Enviado el viernes, 16 de febrero de 2007 13:57
En su reciente libro “Diccionario del amante de América Latina” escribe Mario Vargas Llosa: "[Soy consciente] del inmenso privilegio del que gozo, y que comparten conmigo la inmensa mayoría de latinoaemericanos, de hablar y escribir en español, una de las lenguas que, en el mundo en ebullición de nuestros días --ese mundo que se recrea bajo el imperio de la lenta disolución de las fronteras y la internacionalización de la vida.-- es uno de los principales vehículos de la creación y la comunicación entre los pueblos.
Hablar y escribir en español es, no importa donde uno haya nacido, ser un hombre o una mujer de nuestro tiempo, en el pelotón de vanguardia de la cultura más dinámica de nuestro tiempo, y, a la vez, ser tributario de una riquísima dinastía de pensadores, poetas, inventores, rebeldes y artistas que contribuyeron decisivamente a hacer retroceder la vieja barbarie de la intolerancia, del dogma, de las verdades únicas y a disociar la moral de la razón de Estado.
Me enorgullece, como hispanoamericano, que esa cultura fuera la primera en criticarse a sí misma hasta la médula y en hacer de la critica un derecho inconculcable y que ella creara al individuo soberano, el pluralismo, la tolerancia y la libertad". ¿Qué pensarán el señor Carod-Robira "et alii" de estas palabras? ¿Las considerarán también reaccionarias, expresión de arcaico españolismo? ¿Y qué pesará el pobre paupérrimo del "andaluz de Córdoba", el honorable Montilla, dispuesto a recortar todas las horas posibles de la enseñanza del castellano en Cataluña? Claro que pensar es una tarea que quizá excede las capacidades del singular presidente de la Generalidad. Pobre Montilla.
MIGUEL GARCÍA-POSADA