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martes, 19 de abril de 2005

 

 

Era inevitable que el pintoresquismo compareciera en la efeméride cervantina. Ya tenemos varios ejemplos: el último, la ocurrencia de un grupo de científicos de escribir las diez primeras líneas del <<Quijote>> en un espacio de dos por cuatro micras (millonésimas de metro) sobre una plaquita de silicio. O sea, que no la ve ni su padre. Se justifica la  cosa por las aplicaciones que puede tener la técnica empleada en otros campos. Pues a esperar la cosecha, opima y generosa. Porque de lo contrario dará la impresión de los que tales científicos matan sus ocios bordando su peculiar punto de cruz.

MIGUEL GARCÍA-POSADA


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