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lunes, 25 de febrero de 2008

Daniel Cano Ott

El diario El País ha realizado recientemente una encuesta sobre la energía nuclear. Otra de las muchas con una dudosa validez estadística y un resultado sorprendente. Porque de tener credibilidad, indicaría que el 65% de los votantes estarían a favor de que el gobierno de España impulsase la energía nuclear. El resultado, además de por lo holgado, me sorprende porque la encuesta estaba planteada con respuestas de lo más "peculiares" y para nada excluyentes.


En efecto, se proponían las siguientes respuestas para la pregunta ¿estás a favor de que el gobierno impulse la energía nuclear? :
  1. porque es una energía que no contamina y permite afrontar los futuros problemas de abastecimiento.
  2. No, hay que apostar por las renovables.
  3. Sólo en caso de que se mejore la seguridad y se dé una solución a qué hacer con los residuos.
Los argumentos no plantean verdaderas disyuntivas y mezclan escenarios de forma confusa o inexacta. En primer lugar, uno puede estar a favor de la energía nuclear por otras razones de las sugeridas. Además, la razón esgrimida lleva trampa, porque no es cierto que la energía nuclear no contamine. Cualquier actividad humana lo hace, aunque sea posible argumentar racionalmente (y a veces hasta convencer a los más obcecados) que contamina menos que otras y, en concreto, menos que el carbón.

En segundo lugar, estar a favor de la producción eléctrica nuclear no implica prescindir de las energías renovables. Éste es un error de concepto que cometen muchos. Por el contrario, la práctica totalidad de los estudios energéticos serios (que conozco) y que abogan por el uso de la energía nuclear, contemplan un desarrollo muy superior de las energías renovables. Por ejemplo, la prospectiva energética World Energy Outlook, realizada por la Agencia Internacional de la Energía, contempla mantener la cuota de energía nuclear eléctrica en el futuro (lo que implica aumentar la potencia instalada, porque la demanda crecerá con el tiempo) e incrementar sustancialmente la cuota de renovables. El objetivo no es otro que reducir el peso del carbón y los hidrocarburos en el mix energético y tratar de estabilizar las emisiones de CO2 y de los "verdaderos" contaminantes. Y llegados a este punto, es necesario matizar que, incluso para el escenario más agresivo, reducir significa estabilizar la tasa emisiones al doble de su valor actual, allá por el 2050, y seguir teniendo un sistema de producción dominado por el carbón y el petróleo.

En tercer lugar, la seguridad de los reactores es de por sí elevada y la solución técnica del problema de los residuos está sobre la mesa. Por un lado, todos los diseños de nuevos reactores incorporan nuevos elementos de seguridad pasivos y activos, que superan a existentes en los reactores actuales: hoy sabemos mucho más que hace veinte años. Pero la seguridad de los reactores en funcionamiento también mejora continuamente gracias a la larga experiencia de operación acumulada y a la incorporación de nuevos protocolos y técnicas de inspección y vigilancia. Las centrales actuales ya son seguras, y las del futuro lo serán aún más.

Sobre la cuestión de los residuos, muchos se olvidan de que el problema ya existe, independientemente de que queramos continuar o no con la producción nuclear eléctrica. Los 437 reactores en operación han generado y generan residuos que habrá tratar adecuadamente, sin perjuicio para las generaciones venideras. Y para ello existen unos importantes esfuerzos en I+D sobre estrategias alternativas y/o complementarias para resolver el problema técnico:
  • Se ha trabajado intensamente para garantizar la seguridad de un almacenamiento geológico y que éste tenga un impacto mínimo para el medio ambiente durante un periodo de miles o decenas de miles de años. Si los romanos y los egipcios fueron capaces de levantar construcciones que han perdurado más de 2000 años, no es descabellado argumentar que la tecnología que ha puesto al hombre en la luna sea capaz de construir algo tanto o más perdurable. Y además de tales barreras artificiales, se emplean las barreras naturales adicionales, mucho más estables en una escala de tiempos que nuestro cerebro no está preparado para concebir. Tenemos pruebas fehacientes sobre la inmovilización de residuos radioactivos (del reactor nuclear natural de Oklo) durante un periodo de dos mil millones de años.
  • En paralelo, se están logrando importantísimos avances en las técnicas para transformar los residuos radioactivos de vida larga en elementos de vidas mucho más cortas. El objetivo es reducir al mínimo el volumen de residuos y su tiempo de almacenamiento. Dichas tecnologías, conocidas bajo el nombre de separación y transmutación, ya están disponibles en fase experimental y podrían desarrollarse industrialmente si existiese la decisión política. La transmutación en sistemas nucleares subcríticos asistidos por acelerador (conocidos como ADS) puede reducir en un factor 100 o incluso 1000 la cantidad de los residuos a almacenar y lograr que, tras un plazo de unos pocos miles de años, su toxicidad sea comparable a la de los elementos radioactivos naturales.
  • Para concluir, los reactores nucleares de cuarta generación (con entrada en operación en el 2030) podrán eliminar sus propios residuos e incluso eliminar, a un ritmo más lento que los ADS, los residuos generados en la actualidad.
La verdadera cuestión en el debate nuclear, tal y como muchos la entendemos, gira alrededor de la percepción que tiene la opinión pública. No es fácil entender cómo funciona un reactor nuclear, ni siquiera para algunos físicos, por lo que no es de extrañar que el ciudadano de a pie se sienta confundido ante las tesis y antítesis defendidas por unos y otros. Y también hay que contar con el debate "neurológico": activar los mecanismos cerebrales que rigen el miedo a través del planteamiento de situaciones de peligro inminente da mucho mejor resultado que un razonamiento lógico. Por eso, criticar la energía nuclear apelando a los horrores de la radiación, que no mediante razonamientos técnicos, es infinitamente más fácil que defender su efecto globalmente positivo gracias a su impacto económico. Y de ahí mi sorpresa inicial: si los votantes de la encuesta de El País son representativos, podríamos estar a las puertas de un cambio de la opinión pública. Y de producirse, ¿sería ésta tenida en cuenta?

4:07 | gestionado por Daniel Cano, Manuel Fernández y José Luis Pérez | Enviar comentario (7)