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jueves, 02 de julio de 2009

Hay hechos que se escapan al entendimiento racional, y el cierre de Garoña es uno de los más recientes ejemplos. A pesar de la opiniones favorables del Consejo de Seguridad Nuclear -el cuerpo técnico regulador en materia nuclear-, de los sindicatos CCOO y UGT, de destacados miembros del PSOE o de la Industria en su conjunto, a pesar de vivir inmersos en la mayor crisis de los últimos 50 años, con un número de parados cercano a los 3.600.000, a pesar de los pesares, el gobierno de España ha tomado la decisión política de cerrar la central nuclear de Garoña en el año 2013.

Hoy, el ministro de Industria, Comercio y Turismo, Don Miguel Sebastián, ha afirmado en rueda de prensa que el cierre de Garoña "es políticamente coherente, laboralmente responsable, técnicamente justificable y energéticamente asumible". Ya no comprendo nada de nada.

¿Técnicamente justificable? ¿Laboralmente responsable? Si los dictámenes del CSN son correctos, ¿por qué los ciudadanos vamos a tener que desembolsar una cantidad de miles de millones de euros en un futuro plan de desarrollo para la región de Garoña si, a día de hoy, la zona ya está desarrollada? ¿Nos podemos permitir el lujo de desmantelar una industria y dejar a miles de personas en la calle por un mero capricho estético? O por el contrario, si el análisis del CSN no es técnicamente fiable y Garoña supone un peligro para la población, ¿acaso no debería el gobierno cesar de manera fulminante a sus consejeros? ¿Se puede aceptar que los consejeros del CSN no cumplan con su cometido y que pongan en peligro la seguridad de los ciudadanos? O lo uno o lo otro, o falla el CSN o falla el gobierno, y dado que no parece que se esté hablando de ceses en la cúpula del CSN, podemos aceptar implícitamente que el gobierno no dispone de razones técnicas y que la decisión del cierre de la central nuclear ha sido pura y meramente política.

¿Políticamente coherente? Siempre he querido suponer que las decisiones políticas deben sustentarse en argumentos técnicos y en una información solvente. De lo contrario, la política se convertiría en un pito pito gorgorito, muchas veces electoralista, con consecuencias impredecibles y probablemente nefastas. Pero tras escuchar las declaraciones de varios miembros del gobierno, incluido el mismísimo presidente, me surgen enormes dudas sobre la coherencia de la decisión. ¿Está el presidente del gobierno tan mal asesorado como para repetir, una vez más, que no hay más que una central en la situación de Garoña y que ésta se va a cerrar? ¿Es que ninguno de sus asesores le ha corregido los terribles gazapos de su famosa entrevista en la Cadena 4?  ¿Son el Sr. Hugo Morán, secretario de Medio Ambiente y Desarrollo Rural del PSOE, y la "fundación Caldera" autoridades competentes en materia de seguridad nuclear y responsables del futuro plan energético nacional? Mi pregunta surge de unas declaraciones del Sr. Morán al diario Público, en las que cuestionaba la capacidad técnica del CSN: "el Consejo de Seguridad Nuclear dice que Garoña puede funcionar hasta 2019. Pero no conozco ninguna central nuclear que haya tenido un accidente de gravedad que no estuviera respaldada por el Consejo de Seguridad Nuclear de su país. El CSN no es infalible."

¿Energéticamente asumible? El gobierno ha sostenido que la electricidad producida por Garoña no es necesaria. Paradójicamente, la central de Garoña será reemplazada con gran probabilidad por una central de ciclo combinado; ya hay varias en el tintero, pendientes de ser aprobadas. Así pues, si Garoña no era necesaria, ¿por qué construir centrales que no hacen más que aumentar las emisiones de CO2 y alejarnos más aún de los objetivos de Kyoto (España está a casi el doble de lo asignado)? Y que no se engañe nadie, no. El CO2 no es para tomárselo a broma, porque España va a tener que pagar miles de millones de euros en concepto de derechos de emisiones y adivinen de qué bolsillos va a salir el dinero. Y si por el contrario Garoña sí era necesaria, ¿por qué cerrar una central ya amortizada, avalada por los técnicos, para construir una nueva? ¿Somos tan ricos como para permitirnos el despilfarro?

Lo verdaderamente indignante de la cuestión no es el cierre de Garoña, que sí es una materia perfectamente discutible. Lo indignante es cómo se ha gestado desde el populismo y el electoralismo, con demagogia y con argumentos técnicamente falsos. Y no hablo de Greenpeace o Ecologistas en Acción, que cumplen con una necesaria función de contrapeso social defendiendo posturas extremas. Hablo de los más altos estamentos del país, de nuestro gobierno, que debería estar por encima de los intereses particulares y velar por los intereses generales de la sociedad. Tampoco basta con decir que en un programa electoral aparece esto o aquello. La redacción del programa electoral del PSOE en materia nuclear estaba lo suficientemente bien formulada como para hablar de vida útil de las centrales nucleares, y no de vida de diseño. Vida útil, he ahí el quid de la cuestión. El CSN ha dictaminado que la vida útil de la central de Garoña es 10 años superior a la vida de diseño y que ésta podía seguir funcionando tras sufrir algunas actualizaciones. Y como bien apuntó Don Felipe González, tal resolución no causaba conflicto programático alguno. Aquí lo que ha sucedido es algo muy distinto. El gobierno de la nación ha decidido cerrar Garoña sin más, sin esgrimir argumentos sólidos y sin dar razones justificadas. ¿Es esto lo que esperamos que suceda en una sociedad moderna, democrática y civilizada?

Daniel Cano Ott

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