Enviado el viernes, 01 de diciembre de 2006 12:47
Llueve sobre mojado en lo del lenguaje sexista. Llevamos casi veinte años oyendo hablar de discriminación de la mujer en materia verbal. Ahora dos filólogas se han dirigido a la Academia Española pidiéndole más feminismo y menos machismo. Nada de “la presidente”, como prescribe la gramática profunda de la lengua en la que el género lo marca el artículo, sino “la presidenta”, que se ha impuesto para que no haya dudas, por lo que nos aguardan la tenienta, la sargenta, la ¿caba?; y nada de “Los niños”, plural genérico que designa a niños y niñas, sino “los niños y las niñas” (conmovedor puede ser el resultado: "la infancia”: "nuestra infancia se fue al colegio",, dirá el papá orgulloso de sus hijos e hijas, como “los compañeros y compañeras", o “los jóvenes y jóvenas" que acuñó una ilustre dama socialista. Nada, pues, de decir "el hombre del Renacimiento” (con Miguel Ángel, Leonardo y Rafael al capo), sino el "ser humano del Renacimiento”, que acoge también a Beatriz Galindo, La Latina, o a santa Teresa. En su momento consiguieron que se impusiera “azafato”; ahora van por “cancillera", que pertenece la misma manifestación horrible de la lengua que llevó a “concejala", "jefa" o hasta un increíble "sacerdota". En lingüística --hablemos ahora en serio-- el femenino es el término no marcado (y privilegiado), pero la lengua tiene bastante con el artículo para conseguir la distinción genérica, de la que carecen la inmensa mayoría de las palabras en español; v. gr., mesa, silla, ciclista, motorista, turista, que necesitan "la" mesa,"la" silla", "el/la" motorista, "el/la" turista, etcétera y sin atender a ideología alguna. La lengua es, hablando en rigor, una superestructura, que trasciende otras consideraciones, como se sabe hace muchos años. Menos llamar machista a la Academia, que lo fue rechazando el ingreso de la gran María Moliner, cuyo diccionario le saca muchos puntos al de la RAE, y más conseguir igualdad de sueldos con los hombres, medidas efectivas contra la violencia de género, etcétera. Más ciencia y rigor y menos folclore. MIGUEL GARCÍA-POSADA
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