Daniel Cano Ott
Va más allá de una mera cuestión semántica y de un juego de palabras, aunque anticipo que no defenderé a capa y espada que la energía nuclear deba ser incluida en la lista de energías renovables. Simplemente pretendo poner de manifiesto que es posible argumentarlo de una manera racional. Las energías renovables se caracterizan porque durante los procesos
de transformación y aprovechamiento en energía útil, no se consumen ni se agotan en una escala humana. La energía nuclear de fisión podría cumplir con este requisito si se modificase el ciclo de combustible actual.
El ciclo de combustible nuclear imperante en la mayoría de los países considera un sólo uso del material fisionable. El combustible fabricado a partir de Uranio enriquecido al 3% - 5% en 235U (valores típicos para reactores de agua ligera) se utiliza hasta que la concentración de 235U es insuficiente para seguir operando el reactor. Entonces se retira a las piscinas de la central, donde pasa un tiempo de enfriamiento y espera hasta que es trasladado a otro almacén temporal o final.
Sin embargo, el combustible "gastado" contiene aún una enorme cantidad de energía utilizable, ya que conserva prácticamente la misma cantidad de 238U que se utilizó en su fabricación. Y es que el isótopo más abundante del U, el 238U, es transformable a su vez en un elemento combustible en reactores especialmente diseñados para ello. La utilización del 238U lograría multiplicar por 100 las reservas de combustible nuclear disponible, y algunos países como Francia ya han apostado por ello.
Y volviendo a dar otra vuelta de tuerca más, está también el uso energético de los residuos radiactivos. Lo que hoy llamamos residuos de vida larga, formados por actínidos, pueden convertirse en un valioso combustible nuclear con la tecnología adecuada. Sería necesario separarlos e irradiarlos en un tipo de reactores diseñados a tal efecto, sistemas asistidos por acelerador (conocidos por ADS) o reactores de Generación IV, para lograr dos importantes objetivos simultáneamente: eliminar los residuos y producir energía durante el proceso. Puede parecerles ciencia ficción, pero estamos a 20 años de lograr hacerlo a una escala industrial si existiese la voluntad política.
Para concluir, la misma estrategia es aplicable al Torio, cuatro veces más abundante que el Uranio y todavía no explotado como combustible nuclear, esencialmente por falta de necesidad. Se puede realizar el mismo juego, extendiendo así la capacidad de generación eléctrica nuclear a una escala de tiempos que comienza a competir con las energías renovables.
Algunos podrán tildar esta argumentación de juego semántico. Otros preferimos denominarla "ahorro, eficiencia energética y reciclado". Porque tras esta diatriba se esconde una profunda realidad. Lo que hoy llamamos "residuo" es eliminable y transformable en una valiosa fuente de energía para el futuro. El barril de petróleo está a 96$ (y tal vez subiendo) y las predicciones sobre los incrementos de la población mundial y la demanda energética a medio plazo afirman que, en el 2030, el consumo mundial será el doble del actual. Sí, sí, han leído bien, el doble en tan sólo 22 años. ¿No les parece que el despilfarro es un lujo que ya no nos podemos permitir?