He leído atentamente el
blog del día sobre energía nuclear en la bitácora
Renovables y Medio Ambiente
y he de confesar que me ha invadido un cierto desasosiego. No dudo de
las nobles intenciones de su editor ni de la honestidad intelectual del
autor del artículo (que no va firmado y por tanto no puedo citar), pero
creo que todo espacio de divulgación científica que se precie debería
tratar de mantener el mayor rigor posible y no caer en excesivas simplificaciones, incorrecciones y trampas intelectuales (empezando por el propio, por supuesto, nunca libre de culpa y siempre bajo sospecha). Se puede ser
partidario, detractor o neutral frente a la energía nuclear y mantener
perfectamente la coherencia. También es igual de posible realizar una argumentación
inteligente en uno y otro sentido, porque en última instancia (y en mi
humilde opinión), el debate tras el modelo energético es el del modelo
de sociedad que pretendemos para el futuro, asumiendo todos los pros y
los contras que ello implique.
A estas alturas de la película, son
pocos los que defienden que se puede vivir en los bosques y mantener al mismo tiempo el
nivel de bienestar, cobertura médica y servicios de una sociedad
desarrollada. Tener una casa en el campo cuesta, y si todos tuviéramos una, se acabaría el campo tal y como lo concebimos. De la misma manera, somos muchos los que comprendemos que una
industrialización desmesurada tiene graves repercusiones sobre el medio
ambiente y que ésta amenaza gravemente a la evolución natural del planeta. Es por ello que en el debate sobre modelo energético que se avecina, resulte imprescindible huir de las posturas dogmáticas y de las medias verdades, que
desgraciadamente son muchas. Para que podamos decidir en conciencia deberemos estar bien informados, porque habrá que hacer sacrificios en uno u otro sentido. Trataré de ir contestando a los
puntos más relevantes y que considero incorrectos del artículo de nuestros compañeros de
"Renovables y Medio Ambiente", aunque me va a
llevar tiempo. Sin embargo, déjenme aprovechar que es verano y comenzar
por
uno que me resulta divertido y original: la acusación "velada" de que
las centrales
nucleares contribuyen al calentamiento global porque emiten vapor
de agua.
El punto de
Energía Nuclear: sí sé, no sé en cuestión dice así:
Es falso que [las centrales nucleares] no emitan CO2 ni gases contaminantes,
por lo que no servirían para disminuir los efectos del cambio
climático. No producen gases en el momento de la generación eléctrica,
pero sí en las etapas de extracción del uranio en las minas, en su
enriquecimiento, construcción de la central, desmantelación y gestión
de residuos. Las centrales nucleares precisan de gran cantidad de agua
para la refrigeración emitiendo de esta manera una gran cantidad de
vapor, que es un gas con un gran poder de efecto invernadero mucho
mayor que el del CO2...
Sobre el primer argumento, que es el verdaderamente serio en el debate, recomiendo a
nuestros lectores que revisen el artículo de esta bitácora sobre el
IPCC, cambio climático y energía nuclear. Aún así, permitanme destacar aquí la frase relevante al respecto: "En su "
Summary for policymakers" (resumen para responsables de políticas) del 16 de Noviembre de 2007, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (
IPCC)
clasifica a la energía nuclear dentro de las tecnologías clave
comercialmente disponibles que contribuyen a mitigar el cambio
climático."
El autor del artículo de "Renovables y Medio Ambiente" parece no estar
de acuerdo con las conclusiones del IPCC, que sí reconoce el aspecto
positivo de la energía nuclear en lo que al control de emisiones se
refiere. Su respuesta no parece pues exenta de controversia, y es
lícito plantearse a quién debemos hacer más caso.
Respecto al argumento sobre el agua, que es el punto pintoresco y divertido, se resume en:
Premisa 1. Las centrales nucleares emiten vapor de agua a la atmósfera
Premisa 2. El vapor de agua es el principal gas invernadero y responsable del 60%-70% del efecto invernadero
Conclusión: las centrales nucleares contribuyen al efecto invernadero porque emiten vapor de agua.
El vapor de agua es, por masa y volumen, el gas invernadero
dominante
en la atmósfera y responsable del 60%-70% del efecto invernadero
terrestre. Dicho dato resulta de varios modelos climáticos y es
aceptado por el IPPC (panel intergubernamental para el cambio
climático). También es relevante decir que el vapor de agua atmosférico
es, en su práctica totalidad, de origen
natural, y que la producción de vapor de agua de las 450 centrales
nucleares que existe en el mundo no se acerca, ni de lejos, a la
magnitud de la evaporación de agua proveniente toda la masa oceánica.
Puede que este dato sea suficiente para muchos, pero siempre quedarán
algunos escépticos preocupados por un hipotético (e inverosímil) aumento del parque de
reactores nucleares de 500 a 10000 unidades o, peor aún, que una
pequeña variación en la concentración de vapor de agua atmosférico
suponga un cambio drástico en el comportamiento de la atmósfera gracias
el llamado "efecto mariposa".
Para
tranquilidad de todos, la explicación de por qué el agua no parece ser
el causante del calentamiento global no natural (que parece estamos
experimentando durante los últimos cien años) es mucho más simple. La
cantidad de agua que puede mantener la atmósfera en forma de vapor es
constante y solo depende de su temperatura: cuánto más caliente está el
aire, más vapor de agua puede contener. Este fenómeno se conoce como
"saturación" y, cuando se sobrepasa el valor máximo, se producen las
precipitaciones. Si la temperatura media del planeta permanece
constante, la cantidad de vapor de agua en la atmósfera permanece
invariable y por tanto, también su contribución al efecto invernadero.
Y si la temperatura atmosférica aumenta, la concentración de vapor sube
correspondientemente, pero dicho efecto no es la causa del
calentamiento planetario, sino una consecuencia del mismo. Por decirlo
de una manera sencilla (y por tanto siempre errónea, porque en
climatología no hay nada sencillo), da igual la cantidad de vapor de
agua que se emita a la atmósfera, al cabo de unos pocos días/semanas,
el agua retorna a la corteza terrestre en forma de precipitación.
Otros
gases de efecto invernadero, por el contrario, tienen un periodo de
permanencia muy superior, como ocurre con el CO
2, cuyo periodo de
permanencia en la atmósfera puede durar entre 50 y 200 años. Se estima
que el dióxido de carbono es responsable de un 25% del efecto
invernadero y, a diferencia del agua, su concentración en la atmósfera
sí ha aumentado sustancialmente desde la revolución industrial, de las
280 partes por millón en 1800 a las 380 partes por millón de nuestros
días. Es por ello que hay un amplio consenso (con notables
y a veces bien argumentadas disidencias) sobre el origen del efecto invernadero "aumentado" (
enhanced greenhouse effect), también llamado antropogénico (en honor a su origen humano) o no natural.
Así
pues, creo que acusar a la energía nuclear de contribuir al efecto
invernadero antropogénico le hace un flaco favor a la verdad (entendida a veces como una opinión consensuada), a la
inteligencia y, puede que en última instancia, también al bienestar de nuestro planeta. Para
concluir, recomiendo a los lectores la lectura del artículo de esta
bitácora sobre
los peligros de la manipulación (y perdón por el autobombo). Refleja exactamente lo aquí expuesto con un ejemplo práctico sobre lo fácil que es generar opiniones negativas hacia elementos inocuos.
Daniel Cano Ott
Nota añadida a instancias de un lector crítico. Mi referencia a "
los peligros de la manipulación" pretende ilustrar como es posible que personas "malintencionadas" pueden crear una opinión negativa que no se sustenta técnicamente. Dado que al principio del artículo he manifestado mi total confianza sobre la honestidad de los ponentes de "Renovables y Medio Ambiente", no me ha parecido necesario volver a insistir en ese punto al final del artículo. Pero como cualquier texto puede estar sujeto a malas interpretaciones, añado aquí que "
los peligros de la manipulación" no es una alusión directa o indirecta hacia la praxis de nuestros compañeros de "Renovables y Medio Ambiente", y sí un ejemplo de lo fácil que es inducir a error y de las graves consecuencias que ello tiene cuando se realiza de manera deliberada e intencionada.