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viernes, 12 de mayo de 2006

Que Marcel Proust es uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, lo sabe todo el mundo, o casi todo el mundo: por alto cargo gubernamental y cultural palpita muy palpitante, sobre todo en su pasión por las fotos, la propia, que ha afirmado que Proust era un imbécil. Gracias mil. un millón, por la ignorancia desvelada. Pero hay una forma más sutil de la ignorancia y es el silencio que, casi sin excepción, ha guardado la prensa española ante la aparición de la edición y traducción en tres volúmenes de “En busca del tiempo perdido” debida a Mauro Armiño y publicada en suntuosos tomos por ediciones Valdemar, que no ha contado con subvención alguna: miles de paginas que van acompañadas por un exhaustivo aparato de notas, el más abundante con que cuenta ningún clásico entre nosotros.

En vista de lo cual la prensa ni se entera. Su sordera indica el grado exacto de su ignorancia. Esa prensa que predica todos los días, todas las tardes, todas las noches y todas las madrugadas sobre lo divino y lo humano. Tan burriparlante, tan burriciega, tan ella. Las excepciones, que las hay, se cuentan con los dedos de la mano y sobran dedos.

MIGUEL GARCÍA-POSADA

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