Enviado el miércoles, 13 de septiembre de 2006 18:43
No es la primera vez, y mucho nos tememos que no será la última, que la escritora Lucía Echevarría es acusada de plagio. Primero el asaltado fue un poeta, ahora es un médico levantino. Las pruebas son bastante fuertes, aunque desde luego no doblegarán a esta joven escritora que, nadie sabe bien por qué, vende miles de ejemplares de sus novelas, y no solo en España. La corrupción de la vida literaria es de tal entidad que ha pasado a ser normal; dicen las malas lenguas que la escritora de marras ganó un importante premio comercial presentando "solo" la mitad del original. Con estos precedentes no es raro que la joven escritora haya decidido ponerse el mundo por montera, hacer tabla rasa de la originalidad y ancha es Castilla. Que nadie invoque los "plagios" que se cometían en la literatura clásica. Eran otros los tiempos y otros los usos. Además, ya lo dijo el otro: el plagio solo es válido cuando va seguido de asesinato. Esto es, cuando su personalidad se superpone hasta neutralizarla a la identidad de la obra imitada ¿A quién le importa hoy que Valle-Inclán "copiara" a Barbey d´Aurevilly? Valle-Inclán está más vivo que nunca y el escritor francés es una reliquia del pasado. MIGUEL GARCÍA-POSADA
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