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jueves, 15 de marzo de 2007

La tierra era caos y confusión y oscuridad
Dijo Dios: "Haya luz", y hubo luz.
Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad

Génesis



Cuando el ecologismo, un movimiento sociopolítico que, con matices muy diversos, propugna la defensa de la naturaleza, pasa a ser un conjunto de creencias o dogmas acerca de la naturaleza y de la realidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, se ha convertido, por definición, en una religión.

La discusión de tú a tú, mediante el camino del diálogo y la razón, entre la religión y la ciencia ha sido siempre imposible. Nuestra Historia, cuajada de intentos y hogueras, es la demostración. El motivo principal es que el arma esgrimida por la religión en estos duelos dialécticos no tiene rival: la fe. Y, mientras el mecanismo último para la conversión al argumento científico es el convencimiento lógico de la prueba, en la religión es el miedo y la esperanza, y no deja de tener esta última su naturaleza en un temor, el de la condena.

Estoy acostumbrado a discutir sobre la conveniencia, la ética, la economía y la tecnología de la energía nuclear y sus problemas, y siempre me encuentro con el mismo panorama. Mis argumentos, acertados o no, sostenibles o no, lo son desde la ciencia y la razón, y no pueden nada, absolutamente nada, contra los dogmas ecologistas.

Así, mis referencias, mis links, mis estudios, mis cálculos, mis razonamientos se ahogan siempre en un mar de “millones de muertos de Chernobil”, de “la imposibilidad de transmutar”, de “que las centrales son como bombas”, prejuicios convertidos en realidades absolutas e indiscutibles por un dogmatismo irracional que no necesita de prueba alguna para sustentarse, y, por esta naturaleza, no siente la necesidad de demostrarse. Y lo peor es que esos argumentos no convencen pero venden, venden a lomos del miedo, demostración, en un esquema científico, de su carácter religioso.

No espero poseer la verdad, ni pretendo tener razón en todo, y sé que la energía nuclear presenta problemas, pero estoy convencido de que si alguien cree contar con toda la verdad o razón en este tema, o en cualquier otro, lo hace abrazando una religión o un fanatismo.

Por ello, y porque una sociedad avanzada debe ser capaz de discutir desde la razón, no desde los miedos, y debe ser capaz de resolver sus problemas, como lo es, y muy serio, el energético, a través de la ética, la ciencia y la razón, la discusión nuclear debe quedar exenta de propagandismos fanáticos, por ambos frentes, y debe centrase en la cuantificación y valoración social de sus ventaja e inconvenientes. Esta valoración debe ser relativizada a otras fuentes de energía y a sus ventajas e inconvenientes intrínsecos, sin que, eso sí, estos últimos sean utilizados a su vez como miedos (“calentamiento global”, "cambio climático"). Si no, con centrales nucleares o sin ellas, no estaremos avanzando.

José Luis Pérez Rodríguez

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