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viernes, 12 de enero de 2007

 Hay dos clases de lapsus: el verbal y el freudiano stricto sensu. El primero es fruto de la contaminación verbal; decimos así "sobra" por "obra", "invasión" por "evasión", etc.  El investigador italiano Sebastiano Timpanaro tiene páginas decisivas al respecto (Editorial Crítica, 1976).Y hay otro lapsus, que obedece a "contaminaciones" de la conciencia. A esta clase parece obedecer el  muy reciente del presidente del Gobierno al calificar de “trágico "accidente", y por tres veces, el atentado de Barajas.


El señor presidente tiene grabada a sangre y fuego, se diría, la intención de negociar con la banda terrorista (y descerebrada) convencido, sin duda con toda la buena fe posible, de que no hay otra solución al conflicto, a pesar de los pesares, sangrientos pesares. De modo que su lapsus no fue inocente. En absoluto.

 

MIGUEL GARCÍA-POSADA

 

13:23 | gestionado por Miguel García-Posada | Enviar comentario (7)