Ya hay un teléfono con esta denominación: un teléfono para desesperados, como suelen ser estos teléfonos; el sujeto es novedoso: el profesor acosado. A este extremo hemos venido. Acoso por arriba, acoso por abajo. Así no hay ley que valga. O se restablece el orden en la escuela con todas sus consecuencias, aunque los llamados "demócratas" se mesen los cabellos, o aquí no hay nada que hacer. Verdad de Perogrullo, ¨"autoritaria" pero evidente: uno no puede dar clase viendo cómo Pepito le apunta con un tirachinas o le hace un corte de mangas o charla con un "colegui" o ríe como un borrachín o mira, hastiado, para otra parte. Ya pueden los políticos decir lo que quieran, que todo será agua de borraja, ceniza que se lleva el viento, vilano en el aire, es decir, nada, dicho de manera más prosaica. La próxima vez la Unión Europea nos pone un cero con rabo. Lo merecemos. Una amiga nuestra tuvo que soportar el gravísimo insulto de un chiquilicuatro. Se quejó a la directora, que excusó al insultador con liberalidad. Hoy, querida amiga, no se te ocurra ir a la directora. Al teléfono, al teléfono del defensor. A ver qué pasa. Peor no pueden ir las cosas.
MIGUEL GARCÍA-POSADA