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lunes, 17 de octubre de 2005

 

La Audiencia de Guipúzcoa ha endurecido las penas contra los siete menores condenados por acosar a Jokin, el adolescente de catorce años que se quitó la vida en Fuenterrabía en septiembre de 2004. Bien está ese endurecimiento, que corrige a la juez de menores de San Sebastián: pero lo que urge reformar es la ley del menor, esa increíble petición a <<sensu contrario>> de la pena de muerte, porque si la vida de un niño vale  el internamiento por un año de sus asesinos en un reformatorio, en poco valoramos la vida humana. Esta constituye el valor máximo, indiscutible, cenital. Somos contrarios por convicción y por sentimiento a la pena capital, pero cuando se pone tan bajo precio a la vida de un hombre se están abriendo las compuertas para que penetre el torrente de la punición máxima. Los inductores de Jokin al suicidio eran adolescentes, tenían, pues, uso de razón; la adolescencia no puede dar patente de corso para la comisión de actos tan graves como el que aquí se refiere.

 

MIGUEL GARCÍA-POSADA

 


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