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lunes, 27 de junio de 2005

 

Existió de siempre, pero no estaba protegido. Ahora, en cambio, sí lo protege, en especial, la falsa pedagogía de la no delación. Un escolar puede presenciar monstruosidades, todo, pero todo es nada ante la acusación o sospecha de chivatismo. Ya van varias víctimas mortales del matonismo y del horror a  la chivatería, como si denunciar el mal fuera una forma  abyecta  de la solidaridad. Urge, además, reformar los reglamentos; los expedientes no pueden prolongarse hasta resolverse en nada. Los directores deben tener derecho como medida cautelar a la expulsión provisional de los alumnos conflictivos. Por el filantropismo rousseauniano acabamos en las víctimas que dejan caer sus almas y sus cuerpos torturados contra el suelo.

P.D. Es urgente, ante todo, reformar le Ley del Menor, esa monstruosidad que un turbio día aprobaron las Cortes Generales. Las Cortes no son infalibles y pueden equivocarse. Pensar lo contrario es caer en la superstición de la democracia.

 

MIGEUL GARCÍA-POSADA


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