Como en la obra del clásico, no es bueno el verano que nos aguarda. Hará mucho calor, dicen los expertos, y descensos bruscos de la temperatura. No podemos sentirnos orgullosos del futuro que nos espera: estamos pagando la deforestación de los montes, la destrucción de las costas (en la época en que un diario madrieño decia, populista, que la peor contaminación es la pobreza), la multiplicación de los campos de golf sin que parezca importarles a sus promotores las carencias de agua que vamos a padecer y que harán inviables en su momento esos campos aristocratizantes e inútiles.
Y no sería raro, afirman también los expertos, que los huracanes made in USA se desplacen grávidos de energías a la Penínula Ibérica. ¿"Es el final, el fin, la apocalipsis", como escribió hace ya años el poeta? Posiblemente no, pero a los climas de apocalisis vamos. Y nadie se molesta en pedir medidas enérgicas, como la subida del precio del agua, que ha solicitado un lúcido colaborador de estas páginas, el profesor Antonio Ruiz de Elvira, cuyas son algunas de las predicciones que hemos expuesto arriba, MIGUEL GARCIA-POSADA