Enviado el miércoles, 19 de marzo de 2008 7:11
Daniel Cano Ott
Hoy me he levantado con una triste noticia:
Sir Arthur C. Clarke, escritor, inventor y visionario, ha fallecido en Colombo (Sri Lanka) a la edad de 90 años. Con él muere el último de los tres grandes de la Ciencia Ficción,
Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y
Robert A. Heinlein, y finaliza una época.

Arthur C. Clarke (1917 - 2008)
Los libros de Clarke me ayudaron a traspasar la barrera de la localidad y a
contemplar la tierra y a sus habitantes desde el exterior, como ese "
guijarro en el cielo" que
concibiera magistralmente Asimov para el título de una de sus novelas.
En mi "
cita con Rama", viví con angustia la exploración humana de una gigantesca nave extraterrestre visitando nuestro sistema solar y comprendí que no estamos sólos. "
2001, una odisea del espacio", me ayudó a descubrir la ingeligencia artificial y a extender mi concepto de consciencia. Bebí el elixir de "
las fuentes del paraiso" y pulsé el botón de la última planta del ascensor: el espacio. Seguí tímidamente el ejemplo del joven Alvin, protagonista de "
la ciudad y las estrellas", y se despertaron en mi fuero interno los instintos adolescentes de rebeldía y exploración. Y tras escuchar los "
cánticos de la lejana tierra", mi espiritú se rindió ante la evidencia de nuestra finitud y la de todo lo que nos rodea.
Con Clarke me hice adolescente, y gracias a él y a otros seguí el camino de la ciencia. Sus ficciones, a veces convertidas en realidad, me animaron a crear y definir las propias. Por eso su muerte es algo más que la victoria de la entropía sobre el orden biológico de un conjunto de células. Cierra otro capítulo más de los muchos que forman una vida y me acerca a "
el fin de la infancia".