He aquí algunos hechos sobre el monóxido de dihidrógeno:
- Se conoce también como ácido hidroxílico y es el componente principal de la lluvia ácida.
- Contribuye al efecto invernadero.
- Sus vapores pueden provocar quemaduras muy graves.
- Es un potente agente erosivo y degrada el medio ambiente.
- Es un agente corrosivo y oxidante.
- Puede provocar averías eléctricas y merma la eficacia de los frenos de automóviles.
- Ha sido hallado en los tumores extraídos a enfermos terminales de cáncer.
A pesar de todos estos peligros, el MODH continúa utilizándose indiscriminadamente:
- En las centrales nucleares.
- En procesos industriales como refrigerante y disolvente.
- En la producción de poliestireno expandido.
- En numerosas y crueles investigaciones con animales.
- En la difusión de pesticidas. Incluso tras varios lavados, los objetos siguen estando contaminados por este producto.
Las
industrias vierten cantidades ingentes de MODH a ríos y océanos y no se
está haciendo nada al respecto. Peor aún, centenares de centros militares de
investigación utilizan grandes cantidades de MODH a través de complejas
redes subterráneas e invierten millones de euros en instalaciones para
su contención. Las legislaciones de los países
industrializados lo permiten. Los gobiernos alegan que la
prohibición del uso del MODH tendría unas consecuencias nefastas para las
economías nacionales. Hasta aquí la verdad, toda la verdad y nada más
que la verdad, con una leve salvedad. Además de monóxido de
dihidrógeno, MODH o ácido hidroxílico, la sustancia recibe el nombre de ¡agua! A la luz de este nuevo dato, les recomiendo
que relean la exposición con una actitud un poco menos alarmista y
que analicen cuál es la verdad contenida en cada frase. Es un excelente
ejercicio para poner de manifiesto lo fácil que es manipularnos.
La historia del MODH no es
una creación mía. Me ha llegado a través de un texto del Profesor
Normand Baillargeon
(Universidad de Quebec) y su autoría se atribuye a unos estudiantes de
la Universidad de California, Eric Lechner, Lars Norpchen and Matthew
Kaufman (1989). La historia del MODH ha sido utilizada en numerosas
ocasiones para ilustrar los efectos de la charlatanería, la
manipulación y el fraude. Incluso ha sido utilizada como causa para una
campaña de firmas; numerosos incautos de buena voluntad suscribieron
una solicitud de prohibición del MODH sin ser conscientes de que
estaban pidiendo prohibir el uso del agua.
Editado el 10/1/2008. Un lector nos ha indicado
un enlace a un vídeo (ver el comentario de
framling a este artículo) que muestra cómo varias personas firman la prohibición del agua engatusados por el lenguaje deliberadamente alarmista de una falsa charlatana.
Me ha parecido interesante utilizarla en esta bitácora por dos razones que formula brillantemente Baillargeon:
- La necesidad de que los ciudadanos desarrollemos nuestra capacidad de juicio para hacer frente al acoso mediático que sufrimos.
- La creciente degradación intelectual en los entornos académicos.
El
constante bombardeo mediático y el exceso de información dificultan
nuestra capacidad de decisión. Estamos expuestos constantemente a fraudes, falsas
opciones y discursos viciados. La situación se
ha agravado porque muchos "científicos" e "intelectuales" han
abandonado, deliberada o inconscientemente, las normas del razonamiento
lógico y el método científico a la hora de defender sus tesis. Es
habitual encontrar en la prensa, radio y televisión a falsos o
verdaderos científicos que, apelando a su condición profesional,
formulan opiniones y argumentos carentes de rigor. Dicha práctica, además de repugnante
cuando se realiza de forma deliberada (nos hallaríamos ante
sofistas modernos, en el sentido peyorativo del término), es especialmente grave porque puede acabar minando la
confianza que los ciudadanos tienen en los juicios de los verdaderos
expertos. Hemos de ser conscientes del papel esencial que desempeña la
ciencia en el mecanismo de toma decisiones: contribuye al análisis
racional que deben hacer nuestros gobernantes y aporta soluciones tecnológicas a los problemas de la sociedad. Hoy en día, a muchos nos causa cierta
hilaridad la idea de un gobierno asesorado por astrólogos, quiromantes,
tarotistas y numerólogos. Sin embargo, tales situaciones se han dado en
el pasado y pueden volver a plantearse de manera más sutil y perniciosa en el
futuro. Debemos permanecer vigilantes.
Para concluir, añadiré
que no es ni inocente ni casual que utilice este ejemplo desde una
bitácora que lleva el título de "Ciencia y Tecnología nuclear". Como
investigador en el campo, soy consciente del uso de las prácticas que
denuncio por parte de los partidarios y contrarios de la energía
nuclear. Leo con frecuencia sobre éste o aquél remedio energético
universal (ya sea renovable o nuclear) o los horribles peligros de la
radiación (sin definir lo que significa peligro, porque la radiación
también salva vidas). Ante semejantes aseveraciones, vengan del lado
que vengan, antepongo siempre la cautela. Basta con analizar el mundo circundante y nuestra historia
para darnos cuenta de que las respuestas a los grandes problemas
son complejas y que las "soluciones finales" suelen tener consecuencias inesperadas y a veces más graves que el problema de partida.
Por ello, les propongo para este nuevo año que comienza que tratemos de
mantenernos juiciosos. No será una tarea fácil, pero no por ello
debemos desistir en el empeño. El premio es nuestra libertad.