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martes, 11 de julio de 2006

Principio básico de todo discurso crítico es que la descripción debe preceder al juicio de valor, sea el discurso literario, taurino o deportivo. Y ello por varias razones, la primera de las cuales es que el juicio debe estar asentado sobre la argumentación, y ésta solo es posible si se describe previamente el objeto analizado. Pero el crítico deportivo de uno de los periódicos más influyentes de España, considerado comúnmente como un maestro, arrancaba el pasado lunes su comentario de la final del Campeonato del Mundo de Fútbol diciendo que Italia fue una “injusta” vencedora.

Así, porque a él no le caen en gracia los italianos, las italianas o vaya usted a saber qué. Todo mucho más vulnerable, además, cuando la ausencia de argumentos puede ser revertida de modo clamoroso: Italia ganó la final porque el fútbol es un juego cuya regla esencial es la de marcar más goles que el adversario, y recibir menos que el rival. Justo lo que pasó en la tanda de penaltis: Italia marcó siempre y Francia no.

MIGUEL GARCÍA-POSADA

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