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miércoles, 27 de diciembre de 2006

 TVE justificando su función de servicio público, que los mercaderes pretenden arrebatarle, ha emitido estos días navideños la obra maestra de Theodor Dreyer, "La pasión de Juana de Arco”, quizá la obra cumbre del cine mudo. Nunca, en efecto, la imagen demostró su superioridad sobre la palabra como en esta película cenital gracias en buena medida a la recurrencia de los primeros planos magistralmente conducidos por el genial director y a la sublime interpretación de Renée Falconetti.


La maravillosa actriz ofrece aquí un rostro que es un poema del sentimiento humano: su Juana es, a la vez, santa, nacionalista y mártir, pero también  humana y frágil, pues si defiende a su Dios y a su rey se estremece ante el abismo del tormento y la muerte en la hoguera. Qué visión la de Falconetti en el suplicio. Quienes lamentan la muerte del cine mudo tienen toda la razón ante una obra de esta envergadura. Dreyer haría después otras obras maestras, como "Ordet" o "Gertrudis", que llevan la impronta de su genio perdurable, pero no rebasó nunca la extrema pureza de este formidable poema visual.

 

MIGUEL GARCÍA-POASADA

 

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