En efecto, se proponían las siguientes respuestas para la pregunta
¿estás a favor de que el gobierno impulse la energía nuclear? :
- Sí porque es una energía que no contamina y permite afrontar los futuros problemas de abastecimiento.
- No, hay que apostar por las renovables.
- Sólo en caso de que se mejore la seguridad y se dé una solución a qué hacer con los residuos.
Los argumentos no plantean verdaderas disyuntivas y mezclan escenarios
de forma confusa o inexacta. En primer lugar, uno puede estar a favor
de la energía
nuclear por otras razones de las sugeridas. Además, la razón esgrimida
lleva trampa, porque no es cierto que la
energía nuclear no contamine. Cualquier actividad humana lo hace,
aunque sea posible argumentar
racionalmente (y a veces hasta convencer a los más obcecados) que
contamina menos que otras y, en concreto, menos que el carbón.
En segundo lugar, estar a favor de
la producción eléctrica nuclear no implica prescindir de las energías renovables. Éste es un error de concepto que cometen muchos. Por el contrario, la
práctica totalidad de los estudios energéticos serios (que conozco) y
que abogan por el uso de la energía nuclear, contemplan un desarrollo
muy superior de las energías renovables. Por ejemplo, la prospectiva
energética
World Energy Outlook,
realizada por la Agencia Internacional de la Energía, contempla
mantener la cuota de energía nuclear eléctrica en el futuro (lo que
implica aumentar la potencia instalada, porque la demanda crecerá con
el tiempo) e incrementar sustancialmente la cuota de renovables. El
objetivo no es otro que reducir el peso del carbón y los hidrocarburos
en el mix energético y tratar de estabilizar las emisiones de CO
2
y de los "verdaderos" contaminantes. Y llegados a este punto, es
necesario matizar que, incluso para el escenario más agresivo,
reducir significa
estabilizar la tasa emisiones al
doble de su valor actual, allá por el 2050, y seguir teniendo un sistema de producción dominado por el carbón y el petróleo.
En tercer lugar,
la seguridad de los reactores es de por sí elevada y la solución técnica del problema de los residuos está sobre la mesa. Por un lado, todos los diseños de nuevos
reactores incorporan nuevos elementos de seguridad pasivos y activos,
que superan a existentes en los reactores actuales: hoy sabemos mucho más que hace veinte
años. Pero la seguridad
de los reactores en funcionamiento también mejora continuamente gracias a la larga
experiencia de operación acumulada y a la incorporación de nuevos
protocolos y técnicas de inspección y vigilancia. Las centrales actuales ya son
seguras, y las del futuro lo serán aún más.
Sobre la cuestión de los residuos, muchos se olvidan de que el problema ya existe,
independientemente de que queramos continuar o no con la producción
nuclear eléctrica. Los 437 reactores en operación han generado y
generan residuos que habrá tratar adecuadamente, sin perjuicio para
las generaciones venideras. Y para ello existen unos importantes
esfuerzos en I+D sobre estrategias alternativas y/o complementarias para resolver el problema técnico:
- Se ha trabajado intensamente para garantizar la seguridad de un almacenamiento
geológico y que éste tenga un impacto mínimo para
el medio ambiente durante
un periodo de miles o decenas de miles de años. Si los romanos y los
egipcios fueron capaces de levantar construcciones que han perdurado
más de 2000 años, no es descabellado argumentar que la tecnología que
ha puesto al hombre en la luna sea capaz de construir algo tanto o más
perdurable. Y además de tales barreras artificiales, se emplean las
barreras naturales adicionales, mucho más estables en una escala de
tiempos que nuestro cerebro no está preparado para concebir. Tenemos
pruebas fehacientes sobre la inmovilización de residuos radioactivos
(del reactor nuclear natural de
Oklo) durante un periodo de dos mil millones de años.
- En paralelo, se están logrando importantísimos avances en las
técnicas para transformar los residuos radioactivos de vida larga en
elementos de vidas mucho más cortas. El objetivo es reducir al mínimo
el volumen de residuos y su tiempo de almacenamiento. Dichas
tecnologías, conocidas bajo el nombre de separación y transmutación, ya
están disponibles en fase experimental y podrían desarrollarse
industrialmente si existiese la decisión política. La transmutación en
sistemas nucleares subcríticos asistidos por acelerador (conocidos como
ADS) puede reducir en un factor 100 o incluso 1000 la cantidad de los
residuos a almacenar y lograr que, tras un plazo de unos pocos miles de
años, su toxicidad sea comparable a la de los elementos radioactivos
naturales.
- Para concluir, los reactores nucleares de cuarta generación (con
entrada en operación en el 2030) podrán eliminar sus propios residuos e
incluso eliminar, a un ritmo más lento que los ADS, los residuos
generados en la actualidad.
La verdadera cuestión en el debate nuclear, tal y como muchos la
entendemos, gira alrededor de la percepción que tiene la opinión
pública. No es fácil entender cómo funciona un reactor nuclear, ni
siquiera para algunos físicos, por lo que no es de extrañar que el
ciudadano de a pie se sienta confundido ante las tesis y antítesis
defendidas por unos y otros. Y también hay que contar con el debate "neurológico": activar los mecanismos cerebrales que rigen el miedo a
través del planteamiento de situaciones de peligro inminente da mucho
mejor resultado que un razonamiento lógico. Por eso, criticar la
energía nuclear apelando a los horrores de la radiación, que no mediante razonamientos técnicos, es
infinitamente más fácil que defender su efecto globalmente positivo
gracias a su impacto económico. Y de ahí mi sorpresa inicial: si los
votantes de la encuesta de El País son representativos, podríamos estar
a las puertas de un cambio de la opinión pública. Y de producirse, ¿sería ésta tenida en cuenta?