Mientras la muchachada francesa ocupa las calles de Francia protestando contra los contratos basura, la nuestra, o parte de la nuestra, se libera, o se divierte, o se olvida de sus preocupaciones concentrándose en torno al Botellón, invento fáustico con el que decir adiós a las cuitas mundanas.
Las comparaciones son odiosas, pero a uno le remuerde el alma viendo el despliegue de energías cívicas en Francia y el despilfarro etílico español. Sin duda que nuestros muchachos están acosados por graves problemas: la vivienda inaccesible, el empleo precario, el nivel adquisitivo por las nubes... Pero, habrá que admitirlo, la manifestación de tales aflicciones, en la medida en que tengan que ver con el Botellón, no es demasiado afortunada. Por lo demás, los sociólogos son quienes están obligados a trazar la etiología de fenómenos de esta índole. MIGUEL GARCÍA-POSADA