARCÍA-POSADA