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miércoles, 13 de mayo de 2009

Manuel Fernández Ordóñez

Antes de ayer, 11 de Mayo de 2009, el Ministerio de Industria impuso al explotador del reactor nuclear número 1 de la central nuclear de Ascó la mayor multa jamás impuesta a una central nuclear en España: 15,4 millones de euros. Y yo que quieren que les diga, no me parece demasiado. A pesar de que el incidente no supuso ninguna causa de peligro a persona alguna ni al medio ambiente, el comportamiento y la gestión de los explotadores de dicha central causó otros muchos daños colaterales inadmisibles para los que, como yo, defendemos la energía nuclear por principios, por honor a la Ciencia, a la verdad y sin estar en nómina de la industria nuclear (aunque muchos me tachen de lo contrario). Pero vayamos por partes.

En Cataluña hay tres reactores nucleares que producen, aproximadamente, el equivalente al 75% de la electricidad generada en esa comunidad autónoma: Vandellós-II, Ascó-I y Ascó-II. Los tres reactores nucleares están dirigidos por una empresa llamada ANAV (Asociación Nuclear Ascó-Vandellós) de la que forman parte Endesa e Iberdrola. Esto está bien comentarlo porque muchas veces parece que las centrales nucleares españolas no son de nadie o que sus propietarios se esconden detrás de otras formas de generación eléctrica digamos... mejor vistas por la opinión pública. En particular, el reactor nuclear de Ascó-I pertenece 100% a la empresa Endesa. Entremos por tanto en antecedentes.

Recomiendo al lector ávido de datos que lea las actas originales de las sucesivas inspecciones del Consejo de Seguridad Nuclear a la central de Ascó después de que se destapara el culebrón. Las versiones escaneadas de las mismas pueden encontrarse, según estipula la Ley 27/2006, en la web del CSN dentro del siguiente apartado . Haremos, de todos modos, un breve y somero resumen.

  • En noviembre de 2007 el reactor nuclear detiene su operación para una recarga de combustible.
  • Durante el proceso de recarga se contamina con unos lodos radiactivos una rejilla de ventilación del edificio de combustible.
  • La central nuclear de Ascó no notifica nada al CSN.
  • No se sabe muy bien cuándo, parte de esos lodos salen en forma de "arenilla" al exterior a través del circuito de ventilación.
  • En Marzo de 2008 el personal de la central detecta pequeñas trazas de radiactividad fuera del edificio de combustible.
  • La central de Ascó no notifica nada al CSN.
  • Al final el CSN se entera.
  • El CSN abre una investigación y se dan cuenta de que Ascó lleva meses ocultando el tema.

La cosa podría entrar más en detalles, pero los mismos son tan vergonzosos -como podrán ustedes comprobar en las actas originales- que prefiero ahorrármelos porque no añadirán nada a la esencia del debate. Todo el mundo echándose las culpas unos a otros, todo el mundo mirando para otro lado y diciendo que se enteraron por la prensa, en fin...lamentable.

Las razones que llevaron a la dirección de la central a realizar esas acciones sólo ellos lo saben. Varias pueden ser las hipótesis, posiblemente creyeron que la contaminación era mínima, que nunca saldría del edificio de combustible y que podrían descontaminarla con facilidad. Tal vez pensaron que si notificaban el suceso al CSN les obligarían a parar la central durante un tiempo hasta que todo estuviera descontaminado. En cualquier caso, la manera de operar de la dirección de la central, así como su forma de gestionar el incidente fueron francamente desafortunadas, totalmente fuera de lugar y completamente inadmisibles. Insisto, aunque no se haya puesto en peligro, en ningún momento, a ninguna persona ni al medio ambiente, comportamientos como éste no pueden tolerarse en el sector nuclear (y no deberían tolerarse en ningún ámbito de la industria, aunque en casi todos se hace). Y no deben tolerarse por las implicaciones sociales y mediáticas que ello acarrea, por la desconfianza que genera en la opinión pública y por la sensación de falta de transparencia que transmite. Esto, por supuesto, no afecta de modo alguno a la seguridad de las centrales ni al modo total e intrínsecamente seguro en el que se operan. Pero, cuando de energía nuclear se trata, la mujer del César no sólo tiene que ser honesta, sino que también debe parecerlo.

Como consecuencia de todo esto, el Ministerio de Industria (a instancias del CSN) le ha impuesto 15,4 millones de euros de multa a la central de Ascó por 4 infracciones graves:

  1. Emisión radiactiva con potencial de superación del límite anual de dosis para miembros del público en el interior del doble vallado de la central (infracción grave en grado máximo).
  2. No establecer el control de contaminación externa del personal una vez descubierta la contaminación del emplazamiento y no clasificar, señalizar y delimitar radiológicamente las zonas de libre acceso de la central tras la detección de las partículas radiactivas en dichas zonas (infracción grave en grado medio).
  3. No haber notificado los hallazgos de partículas desde el 14 de marzo de 2008 hasta el día 4 de abril de ese año, que notificó el suceso, y por no haber proporcionado a la Inspección Residente información pronta y veraz sobre la contaminación en zona de libre acceso entre esas mismas fechas (infracción grave en grado medio).
  4. Incumplir el Manual de Protección Radiológica, al no dejar constancia en los registros de vigilancia de la contaminación encontrada en zonas de libre acceso (infracción grave en grado medio).

Ahora bien, ¿consideran ustedes que 15 millones de euros es mucho o poco como cuantía de la multa? Haciendo la cuenta de la vieja, teniendo en cuenta la producción de la central en 2007 y el precio medio del pool eléctrico de ese año, la multa corresponde a la cuantía de la electricidad vendida por la central en 15-20 días. Si tenemos en cuenta otros factores como los gastos de operación y mantenimiento o los gastos de amortización podemos elevarnos a la cuantía de 2 meses de producción eléctrica. Teniendo en cuenta que este incidente ha sido de los más graves acontecidos en la historia nuclear de España creo que la cuantía de la multa es insuficiente. Quiero reiterar una vez más que la inocuidad para la población y el medio ambiente de este incidente no hace sino remarcar la seguridad con la que operan las centrales nucleares en nuestro país, puesto que aún siendo éste uno de los incidentes más graves jamás acontecidos no ha tenido ninguna consecuencia. Sin embargo, este manera de proceder intolerable ha transmitido una inseguridad a la población acerca de la transparencia de la industria nuclear y ha echado por tierra los esfuerzos de muchas personas que defienden la energía nuclear por principios y no por intereses económicos. Ese grupo de personas, entre las que me incluyo, no defendemos ni toleramos estas políticas de ocultismo a nuestro organismo regulador y consideramos que este tipo de comportamientos deben perseguirse con todos los medios que nuestra legislación permita. Apoyo, por tanto, públicamente la decisión del Ministerio de Industria de imponer una multa de cuantía elevada, deseando que todos hayamos aprendido la lección.

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