Manuel Fernández Ordóñez
El hipotético cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña está avivando el debate sobre este tipo de energía en nuestro país. Pero mientras pedimos un debate serio y sereno, fundamentado en argumentos técnicos y huyendo de falacias catastrofistas que nada tienen que ver con la realidad, hay otras personas (las de siempre) empeñadas en martirizar a la opinión pública con sus falsos discursos apocalípticos. La última aportación a la mediocridad del intelecto la hace un viejo conocido de la exégesis medioambientalista radical. Uno de esos para los que la verdad es un mero "estado del alma" irrelevante en cuestiones terrenales como pueden ser seguir captando dinero de los simpatizantes de Greenpeace para vivir liberado con un buen sueldo por sembrar discursos apocalípticos atómicos. Esos mismos que me acusan a mí de vivir del sueldo de las eléctricas o del Foro Nuclear (cosa rotundamente falsa) mientras son ellos los que viven de todo lo contrario. Les reto desde aquí a hacer públicas nuestras respectivas nóminas, así sabremos quién nos paga a cada uno.
Carlos Bravo, representante de Greenpeace en materia nuclear, se ha desmarcado con unas declaraciones en el el diario La Razón que merecen ser comentadas. No es que quiera darle credibilidad a semejante lego en la materia, pero me gustaría que nuestros lectores tuvieran los elementos técnicos adecuados para enfrentarse a una toma de decisiones reposada y reflexionada, para poder decidir con la información adecuada y elevar (por mucho que a algunos les pese) el nivel de nuestra democracia.
Este señor habla continuamente de la "inseguridad" y peligrosidad de la central de Garoña. Vaya por delante que Carlos Bravo no tiene ninguna autoridad para hablar de este tema. En primer lugar porque no posee los conocimientos necesarios para ello (se ha encargado de demostrarlo una y otra vez) y en segundo lugar porque el único organismo en España que tiene autoridad para pronunciarse acerca de la seguridad de las centrales es el Consejo de Seguridad Nuclear. Y es el único que tiene esa autoridad porque así lo determina la Ley 15/1980 de la legislación española. Ni el señor Bravo ni yo tenemos la autoridad para decidir si una central nuclear es segura o no lo es.
Dice Carlos Bravo, cenotafio dialéctico de la ignorancia y la desinformación: "Es una central obsoleta y peligrosa...[]...es de un tipo de reactor tan antiguo que está fuera de normativa". Pues bien, es difícil mentir tanto en una única línea de texto. Tome nota señor Bravo, a ver si aprende, al menos, a disimular su ignorancia. La central de Garoña pertenece al tipo de reactores BWR serie 3 y contención Mark I, con diseño de General Electric y en el mundo hay 94 reactores de este tipo. En Estados Unidos hay 23 centrales de diseño similar al de Garoña, de las cuales 17 han obtenido la renovación para operar hasta los 60 años. De las centrales que sirvieron como base de diseño de Garoña, lo que se conoce como centrales de referencia, han sido renovadas las licencias de las centrales de Dresden 2 (2004), Monticello (2006) y Oyster Creek (esta última el pasado mes de abril). La central de Garoña fue construida cumpliendo los mismos criterios de seguridad (normativa del país de origen del proyecto) que se requerían a las centrales similares en EEUU. No obstante, tanto por el desarrollo de la regulación como por las lecciones aprendidas tras Three Mile Island, el CSN consideró necesario someter la central a un programa de reevaluación de la seguridad que, hasta 1998, conllevó numerosas modificaciones y mejoras de diseño en múltiples sistemas; construcción de nuevos edificios (tratamiento de residuos y control de accesos), adaptación de ETFs, elaboración de procedimientos, revisión de documentos y la ejecución del primer Análisis Probabilista de Seguridad (APS) de nivel 1 de España. Y todo esto no lo digo yo señor Bravo, lo dice el Consejo de Seguridad Nuclear. Por tanto es MENTIRA que la central nuclear de Garoña esté obsoleta y fuera de normativa. MIENTE usted señor Bravo, como tantas otras veces. La central de Garoña ha ido mejorando y renovando, de manera continua, sus sistemas de seguridad y cumple escrupulosamente la normativa vigente. No está obsoleta y cumple la normativa.
Continúa el señor Bravo con su falaz disertación: "Está agrietado el 70% de los tubos que atraviesan la vasija del reactor...[]...y es un problema muy preocupante...". MIENTE de nuevo señor Bravo. El problema se resolvió a través del expansionado de los tubos guía de las barras de control y mediante la instalación de sellos mecánicos para garantizar la integridad estructural de las penetraciones de la vasija del reactor. El Consejo de Seguridad Nuclear mantiene un programa de vigilancia de esos tubos y la última revisión de los manguitos se llevó a cabo durante la reciente parada por recarga de la central (hace apenas tres meses). En ella no se ha detectado ninguna novedad y el acta de inspección correspondiente está disponible en la web del Consejo de Seguridad Nuclear desde el 18 de marzo según ordena la legislación vigente señor Bravo, porque las leyes están para cumplirlas. Por cierto, este problema en los tubos se debe al proceso de fabricación de los mismos, por tanto, apareció en más centrales de este tipo como la de Oyster Creek cuya vida, reitero, se ha extendido 20 años más hace tres meses. No en vano el Consejo de Seguridad Nuclear ha dictaminado: "No constituye un riesgo de fallo repentino de la barrera de presión del refrigerante del reactor, ni impide la operabilidad del sistema de accionamiento de las barras de control. Este agrietamiento no es un problema de seguridad". MIENTE usted señor Bravo, como tantas otras veces.
En definitiva, señor Bravo, habla usted de oídas como siempre y miente como tantas otras veces. Permítame recordarle, de todos modos, que vivimos en un país democrático con una legislación plenamente establecida y vigente. No tire usted piedras para luego esconder la mano. Si está acusando usted al Consejo de Seguridad Nuclear de dejación de funciones, prevaricación o negligencia vaya usted a un juez, no haga discursos alarmistas y falaces. Si la central de Santa María de Garoña es insegura, una bomba a punto de explotar y un peligro para la población vaya usted a un juez, no haga discursos de cara a la galería para justificarse el sueldo. Le recuedo, señor Bravo, que el código penal español dice en su artículo 341: "El que libere energía nuclear o elementos radiactivos que pongan en
peligro la vida o la salud de las personas o sus bienes, aunque no se
produzca explosión, será sancionado con la pena de prisión de quince a
veinte años, e inhabilitación especial para empleo o cargo público,
profesión u oficio por tiempo de diez a veinte años".
Pero ustedes nunca van a un juez en temas nucleares...¿será por algo, verdad señor Bravo?