Ni sabe uno exactamente por qué, pero un conocido columnista ha decidido execrar a uno de nuestros clásicos mayores: Luis de Góngora. Lo ha lllamado así "clérigo jugativo, poeta de versos sin ideas y andaluz extravagante que retorció el idioma para embellecerlo".
Se ve que se ha levantado la veda y si un actual secretario de Estado llama a Mercel Proust "imbécil", ahora el columnista de marras arremete contra uno de los mayores poetas europeos de su tiempo. Si no hubiera sido, añade, por los poetas del 27, Góngora estaría "en el panteón de los pelmazos". De modo que el popular columnista se ha tragado sin rechistar durante años las horrísonas filípicas dominicales de su director, pero no puede, el pobre, con un solo verso de Góngora. Ni siquiera con el muy tierno "a batallas de amor campos de pluma". Decididamente, no está hecha la miel para la boca del asno. Nuestro comentario, poco piadoso, lo reconocemos, está, no obstante, a la altura --mejor sería decir a la bajura-- de las palabras necias del columnista. La libertad de expresión tiene estas contrapartidas. Palabras libres, pero necias. MIGUEL GARCÍA-POSADA