La tierra era caos y
confusión y oscuridad
Dijo Dios: "Haya
luz", y hubo luz.
Vio Dios que la luz
estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad
Génesis

Cuando el ecologismo, un movimiento sociopolítico que, con matices muy diversos, propugna la
defensa de la naturaleza, pasa a ser un conjunto de creencias o dogmas acerca de la naturaleza y de la realidad,
de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la
conducta individual y social, se ha convertido, por definición, en una religión.
La discusión
de tú a tú, mediante el camino del diálogo y la razón, entre la religión y la
ciencia ha sido siempre imposible. Nuestra Historia, cuajada de intentos y hogueras,
es la demostración. El motivo principal es que el arma esgrimida por la religión
en estos duelos dialécticos no tiene rival: la fe. Y, mientras el mecanismo último para la conversión
al argumento científico es el convencimiento lógico de la prueba, en la religión
es el miedo y la esperanza, y no deja de tener esta última su naturaleza en un
temor, el de la condena.
Estoy acostumbrado a
discutir sobre la conveniencia, la ética, la economía y la tecnología de la energía nuclear y sus problemas, y siempre me encuentro con el mismo panorama. Mis
argumentos, acertados o no, sostenibles o no, lo son desde la ciencia y la razón,
y no pueden nada, absolutamente nada, contra los dogmas ecologistas.
Así, mis referencias, mis
links, mis estudios, mis cálculos, mis razonamientos se ahogan siempre en un
mar de “millones de muertos de Chernobil”, de “la imposibilidad de transmutar”,
de “que las centrales son como bombas”, prejuicios convertidos en realidades
absolutas e indiscutibles por un dogmatismo irracional que no necesita de prueba alguna para sustentarse, y, por esta naturaleza, no siente la necesidad de demostrarse. Y lo peor es que esos argumentos no convencen pero
venden, venden a lomos del miedo, demostración, en un esquema
científico, de su carácter religioso.
No espero poseer la
verdad, ni pretendo tener razón en todo, y sé que la energía nuclear presenta
problemas, pero estoy convencido de que si alguien cree contar con toda la verdad o razón en este
tema, o en cualquier otro, lo hace abrazando una religión o un fanatismo.
Por ello, y porque una
sociedad avanzada debe ser capaz de discutir desde la razón, no desde los miedos,
y debe ser capaz de resolver sus problemas, como lo es, y muy serio, el energético, a través
de la ética, la ciencia y la razón, la discusión nuclear debe quedar exenta de
propagandismos fanáticos, por ambos frentes, y debe centrase en la cuantificación
y valoración social de sus ventaja e inconvenientes. Esta valoración debe ser relativizada a otras
fuentes de energía y a sus ventajas e inconvenientes intrínsecos, sin que, eso sí, estos últimos sean utilizados a su vez como miedos (“calentamiento global”, "cambio climático"). Si no, con centrales nucleares o sin ellas,
no estaremos avanzando.
José Luis Pérez Rodríguez