Irak no solo practica esa barbarie que es la pena de muerte, sino que la practica del peor modo posible, esto es, intensificando el sufrimiento de las víctimas: insultos, decapitaciones en lugar de ahorcamientos, funcionarios corruptos que venden los vídeos de las ejecuciones... Todo ello con las bendiciones del Gobierno de ese país, que cuenta, a su vez, con las de dos poderosos aliados occidentales, encabezados en cuanto a cinismo por Inglaterra, siempre dispuesta a reivindicar su papel de vieja zorra de Occidente que le asignó un gran poeta español en los días trágicos de las guerra civil. Léase, a mayor abundamiento, la novela de Graham Greene, “El agente confidencial”, donde queda claro lo poco que le importaba a la “pérfida Albión” la suerte de los derechos humanos en la acongojada España de los años treinta. Como botón de muestra vale lo arriba expuesto para saber lo que se puede esperar de estos delincuentes de la guerra que desconocen cualquier humanidad en sus relaciones con sus ciudadanos, víctimas o no.
MIGUEL GARCÍA-POSADA