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martes, 24 de enero de 2006

 

El proyecto de ley presentado por el Gobierno  sobre los menores de edad y sus repercusiones penales contempla la posibilidad  de enviar a los menores a un centro penitenciarios de adultos al cumplir los dieciocho años. El Defensor del Menor de la Comunidad cree que sería "una medida inhumana, de impotencia". Con todos los respetos, nos permitimos disentir. Si el menor tiene las manos manchadas de sangre, la ley debe ser implacable y, sí, humana: la vida es el máximo valor de una sociedad civilizada y quien atenta contra ella debe pagar las consecuencias, por muy duro que resulte. Hay casos flagrantes en que los autores de un asesinato, so capa de la edad, andan a estas horas, o van a andar  pronto, risueños por el mundo, como si nada  hubiera ocurrido. O le damos el máximo valor --valor absoluto-- a la vida humana o ya podemos despedirnos de construir una sociedad ordenada y justa. Porque nos convertimos, lo queramos o no, en cómplices. "Yo no comparto el crimen", dijo el poeta; dejarlo impune es un modo efectivo de compartirlo.

 

MIGUEL GARCÍA-POSADA

 


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